“Callejeros de la fe”

Mons. Juan José OmellaMons. Juan José Omella        Aunque el Papa lo ha pedido expresamente a los jóvenes, lo cierto es que todos hemos de ser “Callejeros de la fe”, esto es, anunciadores del Evangelio. Tal es el mandato que hemos recibido del Señor: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación” (Mc 16, 15-20). Y toda la creación es el mundo entero.

El Papa nos ha venido hablando en la Exhortación Pastoral “Evangelii gaudium” de la actitud que hemos de adoptar para hacer nuestra la Buena Nueva del Evangelio, que nos ha de llenar de alegría porque nos acerca a Dios y nos permitirá adentrarnos en Él a través de Jesús, el Dios hecho hombre. Esa alegría que depara la búsqueda de Dios, no podemos intimarla tanto en nuestro interior, en lo más profundo del corazón que no afecte ni llegue a los que nos rodean. ¡No! La felicidad que sentimos en el trato íntimo con Jesucristo, en el Pan y en la Palabra, nos ha de obligar a llevarla a los otros, a los que nos rodean. ¡A todos! De ahí que el Papa hable gráficamente de “cada esquina, de cada plaza, de cada rincón de la tierra”. Nadie puede ser ajeno a este afán evangelizador, nadie puede verse excluido, hay que llegar a todos. La Exhortación lo dice bellamente, al sugerirnos “un nuevo protagonismo de cada uno de nosotros”. Quiero fijarme en cada una de las palabras del Papa:

– la evangelización ha de ser nueva, no por su contenido evidentemente, sino porque hemos de cambiar la mentalidad, el chip pastoral, por aquello de que “el vino nuevo no se puede echar en odres viejos” (Mt , 917), ya que estos se echarán a perder;

– también el protagonismo ha de ser nuevo: evangelizar ya no puede mantenerse como la misión propia, exclusiva y excluyente de los sacerdotes: “el protagonismo de la nueva evangelización lo han de desempeñar todos los bautizados”. El bautismo genera en el que lo recibe el derecho y el deber de hacer apostolado, de hablar de Dios; en suma, de evangelizar.

– la renovación misionera, que pide este tiempo providencial que nos ha tocado vivir, exige “una forma concreta de predicación que nos compete a todos como tarea cotidiana: se trata de llevar el Evangelio a las personas que cada uno trata, tanto a los más cercanos como a los desconocidos” (pag. 102). Es evidente que el Papa no nos está pidiendo que echemos sermones o que prediquemos homilías. Pide a los laicos que, aprovechando las mil circunstancias que depara la vida ordinaria, tengamos la gracia humana, la fortaleza y la “santa picardía” para hablar de Dios, de la Iglesia, de los sacramentos, de las virtudes, de la vida de familia, etc. Y hacerlo no sólo con palabras sino también con los hechos de caridad. Así llevaremos el Evangelio a los demás con toda naturalidad. ¡Cuánto bien nos han hecho a todos las “charradas” de nuestros padres, de nuestros abuelos, llenas de cariño y de buena doctrina! Hagamos nosotros lo mismo.

Y ya, a propósito de las homilías, no quiero terminar este escrito de hoy sin mencionar una simpática reflexión que el Papa Francisco nos ofrece a los sacerdotes y cuyo conocimiento también hará mucho bien a los fieles. Dice, por ejemplo, que “la homilía no puede ser un espectáculo entretenido, pero que aunque parezca aburrida, si está presente un espíritu eclesial y materno, siempre será fecunda, así como son fecundos los consejos de una madre por más aburridos que parezcan, ya que anidan en el corazón de los hijos y siempre dan fruto”. Es una buena reflexión que nos interroga a todos.

Con mi afecto y bendición,

+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Card. Juan Jose Omella
Acerca de Card. Juan Jose Omella 335 Articles
Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.