Recuperar el estilo de Dios

Mons. Juan del RíoMons. Juan del Río     El Mensaje del santo padre Francisco para la Cuaresma de este año (en adelante MC 2014), lleva por título: Se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (cf. 2 Cor 8, 9). Iniciamos un tiempo privilegiado que nos conduce a la celebración del Misterio Pascual. Ello nos exige crecer interiormente y purificarnos de los pecados que nos esclavizan. La penitencia liberadora, el desprendimiento mediante la limosna, el ayuno solidario y la constante e intensa oración, no son algo pasado de moda, sino que tienen máxima actualidad.

Estas semanas cuaresmales tienen como objetivo intensificar la vida del Espíritu. Ello nos va configurando con la pobreza del Dios crucificado que enriqueció a la humanidad con su resurrección. Recorrer este camino nos exige en primer lugar, entrar en la “bodega interior” de nosotros mismos, para no ser dependientes de los ídolos y de los afectos que nos dominan. Es necesario descubrir que la verdadera miseria del hombre está “en no vivir como hijos de Dios y hermanos de los hombres” (MC 2014). Sucede que, si el interior de la persona está corrompido, toda la sociedad está enferma y no puede dar respuesta a las necesidades materiales y sociales de los individuos, y sobre todo a las profundas necesidades del corazón humano.

También, en un segundo momento, este tiempo cuaresmal nos ayuda a desprendernos de la condición mundana y revestirnos del estilo de Dios que “siendo rico, se hizo pobre por vosotros…”. El gran misterio de la encarnación de Dios, marca una manera de pensar, sentir, hablar y vivir muy distinta a la de los hombres de este mundo, que buscan en la riqueza y en el poder la seguridad de sus vidas.

La dinámica de la revelación cristiana es el despojamiento (kenosis). Lo primero que hace el Dios humanado es despojarse de su grandeza, vaciar su amor hacia los hombres, hacerse uno más de nosotros, excepto en el pecado. ¿Todo esto por qué lo hizo? El Papa responde: “la razón de todo esto es el amor divino, un amor que es gracia, generosidad, deseo de proximidad, y que no duda en darse y sacrificarse por las criaturas a las que ama” (MC 2014).

Contemplando esta “rica pobreza” y “pobre riqueza” del Hijo de Dios crucificado y abandonado, el Obispo de Roma hace una aclaración muy importante: “la miseria no coincide con la pobreza; la miseria es la pobreza sin confianza, sin solidaridad, sin esperanza” (MC 2014). Esta miseria profunda se manifiesta a tres niveles: material, moral y espiritual. Es necesario abrir el horizonte penitencial de nuestros ayunos, sacrificios y abstinencias, con objeto de ayudar a aquellos que se encuentran esclavizados por las nuevas lacras sociales, donde es tan palpable esa triple y brutal miseria humana de la que habla el Papa. Todo estas carencias nos deben interpelar continuamente, llevándonos “a hacernos cargo de ellas y a realizar obras concretas a fin de aliviarlas; además nos hará bien preguntarnos de qué podemos privarnos a fin de ayudar y enriquecer a otros con nuestra pobreza” (MC 2014).

Cuanto más auténtica sea la Cuaresma que celebremos, más nos asemejaremos a Jesús, que “al ver a las gentes se compadecía de ellas” (Mt 9, 36). Compadecerse quiere decir ponerse en el lugar del otro: de ese hombre o de esa mujer, que no le encuentra sentido a su vida, que se percibe a sí mismo como abandonado a su propia suerte; de la muchedumbre de solitarios de nuestra sociedad del bienestar, que no necesitan tanto el pan de cada día, como el alimento de la amistad y de la compañía. Pero también de la multitud de los pueblos que viven en la hambruna y en el olvido del poder político y económico, lo que impide un auténtico desarrollo de esos países.

Al mismo tiempo que realizamos esta caridad en la dimensión de la cruz, debemos alimentarnos de esa “otra pobreza” de Cristo que se hace realidad “en los Sacramentos, en la Palabra y en su Iglesia” (MC 2014). Únicamente los humildes y sencillos de corazón, descubren la importancia de ponerse en paz con Dios y con los hermanos, de manera especial mediante los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía.

Pues bien, renovando nuestra confianza en la victoria de Cristo sobre cualquier mal que oprima al hombre, la Cuaresma nos enseña a acoger la salvación integral que viene del Misterio Pascual. A la vez, por medio de las prácticas cuaresmales, aprendamos a mirar la realidad del mundo y de nosotros mismos con ojos de compasión, como los que tuvo Jesús para con los pobres y para con todos aquellos que se arrepintieron de sus pecados. Francisco, termina su Mensaje invitándonos a que “seamos misericordiosos y agentes de misericordia”.

+ Juan del Río Martín

Arzobispo Castrense de España

 

Mons. Juan del Río
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Mons. D. Juan del Río Martín nació el 14 de octubre de 1947 en Ayamonte (Huelva). Fue ordenado sacerdote en el Seminario Menor de Pilas (Sevilla) el 2 de febrero de 1974. Obtuvo el Graduado Social por la Universidad de Granada en 1975, el mismo año en que inició los estudios de Filosofía en el Centro de Estudios Teológicos de Sevilla, obteniendo el título de Bachiller en Teología en 1979 por la Universidad Gregoriana de Roma. Es doctor en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (1984). Su ministerio sacerdotal lo desarrolló en la diócesis de Sevilla. Comenzó en 1974 como profesor en el Seminario Menor de Pilas, labor que ejerció hasta 1979. De 1976 a 1979 regentó la Parroquia de Sta. María la Mayor de Pilas. En 1984, una vez finalizados los estudios en Roma, regresó a Sevilla como Vice-rector del Seminario Mayor, profesor de Teología en el Centro de Estudios Teológicos, profesor de Religión en el Instituto Nacional de Bachillerato Ramón Carande y Director espiritual de la Hermandad de los Estudiantes de la Universidad sevillana. CARGOS PASTORALES En los últimos años como sacerdote,continuó su trabajo con los jóvenes e inició su labor con los Medios de Comunicación Social. Así, desde 1987 a 2000 fue capellán de la Universidad Civil de Sevilla y Delegado Diocesano para la Pastoral Universitaria y fue, desde 1988 a 2000, el primer director de la Oficina de Información de los Obispos del Sur de España (ODISUR). Además, colaboró en la realización del Pabellón de la Santa Sede en la Expo´92 de Sevilla, con el cargo de Director Adjunto, durante el periodo de la Expo (1991-1992). El 29 de junio de 2000 fue nombrado obispo de Jerez de la Frontera y recibió la ordenación episcopal el 23 de septiembre de ese mismo año. El 30 de junio de 2008, recibe el nombramiento de Arzobispo Castrense de España y Administrador Apostólico de Asidonia-Jerez. Toma posesión como Arzobispo Castrense el 27 de septiembre de 2008. El 22 de abril de 2009 es nombrado miembro del Comité Ejecutivo de la CEE y el 1 de junio de 2009 del Consejo Central de los Ordinarios Militares. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde marzo de 2017. Ya había sido miembro de esta Comisión de 2002 a 2005 y su Presidente de 2005 a 2009, año en que fue elegido miembro del Comité Ejecutivo, cargo que desempeñó hasta marzo de 2017. El 20 de octubre de 2011, en la CCXXI reunión de la Comisión Permanente, fue nombrado miembro de la "Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia".