PRÓXIMA CELEBRACIÓN DE LA SOLEMNIDAD DEL PATRIARCA SAN JOSÉ – Día de oración y de colecta en favor del seminario

Mons. Manuel UreñaMons. Manuel Ureña      El próximo miércoles, día 19 de marzo, celebramos en toda la Iglesia la solemnidad del patriarca San José. ¡Con qué perfección proclama el Prefacio de la misa del Día la honda significación de San José en los primeros momentos de la segunda fase de la historia particular de la salvación! Él fue – dice el Prefacio – “el hombre justo que [tú, Padre,] diste por esposo a la Virgen Madre de Dios, el servidor fiel y prudente que pusiste al frente de tu Familia para que, haciendo las veces de padre, cuidara a tu único Hijo concebido por obra del Espíritu Santo, Jesucristo nuestro Señor”.

Pues bien, justo en este día, las Iglesias particulares de España celebramos la jornada de oración y de colecta en favor del seminario diocesano. Huelga insistir en la importancia que tiene el seminario en la Iglesia particular. En él son formados humana, doctrinal, espiritual y pastoralmente los seminaristas, que son los sacerdotes del mañana, los que habrán de apacentar un día la grey del Señor en las Iglesias en que sean incardinados. Más todavía: permaneciendo abiertos a la voluntad de Dios, habrán de estar siempre interiormente dispuestos a servir también en otras Iglesias hermanas como sacerdotes “fidei donum”, si sobreviniera la necesidad. ¡Cuán importantes son los seminarios en el pueblo de Dios! Es cierto que una Iglesia dejaría, por así decir, de serlo, si careciera de sacerdotes. De ahí la importancia del seminario y de los seminaristas en una diócesis.

Pero ¿por qué sin sacerdotes no puede haber Iglesia? Sabemos que el sacerdocio común de los fieles, recibido por todos en el bautismo, y el sacerdocio ministerial, recibido por algunos, los presbíteros y los obispos, mediante la participación en los grados sacerdotales del sacramento del orden, aun siendo cualitativamente distintos, participan cada uno a su modo en el único sacerdocio de Cristo y se ordenan el uno para el otro. Por consiguiente, ambos son necesarios. Como dice el Concilio Vaticano II, “el sacerdocio ministerial, en virtud de la sagrada potestad de que goza, modela y dirige al pueblo sacerdotal, y realiza el sacrificio eucarístico, que ofrece a Dios en nombre de todo el pueblo. Por su parte, los fieles, en virtud del sacerdocio real, asisten a la oblación de la Eucaristía y ejercen aquel sacerdocio en la recepción de los sacramentos, en la oración y la acción de gracias, con el testimonio de una vida santa y con la abnegación y la caridad operante” (LG 10).

Por eso, en la comunidad cristiana primitiva, los Apóstoles delegaron en los diáconos el ejercicio de la dimensión no sacerdotal del ministerio apostólico para poder ellos dedicarse primaria y fundamentalmente a la oración y al servicio de la palabra (cf Hch 6,5), esto es, a la oración pública de la Iglesia y a la celebración de los sacramentos, y al anuncio del Evangelio en el nombre del Señor. Dicho con palabras del Concilio, “aquellos de entre los fieles que se distinguen por el orden sagrado, quedan destinados en el nombre de Cristo para apacentar la Iglesia con la palabra y con la gracia de Dios” (LG 11).

¿Cómo brota o surge un sacerdote en la comunidad cristiana? Como ya hemos dicho, los sacerdotes, tan necesarios en la Iglesia, se preparan esmeradamente a serlo en los seminarios. Estas graves moradas son el espacio y el tiempo en los que Cristo sacerdote, con la mediación del Rector, de los formadores y de los profesores, ayudados desde fuera por los párrocos, los consagrados y los seglares, va preparando paulatinamente las almas de los seminaristas, a fin de que éstos adquieran la idoneidad necesaria para recibir un día el sacerdocio ministerial de los presbíteros.

Pero si esto es así, entonces la vida de los candidatos al sacerdocio debe asemejarse de modo creciente a la vida de los sacerdotes, pues a la vida de éstos están aquellos llamados. Y la vida de los sacerdotes se despliega en el seno de la fidelidad diaria a las exigencias de las tres dimensiones del sacerdocio ministerial, y en la fidelidad al cumplimiento de las exigencias de tres virtudes plenamente concordes con el ser del sacerdocio ordenado. Estas virtudes se compendian en existir la vida desde el radicalismo evangélico, que comprende la obediencia, particularmente la obediencia apostólica; el celibato por el Reino de los Cielos, por el que los sacerdotes se consagran a Dios con un corazón indiviso; y el vivir modestamente, lo que puede significar en no pocos casos la adopción de la virtud de la pobreza. Ésta no es, ciertamente, desprecio y rechazo de los bienes materiales, sino el uso agradecido y cordial de estos bienes y, a la vez, la gozosa renuncia a ellos con gran libertad interior, esto es, hecha por Dios y en obediencia a sus designios (cf PDV 30).

Y todo ello, – la predicación del Evangelio, la celebración diaria de la oración pública de la Iglesia y de la Eucaristía, el acompañamiento y guía constantes del pueblo de Dios a ellos confiado, y la práctica ferviente de la obediencia ministerial, del celibato propter regnum caelorum y de la virtud del desasimiento de los bienes terrenos – es vivido por los sacerdotes con inmensa alegría, con gran gozo, con esa alegría profunda de la que Jesús hace partícipes a los apóstoles y a sus sucesores, los obispos, asistidos por los presbíteros. Con claridad meridiana lo ha dicho reiteradas veces el papa Francisco en la exhortación apostólica EG. Consecuentemente, en los rostros de los sacerdotes y en los de quienes aspiran a serlo se ha de notar claramente que nuestras vidas hunden sus raíces en el tesoro escondido y hallado, en la perla preciosa, de incalculable valor, por comprar los cuales, tesoro y perla, vendimos un día todo y lo rendimos a los pies del Señor. Este tesoro y esta perla son Cristo mismo, su persona y su obra.

Ayudemos, pues, al seminario; ayudemos a nuestros candidatos al sacerdocio. Seamos generosos con nuestra oración y con nuestra limosna en favor del seminario.

Manuel Ureña Pastor,

Arzobispo de Zaragoza

Mons. Manuel Ureña
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Manuel Ureña Pastor nació en Albaida (Valencia) el 4 de Marzo de 1945. Realizó sus estudios de Enseñanza Primaria en las Escuelas Nacionales de su pueblo natal. En Septiembre de 1959 ingresó en el Seminario Metropolitano de Moncada (Valencia), en donde cursó el Bachillerato Elemental y el Bachillerato Superior, y, posteriormente, el quinquenio de Estudios Eclesiásticos, obteniendo en junio de 1970 el título de Bachiller en Teología. Entre los años 1968 y 1973, cursó Estudios Superiores de Historia y de Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Literaria de Valencia. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca con una tesina sobre “El tema de Dios en el joven Leibnitz”. El 14 de Julio de aquel mismo año, 1973, recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos del entonces Sr. Arzobispo Metropolitano, S.E. Rvdma., Mons. José María García Lahiguera. A partir de septiembre de aquel año ejerce el ministerio sacerdotal, como coadjutor, en la parroquia de Nuestra Señora del Olivar de Alacuás (Valencia) y, al mismo tiempo, imparte clases de Teología pastoral, de Teología Fundamental y de Teología de la fe en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia. En Septiembre de 1976 es enviado a Roma para cursar estudios superiores de Filosofía en la Pontificia Universidad de Santo Tomás. Allí obtendrá en abril de 1984 el grado de Doctor en Filosofía con una Tesis Doctoral sobre el pensamiento del filósofo neomarxista alemán Ernst Bloch titulada: “Ernst Bloch:una interpretación teleológica –inmanente de la realidad” que mereció la máxima calificación académica. En 1980, es nombrado Director del Colegio Mayor "San Juan de Ribera", de Burjasot (Valencia), y profesor de Metafísica y de Historia de la Filosofía Antigua en la Facultad de Teología de Valencia. Durante dos semestres impartiría también las asignaturas de Filosofía de la Religión y de Historia de la Filosofía medieval. En 1987 es nombrado miembro de la Blochsgesellschaft, en la entonces República Federal de Alemania. El 8 de Julio de 1988 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de la Diócesis de Ibiza, siendo consagrado el 11 de septiembre de aquel mismo año. Y, desde el 20 de abril de 1990, simultaneó su ministerio episcopal en Ibiza con el de Administrador Apostólico de la Diócesis de Menorca. En Julio de 1991, el Papa Juan Pablo II lo trasladó a la Diócesis, entonces recien creada, de Alcalá de Henares, nombrándolo, al mismo tiempo, Visitador Apostólico de los Seminarios Mayores de las provincias eclesiásticas de Andalucía y Administrador Apostólico de la Diócesis de Ibiza. En 1992, el entonces Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Zaragoza, S. E. Rvdma., Mons. Elías Yanes Álvarez, lo nombró Consiliario Nacional de la Adoración Nocturna Española, cargo que sigue ejerciendo en la actualidad. En Julio de 1998 es nombrado Obispo de la Diócesis de Cartagena, Administrador Apostólico de la diócesis de Alcalá de Henares y Gran Canciller de la Universidad Católica de Murcia. Promovido al Arzobispado de Zaragoza el 2 de abril de 2005, comenzó a ejercer aquí su ministerio de sucesión apostólica el 19 de junio del mismo año, al tiempo que era nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena y Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral Social, de Seminarios y Universidades, y del Comité Episcopal ‘Pro vita’. En la actualidad es miembro de la Comisión Episcopal de para la Doctrina de la Fe. Su investigación filosófica gira en torno al pensamiento marxista y al pensamiento postmoderno. En teología, ha trabajado bastante el pensamiento de los teólogos católicos Karl Rahner y Hans Urs von Balthasar; y, en teología protestante, ha familiarizado mucho con los teólogos protestantes Karl Barth y Dietrich Bonhoeffer. Sus trabajos científicos son ya más de 60. Y su principal publicación es el libro Ernst Bloch, ¿un futuro sin Dios? (BAC MAIOR (Madrid) 1986). Reconocimientos: Hijo Predilecto de Albaida, Medalla de Oro de la ciudad de Murcia, Defensor de Zaragoza 2008, Premio IACOM (Instituto Aragonés de Comunicación). Premio Fundación Carlos Sanz 2010. Caballero de Honor de Ntra. Sra. del Pilar. Encargos pastorales: Miembro de la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal, trienios (1993-1996; 1996-1999; 1999-2002; 2002-2005; 20005-2008; 2008-2011). Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (2011-2014). Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica San Antonio de Murcia.