José Manuel Sopeña: “En la Iglesia tenemos algo que decir y que hacer para ayudar a “humanizar” el fenómeno migratorio"

Getafe José Manuel SopeñaHace unas semanas se celebraba la Jornada Mundial de las Migraciones, en la que la Iglesia nos invitaba a fijar nuestra mirada en los emigrantes y refugiados y ayudarles a construir un mundo mejor. José Miguel Sopeña es el actual Delegado de Migraciones de la Diócesis de Getafe y se enfrenta cada día a la tarea de construir ese mundo mejor para los inmigrantes. Padre de Todos ha hablado con él para conocer mejor el trabajo que desempeña y sus planes de futuro al frente de la Delegación.

José Miguel Sopeña es Hijo de la Caridad desde hace 45 años. Nació en Madrid, en 1948. Ha pasado por la Diócesis de Madrid, por Getafe y Leganés, unos años en Sevilla. 18 años en el Consejo General de los Hijos de la Caridad, 12 de los cuales como Superior General en París.

-¿Cómo ha sido la toma de contacto con la Delegación de Migraciones?

-A mi regreso a la Diócesis de Getafe, en septiembre de 2012, y después de un tiempo de colaboración en nuestra Parroquia San Eladio, en Leganés, el Obispo me propuso ser De legado de Migraciones. Se iba el delegado anterior y necesitaba un sustituto. En nuestra pastoral como Hijos de la Caridad, trabajando en barrios populares, tenemos experiencia en este campo pastoral, que consideramos fundamental. El hecho de haber tenido una larga experiencia en varios países quizá también hizo que el Obispo diocesano, Mons. Joaquín Mª López de Andújar, pensara en mí para el cargo. Hoy trabajo en la Parroquia como Vicario y en la Delegación, además de en temas de formación en nuestra Congregación.

-¿Qué encontró en la Delegación?, ¿cuál fue su primera impresión?

-Es una Delegación que existe hace bastantes años (desde 1992), donde creo que se ha trabajado mucho y bien. Quizá, últimamente las circunstancias han provocado varios cambios de Delegado en poco tiempo y eso no ha facilitado una línea de trabajo continua, que ahora se trata de retomar.

Es importante que se sepa que hay un servicio de atención al inmigrante al que se pueden enviar personas para resolver problemas de tipo legal, a través de una abogada, o sociales, a través de la trabajadora social. Está en la Delegación, en Getafe (c/ Hospital de San José, 6). El año pasado han atendido 2.500 casos. Trabajamos en colaboración con la Delegación de Madrid, con las delegaciones que conformamos el área de Pastoral Social (Cáritas, Pastoral Penitenciaria, Pastoral Obrera) con otras asociaciones, con los Ayuntamientos.

-¿Al analizar la situación se ha planteado algún proyecto o trabajo a corto plazo?

-Primero hay que decir que la Delegación no tiene que suplir lo que se está haciendo en las Parroquias no es una “super parroquia”, sino apoyar, animar, ofrecer ayuda, orientación, cuando se nos pida.

Quiero empezar por conocer bien lo que existe en la Diócesis: religiosas (por ejemplo, en Fuenlabrada, hay una Asociación llamada “Apla” que nació para las mujeres latinoamericanas y que hoy se ha ampliado a otras nacionalidades, tienen un piso de acogida para mujeres con dificultades, talleres, etc. ); los maristas también tienen programas para jóvenes en Loranca (Asociación “Espiral”) donde participan muchos de origen inmigrante. Y otras iniciativas.

Existen capellanías, como la polaca que es la más estructurada, que se reúnen y celebran en Fuenlabrada y en Getafe.

