Una visita al hermano mayor

Gil_HellinMons. Francisco Gil Hellín     Acabo de llegar de Roma, donde los obispos españoles nos hemos entrevistado con el Papa y con los Responsables de los organismos que le ayudan en el gobierno de la Iglesia. Tras la confesión de la fe a los pies de los Apóstoles san Pedro y san Pablo y la expresión y fortalecimiento de la mutua comunión con quien es la Cabeza del Colegio de los Obispos, el momento estelar ha sido, sin duda, el encuentro con el Papa.

Las provincias eclesiásticas de Burgos y Pamplona pusimos “la pelota en juego”, como dijo el Papa Francisco en el momento de disponerse a escuchar nuestros informes y confidencias. Fue un encuentro de más de dos horas, en un clima de total cordialidad y cercanía del Papa hacia nosotros, y de la máxima sinceridad y sencillez de nosotros con él, para intercambiar información veraz y de primera mano sobre nuestras diócesis. A mí me correspondió tocar el primer balón y comenzar a hablar. Después cada uno de los obispos fue tomando la palabra y dando su información. El Papa escuchaba con verdadera complacencia y no disimulaba que estaba muy a gusto con nosotros. No era un examen que cada uno de nosotros rendía ante él, sino una conversación de un hermano con el hermano mayor. Por eso, él intervenía con comentarios espontáneos, al hilo de lo que le íbamos diciendo.

En esos comentarios dijo muchas cosas. Cotejándolas con el discurso que nos entregó a todos los obispos el día que a unos nos despedía y a otros los recibía, he visto que hay muchas coincidencias. Puesto a destacar, me parece que ocupan el corazón del Papa la oposición que encuentra la confesión y difusión de la fe en España, la familia y el matrimonio, las vocaciones sacerdotales, la piedad popular y la urgencia de poner a nuestras iglesias en estado de misión.

Hablando del matrimonio y de la familia, por ejemplo, nos confió que la selección como tema del próximo Sínodo es “cosa del Espíritu Santo”; que el matrimonio está sufriendo fuertes  ataques, especialmente desde el campo de la ideología de género; y que los abuelos son un “recurso muy serio para la educación”. Abundando en este asunto, nos recordó que en Rusia fueron los abuelos los que transmitieron la memoria de la fe a los nietos. También nos animó a que impulsáramos la lectura creyente de la Biblia en los hogares.

Hablando de la piedad popular nos hizo una confidencia y un ruego. La confidencia es que en Latinoamérica la piedad popular ha sido un factor importantísimo para evitar el clericalismo de los fieles. El ruego es que tratemos de impulsarla y que durante las peregrinaciones hagamos que los sacerdotes escuchen a los fieles en confesión. Hablando de confesión, tuvo la confianza de decirnos: “Yo me confieso cada quince días con un franciscano”.

En cuanto a las vocaciones, nos animó a cultivar el campo de los monaguillos y a poner sumo cuidado en el discernimiento vocacional de las personalidades inmaduras. En el discurso precisaría que la “pastoral vocacional es un aspecto que un obispo deber poner en el centro de su corazón como absolutamente prioritario”.

Finalmente, nos animó reiteradamente a no tener miedo al ambiente que nos toca vivir, a confiar en la fuerza y el poder de Dios, a impulsar la evangelización sin excluir a nadie, y a no temer a los sambenitos, que también a él se los ha colgado una determinada prensa, que piensa que el Sínodo próximo va a cambiar la moral sexual o admitir indiscriminadamente a la comunión eucarística a los divorciados, lo cual, señaló, “es absurdo”.

Termino esta breve crónica transmitiéndoos dos ruegos del Papa: “Dígales que los bendigo de corazón y que recen por mí”.

+Francisco Gil Hellín,

Arzobispo de Burgos

Mons. Francisco Gil Hellín
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Mons. D. Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Realizó sus Estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Diocesano de Murcia entre 1957-1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma entre 1966-1968. Además, estudió Teología Moral en la Pontificia Academia S. Alfonso de Roma entre los años 1969-1970. Es Doctor en Teológía por la Universidad de Navarra en 1975. CARGOS PASTORALES Ejerció de Canónigo Penitenciario en Albacete entre 1972-1975 y en Valencia de 1975-1988. Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede de 1985 a 1996. Fue Vicedirector del Instituto de Totana, Murcia entre 1964-1966 y profesor de Teología en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1975-1985). También en el Istituto Juan PAblo II para EStudios sobre el Matrimonio y Familia (Roma, 1985-1997) y en el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz en Roma (1986-1997). Juan Pablo II le nombraría despues Secretario del Dicasterio de 1996 a 2002. Fue nombrado Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos el 28 de marzo de 2002, dejando su cargo en la Santa Sede, y llamado a ser miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia desde entonces. El papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Burgos el 30 de octubre de 2015, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 28 de noviembre de 2015. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida desde el año 2002. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Burgos desde 2011 hasta 2015. Además fue miembro de la Comisión Episcopal del Clero de 2002 a 2005.