Y se hizo Hombre

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora     En la proximidad de este 25 de marzo, día de la solemnidad de la Encarnación, no debemos dejar pasar la ocasión de profesar nuestra fe en el acontecimiento extraordinario para la vida de la Humanidad de ayer, de hoy y de siempre: Dios se hace hombre en el seno virginal de María pidiéndole el sí libre, decisión tomada por quien no tiene pecado. Es libre y, por eso, la nueva Humanidad acoge a Dios, diciendo: «Hágase en mí según tu Palabra». En la Visita Pastoral, cuando voy a ver a los alumnos de religión, me he encontrado con cierta frecuencia que, sin ningún respeto a la fe de los alumnos, hay profesores que «saben» argumentar la imposibilidad física de una concepción virginal como el más genuino engaño de la Iglesia Católica. Sin Dios, sin su existencia, sin el amor de Dios a la Humanidad hay que entender que el Misterio de la Encarnación les resulte una estafa y un engaño.

Hoy os comento este párrafo de la Evangelii gaudium donde el papa Francisco lleva nuestra fe en la Encarnación a donde debe estar puesta: Dice en el n.º 88: «El ideal cristiano siempre invitará a superar la sospecha, la desconfianza permanente, el temor a ser invadidos, las actitudes defensivas que nos impone el mundo actual. Muchos tratan de escapar de los demás hacia la privacidad cómoda o hacia el reducido círculo de los más íntimos, y renuncian al realismo de la dimensión social del Evangelio. Porque, así como algunos quisieran un Cristo puramente espiritual, sin carne y sin cruz, también se pretenden relaciones interpersonales sólo mediadas por aparatos sofisticados, por pantallas y sistemas que se puedan encender y apagar a voluntad. Mientras tanto, el Evangelio nos invita siempre a correr el riesgo del encuentro con el rostro del otro, con su presencia física que interpela, con su dolor y sus reclamos, con su alegría que contagia en un constante cuerpo a cuerpo. La verdadera fe en el Hijo de Dios hecho carne es inseparable del don de sí, de la pertenencia a la comunidad, del servicio, de la reconciliación con la carne de los otros. El Hijo de Dios, en su Encarnación, nos invitó a la revolución de la ternura».

Ciertamente no nos cuesta creer, a los católicos, que Dios Todopoderoso y Eterno tomara la iniciativa de hacerse hombre sin dejar de ser Dios en el seno de una Mujer preservada del pecado. Hasta aquí el dato de fe. En el fondo, las pegas a la fe católica nacen del seno mismo de la comunidad cristiana cuando, como dice el Papa «algunos quisieran un Cristo puramente espiritual, sin carne y sin cruz», cuando regateamos la entrega de la vida a los demás: «La verdadera fe en el Hijo de Dios hecho carne es inseparable del don de sí, de la pertenencia a la comunidad, del servicio, de la reconciliación con la carne de los otros. El Hijo de Dios, en su Encarnación, nos invitó a la revolución de la ternura».

Me refugio de nuevo en la autoridad del Papa en esta segunda cita que dejo a vuestra contemplación: «La Palabra de Dios enseña que en el hermano está la permanente prolongación de la Encarnación para cada uno de nosotros: “Lo que hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, lo hicisteis a mí” (Mt 25, 40). Lo que hagamos con los demás tiene una dimensión trascendente: “Con la medida con que midáis, se os medirá” (Mt 7, 2); y responde a la misericordia divina con nosotros: “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará […] Con la medida con que midáis, se os medirá” (Lc 6,3638) … Por eso mismo, “el servicio de la caridad es también una dimensión constitutiva de la misión de la Iglesia y expresión irrenunciable de su propia esencia”. Así como la Iglesia es misionera por naturaleza, también brota ineludiblemente de esa naturaleza la caridad efectiva con el prójimo, la compasión que comprende, asiste y promueve».

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.