El Publicano y el Fariseo (Lc 18, 9-14)

IcetaGavicagogeascoaMons. Mario Iceta     Queridos hermanos y hermanas.

1. El cinco de marzo comenzamos el tiempo de Cuaresma. Cuarenta días de preparación para la celebración de la Pascua. Un tiempo marcado por su dimensión penitencial, de iluminación y purificación. Es un tiempo de escucha de la Palabra de Dios, de reconciliación con Dios y con los hermanos y de hacer memoria de nuestro bautismo. Comenzaremos con la celebración de rito de la ceniza. El gesto de cubrirse con ceniza tiene el sentido de reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios.

2. Esta misericordia es un elemento clave del tiempo que vamos a comenzar, que a su vez, es un itinerario bautismal. Os propongo a vuestra consideración el pasaje evangélico del publicano y el fariseo que aparece en el evangelio de Lucas (Lc 18, 9-14). Nos puede ayudar a descubrir la actitud con la que nos adentramos en la Cuaresma. En este pasaje se nos habla de la diferencia entre ser justo y estar justificado, así como la importancia de la oración. La oración es el lugar de la verdad, donde nos descubrimos desnudos ante Dios, con nuestros dones y nuestras carencias, con nuestras luces y sombras. En la oración, mediante el don del Espíritu de la verdad, descubrimos Quién es Dios y quienes somos nosotros.

3. El Santo Padre nos ha dirigido un mensaje de Cuaresma centrado en la pobreza, la miseria y la verdadera riqueza. En él nos recuerda cuál es el estilo de Dios, que no se revela mediante el poder y la riqueza del mundo, sino mediante la debilidad y la pobreza: «Siendo rico, se hizo pobre por vosotros…». La finalidad de Jesús al hacerse pobre no es la pobreza en sí misma, sino —dice san Pablo— «…para enriqueceros con su pobreza». ¿Qué es, pues, esta pobreza con la que Jesús nos libera y nos enriquece? Es precisamente su modo de amarnos, de estar cerca de nosotros, como el buen samaritano. La pobreza de Cristo es la mayor riqueza: la riqueza de Jesús es su confianza ilimitada en Dios Padre, es encomendarse a Él en todo momento, buscando siempre y solamente su voluntad y su gloria. Frente a esta pobreza que nos hace ricos, el Santo Padre nos recuerda los tres tipos fundamentales de miseria en las que vive la humanidad actual sufriente: la miseria material, la miseria moral y la miseria espiritual. Y somos enviados, con humildad, respeto y compasión, a aliviar en nombre de Cristo estas miserias sirviendo a nuestros hermanos necesitados.

4. También celebraremos con gozo el día de las misiones diocesanas en la fiesta de San José. En el mensaje que os dirigimos los obispos, con ocasión de esta celebración, os animamos gracias a Dios por la antorcha de la luz que durante tantos años ha iluminado por medio de la entrega abnegada y sacrificada de tantos misioneros y misioneras que han sido sal, luz, testimonio de amor y misericordia. Os pedimos que mantengamos viva nuestra conciencia misionera y nuestro compromiso por medio de la oración, el testimonio y la ayuda concreta.

5. Y por último, no podemos olvidar la solemnidad de la Anunciación del Señor y la jornada por la vida. La Iglesia es el Pueblo que celebra, anuncia, testimonia y cuida la vida. Hoy vuelve a estar en el candelero la cuestión de la protección de la vida desde el seno materno. La vida humana es un bien a proteger, tutelar y promocionar desde su inicio. Ante un conflicto de intereses hay que actuar con responsabilidad tomando decisiones adecuadas y justas siendo respetuosos con la madre y con el nuevo ser. En la elección no puede contemplarse la eliminación de una de las partes. Hoy se tiende a contraponer la lógica del don, que es la maternidad y paternidad por excelencia, frente a la lógica del poder que degenera siempre en violencia. Es preciso recordar la responsabilidad social y política de promover la justicia, el derecho y la protección del primer derecho fundamental que es el derecho a la vida, de modo particular la vida débil e indefensa. Desarrollemos una cultura de la vida, de la acogida, ternura y compasión. Todo ser humano, con independencia de sus capacidades, es un inmenso don para le humanidad. Démosles la oportunidad de compartir con nosotros la vida y construir no una sociedad de los perfectos, sino de los humanos, hijos e hijas de Dios, de los que se quieren y se ayudan por encima de toda diferencia física o psíquica. Que María, Madre de todos, defensora de los más débiles nos acompañe durante este tiempo de gracia que es la Cuaresma.

Con afecto fraterno.

+ Mario Iceta Gabicagogeascoa

Obispo de Bilbao

Mons. Mario Iceta Gabicagogeascoa
Acerca de Mons. Mario Iceta Gabicagogeascoa 76 Articles
Es Doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Navarra (1995), con una tesis doctoral sobre Bioética y Ética Médica. Es Doctor en Teología por el Instituto Juan Pablo II para el estudio sobre el Matrimonio y Familia de Roma (2002) con una tesis sobre Moral fundamental. Es Master en Economía por la Fundación Universidad Empresa de Madrid y la Universidad Nacional de Educación a Distancia de Madrid (2004) y miembro correspondiente de la Real Academia de Córdoba en su sección de Ciencias morales, políticas y sociales desde 2004. Así mismo es miembro de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao desde junio de 2008. Fundador de la Sociedad Andaluza de Investigación Bioética (Córdoba, 1993) y de la revista especializada Bioética y Ciencias de la Salud (1993). Ha participado como ponente en diferentes cursos y conferencias de Bioética tanto en España como en el extranjero y posee numerosos artículos en revistas especializadas en Bioética y Teología Moral, así como colaboraciones en diversas publicaciones y diccionarios. Entre sus publicaciones destacan: Futilidad y toma de decisiones en Medicina Paliativa (1997), La moral cristiana habita en la Iglesia (2004), Nos casamos, curso de preparación al Matrimonio (obra en colaboración, 2005). En el campo de la docencia ha ejercido como profesor de Religión en Educación Secundaria (1994-1997); Profesor de Teología de los Sacramentos, Liturgia y Canto Litúrgico en el Seminario Diocesano de Córdoba (1994-1997); Profesor de Moral fundamental y de Moral de la Persona y Bioética en el mismo Seminario, así como en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de la Diócesis (2002-2008). Profesor asociado de Teología Moral fundamental y Bioética en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra desde 2004 hasta la actualidad. Por último, también pertenece a la Subcomisión de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal Española.