Cuaresma 2014

HoyoLopezRamonMons. Ramón del Hoyo      Queridos fieles diocesanos:

1. El próximo día 5 de marzo, Miércoles de Ceniza, los cristianos comenzamos la preparación anual de la fiesta de Pascua de Resurrección. El fruto apetecido del ejercicio cuaresmal y de la experiencia pascual podría considerarse bien expresado en el prefacio primero que se estrena en la Noche de Pascua: “Cristo… es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo, muriendo destruyó nuestra muerte y, resucitando, restauró la vida”.

La Cuaresma es un tiempo litúrgico en el que el Señor nos invita, a contemplar el misterio de la cruz, para que produzca una profunda conversión en nuestras vidas. Ello supone dejarnos transformar, como san Pablo en el camino de Damasco, por la acción del Espíritu Santo; orientar con decisión nuestra existencia según la voluntad de Dios; liberarnos de nuestros egoísmos y abrirnos a los demás, reconociendo nuestras limitaciones y pecados; mirar el mal cara a cara y disponerse a luchar contra sus efectos y, sobre todo, contra sus causas, la última Satanás.

Los cuarenta días que nos separan de la Pascua, son un tiempo “especial”, un tiempo “fuente de gracia” que la divina Providencia nos brinda, de forma siempre nueva, para que reconozcamos con humildad nuestra condición de criaturas. Esto será lo que nos va a recordar el rito de la imposición de la ceniza para caminar con Cristo, tomando nuestra cruz, hasta Jerusalén.
Es un camino a recorrer sin ostentación, con la certeza de que Dios Nuestro Padre sabe leer y ver en el secreto de nuestro corazón.2. Limosna, oración y ayuno son las tres obras de misericordia que Jesús nos propone para alcanzar nuestra conversión, haciéndolas nuestras no para cumplir la ley, sino por amor a Dios (cf. Mt. 6,1).

Lo que la práctica de estas obras encierra es retornar a Dios, buscar y desear a Dios. Es vencer la lucha entre la carne y el espíritu, entre el bien y el mal, la lucha interior que caracteriza nuestra existencia. Ello supone sinceridad y confianza en nuestra relación con Dios, alejándonos de cualquier aplauso y aprobación externa. Es servir a Nuestro Señor con sencillez y generosidad: “Y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará” (Mt. 6,4).

A esta preparación se unían también los que ya estaban bautizados, reactivando y renovando su comunión con Cristo y sus promesas bautismales, tomando conciencia de que ser cristianos encierra un “nuevo hacerse” en un camino y recorrido que se extiende hasta el último instante de nuestra existencia terrena.3. Ser cristianos nunca es una historia concluida, sino un camino que exige siempre renovación, o volver a empezar. En la Iglesia primitiva la Cuaresma era el tiempo privilegiado para la preparación de los catecúmenos a los sacramentos del Bautismo y de la Eucaristía, que se celebraban en la Vigilia Pascual. Era el tiempo para llegar a ser cristiano, después de un largo camino de formación y conversión.

Pocos momentos tan bellos podemos encontrar en la sagrada liturgia como la renovación de nuestras promesas bautismales en la Noche de Pascua delante de la nueva luz del cirio, Luz de Cristo Resucitado. Preparemos con tiempo e ilusión aquel momento tan especial impregnado de misterio, para experimentar el gozo y la alegría intensa de la Pascua.
Es lo que viene a proponernos y recordarnos el Santo Padre en su Mensaje cuaresmal para este año, bajo el título: “Se hizo pobre para nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza” (Cf. 2 Cor 8,9).4. Finalmente, la cuaresma no sólo supone fijar nuestra mirada en Dios y escrutar nuestro interior, comprobar que Dios me guarda y me sostiene. Hemos de mirar, también a nuestro alrededor y a nuestro mundo, con los ojos que miraba Cristo. En otro caso quedaría mutilada nuestra conversión.

Se trata, como ya muchos conocerán, de un Mensaje muy directo y profundo, del estilo personal del Papa Francisco, Mensaje para leer despacio y meditar sus contenidos, en su primera parte, para responder a las propuestas que hace en la segunda.

Se refiere en esta última parte al alcance de los tres tipos de miseria que encierra la pobreza sin confianza: miseria material, moral y espiritual. Ante quienes padecen estas miserias nos invita a testimoniar: “el mensaje evangélico que se resume en el anuncio del amor del Padre misericordioso, listo para abrazar a Cristo en cada persona”. Nos indica que, para ello, hemos de “conformarnos a Cristo, que se hizo pobre y nos enriqueció con su pobreza, preguntándonos, ¿de qué podemos privarnos, con dimensión penitencial, para ayudar y enriquecer a otros con nuestra pobreza?; añadiendo al final: “desconfío de la limosna que no cuesta y no duele”.

Con mi saludo y bendición.

+ Ramón del Hoyo López

      Obispo de Jaén

Mons. Ramón del Hoyo
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Mons. Ramón del Hoyo nació el 4 de septiembre de 1940 en Arlanzón (Burgos). Cursó estudios en los Seminarios Menor y Mayor de Burgos, entre 1955 y 1963. Obtuvo la Licenciatura en Derecho Canónico en la Universidad Pontificia de Salamanca (1963-1965) y el Doctorado en la Pontificia Universidad Angelicum (1975-1977). Fue ordenado sacerdote para la archidiócesis de Burgos el 5 de septiembre de 1965. CARGOS PASTORALES Su ministerio sacerdotal lo desarrolló en la diócesis burgalesa. Comenzó como coadjutor de la parroquia de Santa María la Real y Antigua y Director espiritual de la Escuela media femenina “Caritas”, entre 1965 y 1968. Desde este último año y hasta 1974 fue Notario eclesiástico y Secretario del Tribunal Eclesiástico. Además, en el año 1972 fue nombrado Provisor-adjunto de la Curia de Burgos y en 1978 Provisor, cargo que desempeñó hasta 1996. También fue Vicario Judicial del Tribunal Eclesiástico Metropolitano desde el año 1978 y hasta 1993, cuando fue nombrado Vicario General y Canónigo y Presidente del Capítulo Catedral Metropolitano. Estos cargos los compaginó, desde 1977 y hasta su nombramiento episcopal, con la docencia en la Facultad de Teología del Norte de España, sede de Burgos, como profesor de Derecho Canónico. El 26 de junio de 1996 fue nombrado obispo de Cuenca y recibió la ordenación episcopal el 15 de septiembre del mismo año. El 19 de mayo de 2005 se hacía público su nombramiento como obispo de Jaén, diócesis de la que tomó posesión el 2 de julio de 2005. El papa Francisco acepta su renuncia al gobierno pastoral de esta diócesis el 9 de abril de 2016 y le nombra administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor,el 28 de mayo de 2016. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, de la que fue presidente de 2005 a 2011. Ha sido miembro del Consejo de Economía desde 2012 a 2017. También fue miembro de la “Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia”, que se creó con el encargo de preparar la Declaración y la promoción de la figura del nuevo Doctor.