Carta Pastoral con ocasión de la Visita Pastoral

Tui-vigo Obispo Luis QuinteiroMons. Luis Quinteiro      Queridos sacerdotes, religiosos/as, miembros de vida consagrada y fieles laicos de la comunidad diocesana de Tui-Vigo.

En vísperas de iniciar la Visita pastoral a vuestras comunidades parroquiales, deseo dirigiros unas palabras para expresaros mi más profundo afecto e invitaros a preparar con esmero y vivir con entusiasmo esta acción pastoral, de reconocida trascendencia en la tradición de la Iglesia. En efecto, la Visita pastoral, conocida también por el nombre de canónica, es una institución de antigua raigambre en la Iglesia, “confirmada por siglos de experiencia” (Juan Pablo II, Directorio para el ministerio pastoral de los Obispos “Apostolorum succesores” (2004), n. 220) Juan Pablo II, en la Exhortación Apostólica Pastores gregis, describe la Visita pastoral como “auténtico tiempo de gracia y momento especial, más aún, único, para el encuentro y diálogo del Obispo con los fieles…expansión de la presencia espiritual del Obispo entre sus fieles…

Es el momento en que ejerce más cerca de su pueblo el ministerio de la palabra, la santificación y la guía pastoral, en contacto más directo con las angustias y las preocupaciones, las alegrías y las expectativas de la gente, con la posibilidad de exhortar a todos a la esperanza” (nº 46) Esta descripción sugiere aquella visita de Cristo a su pueblo, de la que nos habla Zacarías en el himno Benedictus: “Bendito el Señor Dios de Israel porque ha visitado y redimido a su pueblo” (Lc 1, 68). A la luz de estas palabras, el Obispo, cuando lleva a cabo la Visita pastoral, aparece como signo e instrumento mediante el cual Jesucristo, el Buen Pastor, sigue cuidando y guiando a su Iglesia.

Resplandece así la genuina naturaleza de la Visita pastoral que, lejos de ser una realidad meramente administrativa, un acto de protocolo, o una
inspección, aparece como un verdadero acontecimiento eclesial, una auténtica actividad apostólica y un especialísimo momento de gracia para
la comunidad cristiana. Tanto es así, que Juan Pablo II, en la Exhortación apostólica Pastores gregis la describe como el alma, la esencia del ejercicio pastoral del Obispo (cf nº 46).

Quisiera que mi presencia entre vosotros la contemplarais desde esta perspectiva, con los ojos de la fe. El Obispo, en el ejercicio de su función
de enseñar, ha de transmitir seguridad en la fe, firmeza en la esperanza y un 1deseo grande de crecer en la caridad (Cf . Ch..D., 12-15 ) ; en el ejercicio de sufunción de santificar, es el dispensador de los misterios de Dios, moderador, promotor y custodio de la vida litúrgica en su diócesis (Cf Ibidem, 15; Const. SC 22, 1); y en su función de padre y pastor, es el servidor de la caridad pastoral que impulsa las obras de caridad, anima la acción apostólica e invita a todos a la renovación de la propia vida cristiana (Cf Ibidem, 16)

A la luz de estas enseñanzas del concilio Vaticano II, descubrimos cómo la Visita pastoral está íntimamente ligada al ministerio episcopal y
llamada a ser un elemento importante para la edificación de la Iglesia local, para la revisión de la pastoral y el fortalecimiento del proyecto de la
evangelización. Permitidme que insista. La Visita pastoral es uno de los modos más significativos por el que los obispos ejercemos el ministerio
apostólico. Urgido por la caridad pastoral, el Obispo va hasta donde se encuentran y viven sus diocesanos para compartir con ellos sus
preocupaciones y sus problemas, sus gozos y sus esperanzas.

Os animo, pues, a todos vosotros -sacerdotes, religiosos, laicos, movimientos apostólicos, asociaciones…- a que preparéis con espíritu de
comunión, con esmero y dedicación, este acontecimiento eclesial.

La preparación comenzará con el “Anuncio a la Comunidad” por parte del párroco, que se esforzará en presentar la Visita como un
acontecimiento de gracia en el que toda la comunidad debe sentirse directamente interesada. Este anuncio deberá también ayudar a que los
fieles descubran al Obispo como predicador del evangelio y pastor de su grey. En este marco adquieren todo su relieve las actividades que, con una clara dimensión espiritual y apostólica, se organicen, como son: las celebraciones eucarísticas y penitenciales; las predicaciones y catequesis, los encuentros con las personas y grupos (consejos de pastoral y economía, asociaciones, movimientos apostólicos, familias, jóvenes, niños, enfermos, ancianos, pobres…). Asimismo, la Visita deberá ir precedida de estudios adecuados sobre la situación sociorreligiosa y pastoral de las parroquias, para que el Obispo pueda conocer mejor las condiciones reales de las comunidades y, en un profundo clima de comunión, compartir y discernir con todos nuestros fieles las luces y las sombras de nuestras vidas.

