Día de Hispanoamérica

Mons. Manuel UreñaMons. Manuel Ureña       El “Día de Hispanoamérica”, que celebramos justo el presente domingo 2 de marzo, está marcado esta vez por el hecho inédito de la presencia del primer papa venido del “Nuevo Mundo” americano.

Para toda la Iglesia de España, celebrar este día supone una llamada a intensificar y a profundizar los vínculos que unen a España con Hispanoamérica y a fortalecer la comunión evangelizadora entre sus Iglesias, entre las nuestras y aquéllas.

¡Qué gran sentido tiene que celebremos anualmente el Día de Hispanoamérica! En este día honramos el ímpetu evangelizador que llevó el alma española, inflamada del amor de Cristo, a Latinoamérica para sembrar allí la semilla del Evangelio. ¿Puede haber algo más sublime y enardecedor, algo más grande y gozoso, que haberse encontrado con Cristo resucitado, haber experimentado el gozo, la alegría de su palabra y de su vida, y dedicarse ya por siempre a anunciar el Evangelio a todas las gentes? “Evangelii gaudium” o “el gozo del Evangelio”. Así ha querido llamar el papa Francisco la exhortación apostólica subsiguiente al Sínodo de los obispos para la nueva evangelización celebrado en octubre de 2012.

Y no de otro modo se llama el lema escogido para la celebración de la Jornada del “Día de Hispanoamérica”, que reza así: “La alegría de ser misionero”.

Muchos fueron los que, desde la aurora de la edad moderna, marcharon a América del Sur, seducidos por el Evangelio, a anunciar la fe. A finales del siglo XV, cuando se ensancha la actividad misionera de la Iglesia, van a ser las órdenes y las congregaciones religiosas las que mantendrán durante siglos y de manera preponderante la responsabilidad evangelizadora y misionera. A ellas debemos la evangelización de América Latina.

Una fuerte contribución a la evangelización de aquellos pueblos se da a lo largo del siglo XIX con el nacimiento de nuevas congregaciones religiosas cuyo carisma fundacional es la “Missio ad gentes”.

Y, a finales del siglo XIX, se inicia la promoción de la vocación misionera de sacerdotes y de laicos enviados en cada caso por las Iglesias diocesanas a América Latina. Esta fue precisamente la gran acción de la “Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana” (=OCSHA), una nueva fórmula de colaboración con las Iglesias más necesitadas de América Latina, consistente en el envío de sacerdotes diocesanos y, después, en el envío también de seglares, al Cono Sur de América. Esta obra nació, como se sabe, en 1948, promovida por la Junta de los Arzobispos Metropolitanos españoles y constituyó en su día un anticipo y un anuncio de lo que claramente habría de proponer, años más tarde, concretamente en 1957, Pío XII en su encíclica Fidei donum.

El bien evangelizador llevado a cabo por la OCSHA en América del Sur ha sido enorme. Desde 1949 en que se funda hasta el presente, han sido más de 2000 sacerdotes españoles los que, sin perder su incardinación en las diócesis de origen, se han comprometido por tiempo prolongado, no menos de tres años, en la actividad evangelizadora de las Iglesias nacientes en el continente americano.

Los tres últimos papas han encomiado ampliamente la labor evangelizadora llevada a cabo por los sacerdotes y seglares fidei donum en América a través de la OCSHA.

Los sacerdotes fidei donum – decía el papa beato Juan-Pablo II – han contribuido a hacer que se superara la dimensión territorial del servicio sacerdotal para poner éste a disposición de toda la Iglesia y a evidenciar de modo singular el vínculo de comunión entre las Iglesias. En el mismo sentido se expresaba Benedicto XVI. Y, en su mensaje para el DOMUND de 2013, el papa Francisco expresaba su agradecimiento a los misioneros y misioneras fidei donum que dejan su patria para servir al Evangelio en tierras y culturas diferentes de las suyas, atreviéndose a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio.

Sigamos, pues, llevando con alegría la luz del Evangelio a América Latina. Como nos dice el Cardenal Marc Ouellet en el Mensaje que la CAL ha enviado a la Iglesia en España, recobremos el fervor espiritual. Conservemos la dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas. Hagámoslo como esa multitud de admirables evangelizadores que se han sucedido a lo largo de la historia de la Iglesia, quienes evangelizaban con un ímpetu interior que nadie ni nada era capaz de extinguir.

No obstante, como bien advierte el Cardenal Marc Ouellet desde el Mensaje de Presidencia de la CAL, “todos tenemos necesidad de renovar nuestra alegría de ser misioneros. ¿Acaso estamos inmunes a las tentaciones que enumera el Papa en su exhortación apostólica? A pesar de nuestro servicio entregado, nos acechan el individualismo, las crisis de identidad, la disminución de fervor, el pesimismo estéril, cierto derrotismo, un cansancio que va mellando nuestras fuerzas físicas y espirituales. Nos pesa cargar con las fatigas y sufrimientos, no sólo propios, sino de las comunidades a las que servimos. Es difícil ser testigos de la alegría cristiana en medio de tantas heridas físicas y espirituales que compartimos”.

Y, si es cierto que la Iglesia de España ha contribuido fuertemente a consolidar la fe en América Latina, no lo es menos que, de la mano del papa Francisco, la Providencia de Dios está colocando a las Iglesias de América Latina en la situación de asumir responsabilidades, exigencias y desafíos. Todo el ser de la Iglesia latinoamericana ha de renovarse desde el paradigma misionero. Un nuevo ímpetu y una nueva creatividad han de manifestarse en su misión continental, en su misión desde Alaska a la Patagonia. Más todavía: la Iglesia latinoamericana ha de ir más allá de sus confines continentales y ha de colaborar con el ministerio universal de evangelización del Papa.

Esto significa que no deben faltar misioneros latinoamericanos en la nueva evangelización en tierras europeas, así como tampoco portadores latinoamericanos de Cristo y servidores de la Iglesia y de los pueblos de Asia y de África. Los primeros pasos ya se están dando. Y con loables frutos. De este modo, se seguirá fortaleciendo la comunión evangelizadora entre las Iglesias de España y las Iglesias de Latinoamérica.

+ Manuel Ureña

Arzobispo de Zaragoza

Mons. Manuel Ureña
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Manuel Ureña Pastor nació en Albaida (Valencia) el 4 de Marzo de 1945. Realizó sus estudios de Enseñanza Primaria en las Escuelas Nacionales de su pueblo natal. En Septiembre de 1959 ingresó en el Seminario Metropolitano de Moncada (Valencia), en donde cursó el Bachillerato Elemental y el Bachillerato Superior, y, posteriormente, el quinquenio de Estudios Eclesiásticos, obteniendo en junio de 1970 el título de Bachiller en Teología. Entre los años 1968 y 1973, cursó Estudios Superiores de Historia y de Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Literaria de Valencia. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca con una tesina sobre “El tema de Dios en el joven Leibnitz”. El 14 de Julio de aquel mismo año, 1973, recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos del entonces Sr. Arzobispo Metropolitano, S.E. Rvdma., Mons. José María García Lahiguera. A partir de septiembre de aquel año ejerce el ministerio sacerdotal, como coadjutor, en la parroquia de Nuestra Señora del Olivar de Alacuás (Valencia) y, al mismo tiempo, imparte clases de Teología pastoral, de Teología Fundamental y de Teología de la fe en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia. En Septiembre de 1976 es enviado a Roma para cursar estudios superiores de Filosofía en la Pontificia Universidad de Santo Tomás. Allí obtendrá en abril de 1984 el grado de Doctor en Filosofía con una Tesis Doctoral sobre el pensamiento del filósofo neomarxista alemán Ernst Bloch titulada: “Ernst Bloch:una interpretación teleológica –inmanente de la realidad” que mereció la máxima calificación académica. En 1980, es nombrado Director del Colegio Mayor "San Juan de Ribera", de Burjasot (Valencia), y profesor de Metafísica y de Historia de la Filosofía Antigua en la Facultad de Teología de Valencia. Durante dos semestres impartiría también las asignaturas de Filosofía de la Religión y de Historia de la Filosofía medieval. En 1987 es nombrado miembro de la Blochsgesellschaft, en la entonces República Federal de Alemania. El 8 de Julio de 1988 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de la Diócesis de Ibiza, siendo consagrado el 11 de septiembre de aquel mismo año. Y, desde el 20 de abril de 1990, simultaneó su ministerio episcopal en Ibiza con el de Administrador Apostólico de la Diócesis de Menorca. En Julio de 1991, el Papa Juan Pablo II lo trasladó a la Diócesis, entonces recien creada, de Alcalá de Henares, nombrándolo, al mismo tiempo, Visitador Apostólico de los Seminarios Mayores de las provincias eclesiásticas de Andalucía y Administrador Apostólico de la Diócesis de Ibiza. En 1992, el entonces Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Zaragoza, S. E. Rvdma., Mons. Elías Yanes Álvarez, lo nombró Consiliario Nacional de la Adoración Nocturna Española, cargo que sigue ejerciendo en la actualidad. En Julio de 1998 es nombrado Obispo de la Diócesis de Cartagena, Administrador Apostólico de la diócesis de Alcalá de Henares y Gran Canciller de la Universidad Católica de Murcia. Promovido al Arzobispado de Zaragoza el 2 de abril de 2005, comenzó a ejercer aquí su ministerio de sucesión apostólica el 19 de junio del mismo año, al tiempo que era nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena y Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral Social, de Seminarios y Universidades, y del Comité Episcopal ‘Pro vita’. En la actualidad es miembro de la Comisión Episcopal de para la Doctrina de la Fe. Su investigación filosófica gira en torno al pensamiento marxista y al pensamiento postmoderno. En teología, ha trabajado bastante el pensamiento de los teólogos católicos Karl Rahner y Hans Urs von Balthasar; y, en teología protestante, ha familiarizado mucho con los teólogos protestantes Karl Barth y Dietrich Bonhoeffer. Sus trabajos científicos son ya más de 60. Y su principal publicación es el libro Ernst Bloch, ¿un futuro sin Dios? (BAC MAIOR (Madrid) 1986). Reconocimientos: Hijo Predilecto de Albaida, Medalla de Oro de la ciudad de Murcia, Defensor de Zaragoza 2008, Premio IACOM (Instituto Aragonés de Comunicación). Premio Fundación Carlos Sanz 2010. Caballero de Honor de Ntra. Sra. del Pilar. Encargos pastorales: Miembro de la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal, trienios (1993-1996; 1996-1999; 1999-2002; 2002-2005; 20005-2008; 2008-2011). Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (2011-2014). Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica San Antonio de Murcia.