También hay grupos de africanos (nigerianos, ecuatoguineanos), que suelen estar organizados a través de coros para la animación litúrgica, pero con vocación de ser lugares de encuentro, de apoyo y de formación, como sucede en el Carrascal, en Leganés, o en Móstoles, en Ntra. Sra. de la Asunción, y en otros lugares. También en Nuestra Señora de la Paz, en Parla, donde tienen una larga tradición de trabajo con inmigrantes. Existe también una comunidad de nigerianos que celebran en inglés, en Fuenlabrada. Hay un capellán que pertenece a la Diócesis de Madrid y que presta un servicio a algunas de estas comunidades africanas, etc.

En varias parroquias con presencia importante de inmigrantes, intentan tenerlos en cuenta, mediante algún grupo específico o facilitando su integración. Aunque últimamente algunos de estos grupos han perdido vigor por la movilidad de esta población y por los retornos. Entre los latinoamericanos, los que más se organizan, en torno sobre todo a actividades de piedad, especialmente marianas, son los ecuatorianos.

Los despachos de acogida y ayuda de Cáritas son un lugar privilegiado de contacto con cierta población inmigrante más afectada por la crisis económica actual.

-Esa es la realidad que ya existe, cuéntenos cómo se va a combinar y coordinar todas esas estructuras

– En cuanto a proyectos de trabajo, a corto plazo, como me preguntaba antes, hemos formado un Consejo de Migraciones de la Diócesis, donde están representados tanto sectores de inmigrantes como de lugares, parroquias o arciprestazgos, de gente que ya está implicada en algo en su parroquia, que ya tienen cierta experiencia en el tema. Hay tanto inmigrantes como españoles. Ya nos hemos reunido en torno a 15 personas, laicos y algunas religiosas. Ese Consejo es un lugar de intercambio y reflexión, como un observatorio, porque la inmigración evoluciona, las situaciones, la problemática humana, social y religiosa, cambian y hay que conocer la realidad tal cual es.

Desde ahí pretendemos formar un comité ejecutivo para lanzar iniciativas. Estamos elaborando ya un material de ayuda, que recoge las situaciones que los inmigrantes se encuentran hoy y ofrecer pistas e información para que sepan actuar ante esas situaciones: de orden familiar, laboral, sanitario, reagrupación familiar… Este material está a punto de publicarse.

Al mismo tiempo, al hilo de esto, queremos crear en cada arciprestazgo una “antena”, un lugar por arciprestazgo, ubicado en una parroquia, que pueda ayudar y orientar a los inmigrantes. Pero eso sería más a largo plazo.

-Una realidad de la inmigración que habrá observado es la diversidad: de nivel educativo, de religión profesada. El proceso de inserción en la comunidad parroquial se nos antoja difícil

-Difícil pero no imposible, por eso hay que actuar en diversos campos. En el de la formación, por ejemplo, hay cosas sencillas que se pueden hacer, como pequeños cursos para ayudar sobre todo a mujeres en terrenos en los que muchas trabajan, por ejemplo el acompañamiento de personas mayores. No se trata de suplir una formación profesional que ya existe, sino ayudar a algunas a mejorar en ese trabajo y adquirir seguridad.

En el terreno religioso hay dos temas importantes: el primero el de las capellanías y prácticas de religiosidad, que muchos inmigrantes traen consigo. Algunos quieren celebrar en su idioma, o con una animación litúrgica propia de su país de origen. Creemos que tienen derecho y hay que respetarlo, además de ser espacios de crecimiento en la fe y de contacto.

Pero, también hemos de huir del peligro de crear guetos y dificultar la integración en su parroquia. Hay que ver cada caso y ver cómo facilitar esa integración sin descuidar sus particularidades.

