Tres sencillas razones para confesarse

martorell7Mons. Julián Ruiz Martorell     Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

El Pontificio Consejo para la promoción de la Nueva Evangelización nos ha invitado, a través de la iniciativa denominada “24 horas para el Señor”, a valorar la Cuaresma como tiempo propicio para vivir la evangelización a la luz del sacramento de la Penitencia.

La Iglesia, en su oración, en su vida y en su obra es signo e instrumento del perdón y de la reconciliación. Pero hay muchas personas que se preguntan: ¿por qué tengo que confesarme? La respuesta tiene muchos matices, pero hay tres sencillas razones que nos animan a discernir.

1ª) El Señor nos espera. Como Padre misericordioso nos aguarda con paciencia infinita, con ternura inquebrantable. Es necesario tomar conciencia de la grandeza del don que se nos ofrece. Dios mismo nos sale al encuentro. Es mucho más lo que recibimos que lo que ponemos en su presencia. Jesucristo ha establecido un itinerario de perdón: “a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados” (Jn 20,23). Como escribe San Benito, es preciso inclinar el oído del corazón y volver por el trabajo de la obediencia a Aquél de quien nos separamos por la desidia de la desobediencia.

2ª) Los hermanos se lo merecen. Con el paso del tiempo, aunque sea de un modo sutil e imperceptible, nuestra alegría se desvanece, nuestro ritmo se decelera, nuestra proximidad se difumina, nuestra pasión por el testimonio del Evangelio se enfría, nuestro caminar se vuelve torpe e inseguro. En nuestro interior surgen síntomas de angustia, de dejadez, de desaliento, de impaciencia, de brusquedad. Los hermanos experimentan que el trato con nosotros no es tan amable, que nuestros gestos no son delicados, que nuestras palabras son inoportunas.

3ª) Todos lo necesitamos. San Ignacio de Loyola nos recuerda que nos hemos de preparar y disponer para quitar de nosotros todo lo desordenado, para buscar y hallar la voluntad de Dios. Todos somos pecadores, y el reconocimiento de nuestra fragilidad e inconsistencia es el primer paso para iniciar un proceso de renovación. Con el pecado ofendemos a Dios y rompemos la comunión con Él. Al mismo tiempo fracturamos la comunión con la Iglesia y se produce una ruptura en el interior de nosotros mismos.

Como explica el Catecismo de la Iglesia Católica (números 1423-1424) el nombre de este sacramento es variado. Se le denomina “sacramento de conversión” porque realiza sacramentalmente la llamada de Jesús a la conversión, la vuelta al Padre del que nos alejamos por el pecado. “Sacramento de la penitencia” porque consagra un proceso personal y eclesial de conversión, de arrepentimiento y de reparación. “Sacramento de la confesión” porque la declaración o manifestación, la confesión de los pecados ante el sacerdote es un elemento esencial. “Sacramento del perdón” porque, por la absolución sacramental del sacerdote, Dios concede “el perdón y la paz”. “Sacramento de reconciliación” porque otorga al pecador el amor de Dios que reconcilia.

La fuerza de la Penitencia consiste en que nos restituye a la gracia de Dios y nos une con Él con profunda y renovada amistad. Puesto que el pecado menoscaba o rompe la comunión fraterna, el sacramento nos reconcilia con la Iglesia. Y el penitente perdonado se reconcilia consigo mismo en lo más íntimo de su ser y recupera la propia verdad interior.

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Jaca y de Huesca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.