La alegría de anunciar el Evangelio

Mons. José VilaplanaMons. José Vilaplana       Mis queridos hermanos y hermanas:

Os escribo esta carta con motivo del Día del Seminario que celebramos en la Solemnidad de San José, 19 de marzo, este año bajo el lema “La alegría de anunciar el Evangelio”, pues nuestra Iglesia diocesana necesita pastores que, contagiados de esta alegría, sean mensajeros de la Buena Noticia de Jesucristo.

Así es: necesitamos buenas noticias porque, con frecuencia, nos abruman las imágenes e informaciones sobre tantas realidades llenas de dolor, presentadas con tanta crudeza, y que parecen silenciar las no pocas iniciativas cargadas de bondad, belleza y verdad, también presentes en nuestro mundo.

El hombre no puede vivir sin esperanza; necesita horizontes nuevos que le ayuden a salir de sus ofuscaciones y de sus fracasos; precisa profetas de esperanza y no de calamidades, para poder construir un mundo nuevo ajustado a la voluntad de Dios que lo creó y «vio que era bueno» (Cfr. Gén, 1). Es más, cuando el hombre rompe el mundo de Dios, Él no se cansa de rehacerlo y curarlo con su misericordia. Y, porque nos ama entrañablemente, nos envió a su propio Hijo como la Buena Noticia -esto significa Evangelio– que trae la salvación de toda persona, en todo tiempo y lugar.

El papa Francisco, con su testimonio y sus palabras, nos lo recuerda incesantemente: «la alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría» (Evangelii Gaudium, 1)

 

Pero no hay noticia sin mensajeros que la pregonen y la difundan para que llegue a todos ¿Quienes son esos mensajeros de buenas noticias? Todo cristiano debe serlo, porque está llamado a ser discípulo y misionero que testimonia esta alegría del Evangelio, no sólo con palabras sino, sobre todo, con su manera de vivir. Pero también es verdad que los cristianos necesitamos ser acompañados, formados y alimentados por pastores que sean servidores de nuestra alegría. Pastores que lleven a la fuente de la alegría que es el mismo Jesucristo, que nos ilumina con su Palabra, nos alimenta con su Cuerpo y Sangre en la Eucaristía, nos acoge y perdona, nos lleva como Buen Pastor sobre sus hombros, en medio de nuestra debilidad, y nos da la certeza personal de ser infinitamente amados por el Dios del amor.

Demos gracias a Dios por los dieciséis jóvenes que se preparan para ser sacerdotes en nuestro Seminario, tres de ellos ya ordenados diáconos. Que el Señor los fortalezca con los fortalezca con los dones del Espíritu Santo, y nosotros colaboremos, con nuestra oración y ayuda económica, para que no les falten los medios adecuados para su formación.

Oremos por nuestros seminaristas para que sean los mensajeros que nuestro mundo necesita; que experimenten la alegría de anunciar el Evangelio y descubran que vale la pena dar y gastar la vida entera en esta hermosa misión.                Pidamos para que el Señor bendiga a nuestra Diócesis con nuevas vocaciones, jóvenes llenos de la consecuente alegría del encuentro personal con Jesucristo, Buena Noticia, y que estén dispuestos a seguirle como pastores de su pueblo; jóvenes alegres que contagien la auténtica alegría del Evangelio.

Confiando en la intercesión maternal de la Inmaculada Virgen María, patrona de nuestra Diócesis y Seminario, y en la protección de su esposo San José, os bendigo con todo afecto.

+ José Vilaplana Blasco,
Obispo de Huelva

Mons. José Vilaplana Blasco
Acerca de Mons. José Vilaplana Blasco 34 Articles
Nació en Benimarfull, provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia, el 5 de diciembre de 1944. Cursó estudios eclesiásticos en el seminario metropolitano de Valencia, recibiendo la ordenación sacerdotal el 25 de mayo de 1972. Durante el curso 1980-1981 realizó estudios de Teología Espiritual en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Tras su ordenación sacerdotal desarrolló su ministerio, de 1972 a 1974, como coadjutor en la parroquia Cristo Rey de Gandía (Valencia). Desde ese año y hasta 1980 fue Rector del Seminario menor de Játiva y Responsable del Instituto de BUP de la misma población. Fue Vicario Episcopal de la zona de Alcoy-Onteniente y párroco de Penáguilla, Benifallim y Alcolecha entre 1981 y 1984. En 1984 fue párroco de San Mauro y San Francisco en Alcoy (Alicante). El 20 de noviembre de 1984 fue nombrado obispo auxiliar de Valencia y recibió la ordenación episcopal el 27 de diciembre de ese mismo año. El 23 de agosto de 1991 fue trasladado a la sede episcopal de Santander. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión Episcopal del Clero. Con fecha 17 de julio de 2006, fue nombrado por S.S. el Papa, Benedicto XVI, Obispo de Huelva, sede de la que toma posesión el día 23 de septiembre de 2006.