El proyecto Cáritas Labora de Avilés lleva un año orientando y asesorando a personas paradas

Oviedo Cáritas LaboraUna esperanza, un acompaña­miento y una guía en un bache, o en algo más profundo que un ba­che: eso es lo que pretende ser el proyecto Cáritas Labora, pertene­ciente al programa de Empleo de esta institución y que tiene su sede en Avilés.

Es ya de sobra conocido que el mercado laboral ha cambiado y que también lo ha hecho el perfil de las personas que buscan tra­bajo. Precisamente por eso, todas las iniciativas que se desarrollen para ayudar a las personas a que encuentren un trabajo son funda­mentales y suponen una oportu­nidad de ayuda para quienes viven situaciones de desempleo. Unas situaciones que, como recoge el Catecismo de la Iglesia Católica, “son casi siempre para su víctima un atentado contra su dignidad y una amenaza para el equilibrio de la vida. Además del daño personal padecido, de esa privación se de­rivan riesgos numerosos para su hogar”.

Los trabajadores y voluntarios del proyecto Cáritas Labora po­drían suscribir, palabra por pala­bra, estas frases del Compendio. Por los locales del proyecto, un sencillo bajo del centro de Avilés, pasan semanalmente unas 50 per­sonas de todo tipo y condición. Con un factor en común: el des­empleo.

“El objetivo primordial de Cá­ritas Labora es mejorar la em­pleabilidad de las personas, es decir, el conjunto de habilidades, conocimientos y capacidades para poder llevar a cabo diversos puestos de trabajo” afirma Miriam Gonzalo, una de las dos trabaja­doras que tiene Cáritas en este proyecto. “Nuestra tarea aquí es acompañar a la gente que viene a nosotros en el proceso de buscar un trabajo. Para eso, les hacemos entrevistas personales que llama­mos “de diagnóstico”, talleres y diversas actividades adaptadas a esas personas”.

Cáritas lleva años trabajando el ámbito del desempleo, pero en concreto en Avilés existe, desde hace tiempo, un equipo de volun­tarios que trabajaban con para­dos. “A lo mejor en otros lugares tenía más fuerza la infancia, o los mayores, pero aquí en Avilés hay una tradición muy fuerte en lo que se refiere al grupo de em­pleo”, apunta Miriam. “Esa heren­cia tenía que cuajar y por eso en abril del año pasado se inauguró este espacio, que ya está a punto de cumplir su primer aniversario. Pero ya venía de antes y quizá por eso funciona con una solvencia de muchos años de trabajo”.

En Cáritas Labora, además de las dos trabajadoras, hay nueve voluntarios que se encargan de ofrecer talleres y orientar a las personas que llegan. “Para orga­nizar nuestro día a día –explica Miriam–, tenemos una parte más estructurada, con días concretos para las entrevistas de diagnóstico y días en los que se imparten talle­res y se realizan actividades”. Ma­ría José, que también trabaja en el proyecto, explica que a cada per­sona que acude a ellos se le aplica un “itinerario personalizado”, es decir, que “después de la entre­vista de diagnóstico, y en función de las necesidades de cada per­sona, les proponemos diferentes actividades –explica–. Tenemos formación de empleo domésti­co, que hacemos en el programa Horizontes y otros talleres más concretos para aprender a buscar trabajo, donde les informamos so­bre las ofertas de empleo que han salido, les ayudamos a elaborar un currículum o a hacer una carta de presentación; otros talleres ense­ñan cómo buscar trabajo a través de Internet, otros a cómo enfren­tarse a una entrevista de trabajo; otros sobre el mercado laboral y las ofertas que hay y también po­nemos a su disposición los teléfo­nos para que hagan las gestiones. En resumen, lo que intentamos es enseñarles a que sean autónomos y que dependan de nosotros el menor tiempo posible”.

Sin perfil determinado

Eduardo de Vidal es voluntario en el programa de empleo desde hace algo más de 4 años. Recuer­da que cuando comenzó “había un colectivo de inmigrantes im­portante, pero ahora mismo nos encontramos con un abanico de personas muy diferentes entre sí”.

Miriam, trabajadora, le da la ra­zón: “Antes podríamos decir que, mayoritariamente, eran inmi­grantes, con baja formación. Hoy, las personas que acuden a solicitar nuestros servicios, son tan dife­rentes que no podemos hablar de un perfil determinado. Tenemos muchas mujeres, muchas perso­nas mayores que han trabajado toda su vida en el campo de la construcción y hasta gente forma­da y con su licenciatura (no es lo habitual, pero nos ha pasado)”.

“Nos encontramos con un gran reto –manifiesta María José–, y es el de la motivación. Es difícil mo­tivarles. La mayoría vienen deses­perados, quieren un empleo a toda costa y a la falta de oferta se une su baja formación. Algunos, incluso, tienen experiencia laboral de más de 30 años, y al quedarse en paro se encuentran con que necesitan un título para acceder a los tra­bajos y no lo tienen. La demanda exige profesionalidad y formación y muchos no cuentan con esos re­quisitos, a pesar de que hayan es­tado toda su vida trabajando en el sector. Por eso insistimos mucho en que aprovechen este tiempo de desempleo para formarse”.

Tanto los trabajadores como los voluntarios insisten, sin embargo, en que el proyecto no sustituye en absoluto la labor de los Servicios Sociales, aunque la relación entre ambas instituciones sea óptima. Y es que, como afirma Eduardo, “ya lo recordaba el Papa Fran­cisco, Cáritas no es una ONG, así que más allá de la búsqueda de empleo, en este lugar la gente comparte inquietudes, preocupa­ciones, se animan unos a otros y entre los voluntarios y trabajado­res procuramos, de alguna forma, desdramatizar las situaciones, aunque algunos vengan con situa­ciones muy duras. Para nosotros es muy importante arrancar una sonrisa a la gente que viene por aquí, al tiempo que ayudamos

¿Qué pasa con los mayores de 50?

Si bien los trabajadores y voluntarios de Cáritas Labora coinciden en que no existe un perfil deter­minado de parado, también ven claro que hay un sector, dentro de ese grupo de desempleados, que en estos momentos lleva las de perder. “Hay cur­sos para menores de 30, prioridad para las muje­res víctimas de violencia de género, para discapa­citados… todo eso está muy bien y es necesario, pero te encuentras con el colectivo de mayores de 50 años que han pasado a un segundo plano. Tienen experiencia, pero no pueden acceder a un puesto de trabajo porque las empresas prefieren a los más jóvenes, sin cargas familiares y más inde­pendientes” explica Miriam Gonzalo.

“Un colectivo –recalca Verónica Cané, volunta­ria– que siempre han vivido más o menos bien, con un trabajo estable y que se ven en esta situa­ción de golpe”.

(Esta hora – Iglesia en Asturias)

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