Por su parte, los fieles deben secundar con entusiasmo las iniciativas que los párrocos programen con el fin de que se haga más visible la unión
de todos los fieles en la única Iglesia de Cristo. Por eso, os exhorto encarecidamente a que abráis las puertas de vuestras iglesias y comunidades y, sobre todo, vuestros corazones, para recibir al Señor que os visita en la persona del Obispo. Con espíritu de fe, con disponibilidad al diálogo y a la escucha, con ánimo sincero y alegría pascual, unidos y perseverantes en la oración, disponeos a este acontecimiento de gracia, de
modo que produzca en todos abundantes frutos de vida cristiana.

En los días inmediatos a la conclusión de la Visita pastoral, tendré una reunión con cada uno de los sacerdotes de la zona o arciprestazgo. Será
de carácter personal, en un ambiente de cordialidad y sinceridad, tal como debe ser un diálogo entre los amigos, o entre un padre y un hijo. Me gusta releer las palabras que el Concilio nos dirige a los Obispos: “Abracen siempre con caridad especial a los sacerdotes…, considerándolos siempre como hijos y amigos, y por tanto, estén siempre dispuestos a oírlos, y tratando confidencialmente con ellos, procuren promover la labor pastoral íntegra de toda la diócesis” (Concilio Vaticano II, Decr. CH.D., nº 16).

Ya desde ahora pongo en las manos de María Santísima, así como de san Telmo, Patrono de nuestra diócesis, la preparación, el desarrollo y los
frutos de esta Visita pastoral.

Con profundo afecto, vuestro en Jesucristo,

+ Luis Quinteiro Fiuza
Obispo de Tui-Vigo
Vigo, 8 de marzo de 2014

Mons. Luis Quinteiro
Acerca de Mons. Luis Quinteiro 50 Articles
Don Luis Quinteiro Fiuza, nace en Sabrexo (Vila de Cruces-Pontevedra) en el año 1947. Ingresa en el Seminario Menor de Belvís de Santiago de Compostela en 1958. Unos años después, en 1966, siendo seminarista mayor, comienza sus estudios teológicos en la Pontificia Universidad de Comillas (Santander) y, trasladada esta universidad a Madrid, obtiene el grado de Licenciado en Teología y realiza los cursos de doctorado. En Junio de 1971 es ordenado presbítero en Madrid, en la Iglesia de I.C.A.I. de los Padres Jesuitas. En 1978 va a Roma para ampliar estudios en la Pontificia Universidad Gregoriana. Durante esta estancia en la Ciudad Eterna, se especializa en Filosofía Contemporánea y realiza varios cursos y seminarios sobre el estudio y pensamiento de Karl Marx En 1981 asiste en Alemania a unos cursos da Hochschule für Philosophie de Munich. Es Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidade Gregoriana de Roma, con una tesis sobre el Realismo Transcendental, en la que obtiene la cualificación de Summa cum laude. En su diócesis de origen ha desarrollado una intensa labor pastoral e intelectual: coadjutor de la Parroquia de San Juan, Director de la Residencia Universitaria “Burgo de las Naciones”, Formador y Profesor del Seminario Menor y Capellán de de la Residencia Universitaria “Padre Míguez” de las religiosas Calasancias de la Divina Pastora. En el año 1982 es nombrado Profesor del Instituto Teológico Compostelano y director del Centro de Formación Teológica de Seglares de la Archidiócesis. En el año 1992 será Director del Instituto Teológico Compostelano y en 1997, Rector del Seminario Mayor de Santiago de Compostela. En 1999 el Papa Juan Pablo II le nombra Obispo titular de Fuerteventura y Auxiliar de Santiago de Compostela, siendo ordenado el 19 de junio siguiente. Su lema episcopal “Beati Misericordes” (Mt 5,7), recoge una de las Bienaventuranzas, en la cual el Señor invita a sus discípulos a recorrer el camino de la misericordia que tiene su punto de partida en la misericordia de Dios manifestada en su Hijo Jesucristo. En el año 2002 se le designa Obispo de Ourense, diócesis en la que ha permanecido siete años. Pertenece en la Conferencia Episcopal Española a la Comisión Episcopal de la Doctrina de la Fe y a la de Migraciones; siendo en esta última el Obispo Promotor del Apostolado del Mar. El 28 de enero del presente año se hizo público su nombramiento como Obispo de Tui-Vigo. En la Santa Iglesia Catedral de Tui, toma posesión el día 24 de abril de 2010; y en el día siguiente realiza la entrada en la Con-Catedral de Vigo.