¡No nos dejemos robar la fuerza misionera!

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora        No parece este un tema cuaresmal. Estará bien hablar de la fuerza misionera para el Domund o en fechas parecidas, pero ¿en Cuaresma? Ya sabéis que la frase es del papa Francisco y la emplea al final de su reflexión en el capítulo II de la exhortación apostólica «Evangelii Gaudium» sobre «La crisis del compromiso comunitario». Os invito a descubrir, en esta Cuaresma, cuál es y cuál debería ser, «la fuerza misionera» de nuestras comunidades, parroquias, hermandades y movimientos apostólicos. El Papa, confiando en la presencia del Espíritu Santo guiando a nuestras realidades eclesiales, nos encomienda esta tarea: «…no he intentado ofrecer un diagnóstico completo, pero invito a las comunidades a completar y enriquecer estas perspectivas a partir de la conciencia de sus desafíos propios y cercanos» (EG 108). Ahora bien, en su análisis, se ha fijado especialmente en la Pastoral de Juventud, y, dentro de ella, en las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Nos dice en el n.º 107: «En muchos lugares escasean las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Frecuentemente esto se debe a la ausencia en las comunidades de un fervor apostólico contagioso, lo cual no entusiasma ni suscita atractivo. Donde hay vida, fervor, ganas de llevar a Cristo a los demás, surgen vocaciones genuinas. Aun en parroquias donde los sacerdotes son poco entregados y alegres, es la vida fraterna y fervorosa de la comunidad la que despierta el deseo de consagrarse enteramente a Dios y a la evangelización, sobre todo si esa comunidad viva ora insistentemente por las vocaciones y se atreve a proponer a sus jóvenes un camino de especial consagración».

«Sus jóvenes». Sentirlos como propios e integrarlos en la vida de la comunidad es un reto en medio de una sociedad en que los ha segregado del conjunto. Los intereses comerciales, los musicales, las modas, determinados manejos políticos, el almacén de jóvenes en que hemos convertido el sistema educativo y otras variables propias de la misma edad juvenil los han aislado y, en muchos casos, marginado del resto de la comunidad humana. Dentro de la Iglesia no puede ser así, deberemos romper todas las barreras que los puedan separar de la vida de nuestras comunidades.

Está cerca la solemnidad de San José y con ella el tradicional Día del Seminario. Corresponde a todos los miembros del Pueblo de Dios la inquietud por el aumento de las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, imprescindibles para la vida de la Iglesia. «Donde hay vida, fervor, ganas de llevar a Cristo a los demás, surgen vocaciones genuinas». Es aquí donde os invito a poner la mirada y revisar «la fuerza misionera» personal y comunitaria. No atrae a ningún joven el panorama de ser sacerdote a modo de criado de lujo para que los mayores tengamos Misa a la hora que nos viene bien…; en cambio, si ven ganas de llevar a Cristo a los demás la cosa tiene otro aliciente. Es algo así como decirles: «os necesitamos para cambiar este mundo según el corazón de Jesucristo». Sólo los epígrafes del Papa en el capítulo citado ya son llamativos para un corazón apasionado por un futuro mejor: «No a una economía de la exclusión»,«no a la nueva idolatría del dinero», «no a un dinero que gobierna en lugar de servir», «no a la inequidad que genera violencia». Alguno me dirá que, por desgracia, muchos jóvenes no tienen sensibilidad para estos temas, pero no se trata de ellos, se trata de los que ya no somos jóvenes. Revisar como va «la fuerza misionera» es justamente hacer este trabajo cuaresmal de conversión. Rezar para que haya vocaciones y ser todos testigos de una nueva sociedad que tiene en Jesucristo su modelo y la presencia de su amor entregado a todos, empezando por los más empobrecidos y excluidos del concierto social.

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.