Para este trabajo, y también hablando más a largo plazo, nuestra propuesta es animar a la creación de grupos que yo llamo “arcoíris”, que son grupos donde hay mezcla de españoles y extranjeros, cuyo objetivo fundamental es intercambiar, conocerse, reflexionar, formarse teniendo en cuenta la riqueza del otro: lo que el otro me aporta. Es importante el intercambio de experiencias, el conocimiento y el crecimiento en la fe. También sirve para romper esquemas y estereotipos y al mismo tiempo para proponer actividades a la propia parroquia para ayudar a todos a enriquecerse y abrirse, avanzando hacia comunidades marcadas por la diversidad. Para eso, tanto el autóctono como el inmigrante deben operar un “desplazamiento interior”, dejar espacio al “otro” diferente, para juntos ir creando algo nuevo, más rico y diverso. Un trabajo de muy largo plazo, pero que hay que impulsar ya. Este esfuerzo es, a mi parecer, ya evangelizador para todos y creador de Iglesia, y puede repercutir en todos los sectores de la vida cristiana.

-Puede que así con este sistema a favor de la integración, de ceder espacio, de crear Iglesia se puedan vencer esas pequeñas resistencias, reticencias que siempre existen hacia lo desconocido, en este caso hacia el extranjero, en muchos casos auspiciada desde los Medios de Comunicación

-Si, es cierto, aún hoy en día se observa en nuestras comunidades –fruto del desconocimiento- cierta prevención hacia el extranjero, que impide o dificulta en muchos casos ese proceso del que hablamos hacia una auténtica integración, que no es “asimilación”. Como todos sabemos, no faltan reacciones más o menos xenófobas. En este terreno, como en otros, las mujeres tienen y tendrán un papel fundamental.

En la situación actual de crisis, recae a menudo sobre ellas gran parte del peso de la familia. Una familia que se está viendo muy afectada por la inestabilidad, por la necesidad de moverse en busca de trabajo, de no atender a horarios, de aceptar lo que sea para salir adelante. Afectada también por el problema de la vivienda, que se ha agudizado. Pero, son muchos los casos en que las mujeres están aportando ayuda, solidaridad, permanencia… Es muy importante apoyar, acompañar, todo ese esfuerzo.

-¿Cómo se va a abordar esas diferencias religiosas de las que me hablaba antes?

-En la Diócesis hay un grupo musulmán bastante fuerte pero también muchos ortodoxos. Hoy, la mayoría del contacto que las parroquias tienen con musulmanes se hace a través de Caritas y sobre todo con mujeres marroquíes; lo cual crea un tipo de relación un tanto particular. Habrá que ir abordando este tema sin tardar, porque es una realidad que tiene importancia también en el terreno de la convivencia en un barrio. La acogida, el diálogo, son fundamentales, pero también enfrentar juntos ciertos problemas comunes (sociales, de convivencia, por ejemplo). Otra cuestión que irá desarrollándose cada vez más es la eclosión de iglesias pentecostales (donde hay de todo, pero es un mundo bastante cerrado y polémico con la Iglesia católica) sobre todo entre latinoamericanos y subsaharianos. Es un reto para la evangelización que ya se está dando en muchas partes del mundo.

-Hay cuestiones de las que apenas se habla: los grupos marginales, guetos que se van formando en nuestros municipios, las “maras”… asociadas a la delincuencia ¿qué opina de este problema?

-Un tema que va apareciendo y que empieza a preocupar en algunos barrios es la situación de sectores juveniles que ni estudian ni trabajan y que se encierran en dinámicas marginales, de delincuencia o de bandas. Un fenómeno muy importante en otros países europeos y que aquí también puede desarrollarse. Pero, hay un cierto silencio en torno a estas cuestiones. Como lo hay en torno a situaciones de desprotección social, sanitaria, de desbordamiento de muchos servicios sociales municipales… Una actitud nefasta. En la Iglesia tenemos algo que decir y que hacer para ayudar a “humanizar” el fenómeno migratorio. Que no sea sobre todo un problema sino una oportunidad para todos.

Son muchas cuestiones abiertas, pero que habrá que ir trabajando poco a poco. Gracias a Dios voy encontrando gente que quiere ayudar, colaborar, y con ganas de trabajar.

(Paloma Fernández – Padre de Todos – Diócesis de Getafe)

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