El bautismo puerta de nuestra fe

Mons Ángel RubioMons. Ángel Rubio      La Cuaresma que comenzará el próximo miércoles cinco de marzo, ha de servirnos para redescubrir el sacramento del bautismo con que fuimos injertados en la muerte y resurrección de Cristo y comenzamos a ser nuevas criaturas en la vida cristiana.

El Directorio de la Iniciación Cristiana en nuestra diócesis afirma: «La práctica de bautizar a los niños pequeños es una tradición memorial de la Iglesia. Según la doctrina de la Iglesia, los niños nacen con una naturaleza humana caída y manchada por el pecado original, necesitan también el nuevo nacimiento en el Bautismo para ser librados del poder de las tinieblas y ser trasladados al dominio libertad de hijos de Dios, a la que todos los hombres están llamados. La pura gratuidad de la gracia de la salvación se manifiesta particularmente en el Bautismo de niños. Por tanto, la Iglesia y los padres privarían al niño de la gracia inestimable de ser hijo de Dios si no le administraran el Bautismo poco después de su nacimiento» (n. 36).

No es lo mismo un niño bautizado que no bautizada. Es un acto que toca en profundidad nuestra existencia. La vida nueva recibida en el bautismo es semejante a una pequeña semilla, que va creciendo lentamente hasta convertirse en un árbol maduro. Nos cuesta creer que entre la tierra y el cielo haya una continuidad, porque son muy distintas las condiciones de vida.

Una comparación: El niño antes de nacer ya está vivo en el seno materno. Las condiciones de vida son diferentes. En el seno materno no se le vé, se le verá después de su nacimiento. Y, sin embargo, es la misma vida que, comenzada en el momento de la concepción se hace visible apenas nace.

Lo mismo ocurre con la vida eterna. Comenzada en el bautismo, prosigue a lo largo de la existencia, pero aparece a plena luz más allá de la muerte. Y lo mismo que los meses pasados en el seno materno han permitido hacer crecer al nuevo ser, engendrado en la concepción, así el tiempo de nuestra vida terrena debe hacer crecer en nosotros el germen de la vida eterna que el bautismo ha depositado en nuestros corazones.

No esperamos la vida eterna como una recompensa. Tenemos desde ahora la vida eterna y debemos de esforzarnos, hoy mismo, en vivir como hijo de Dios. Al bautizado le hace falta una comunidad cristiana, que le proporcione el clima conveniente. Necesita de otros sacramentos, sobre todo de la Eucaristía, para desarrollar la vida nueva.

El bautismo comporta no sólo una dimensión vertical: comunión con Cristo, sino además una dimensión horizontal: comunión con los hermanos. El bautismo obra a la vez la unión de los cristianos a Cristo y la inserción de los bautizados en la Iglesia, que es la comunidad de creyentes, el Cuerpo de Cristo, el Pueblo de Dios.

Por los sacramentos profesamos externa, socialmente, comunitariamente nuestra fe en Cristo Salvador. Un sentimiento no es del todo sincero cuando no estamos dispuestos a manifestarlo íntegra y públicamente. La sacramentalidad es la que hace que la fe en Cristo sea social. Y el hombre necesita esta dimensión porque es esencialmente un ser social.

De ahí que yo no puedo bautizarme solo, tengo que pedirle a otro que me bautize. Es un acto de hermandad de afiliación a la Iglesia y en su celebración podemos reconocer los rasgos más genuinos de ella, que como madre sigue generando nuevos hijos en Cristo, en la fecundidad del Espíritu Santo.

+ Ángel Rubio Castro

Obispo de Segovia

Mons. Ángel Rubio Castro
Acerca de Mons. Ángel Rubio Castro 137 Articles
Nace en Guadalupe (Cáceres), Archidiócesis de Toledo, el 18 de abril de 1939. Entró en el Seminario Menor diocesano de Talavera de la Reina (Toledo) desde donde pasó al Seminario Mayor “San Ildefonso” para realizar los estudios eclesiásticos. Fue ordenado sacerdote en Toledo el 26 de julio de 1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología en Madrid, por la Universidad Pontificia de Comillas y en Salamanca la Diplomatura en Catequética por el Instituto Superior de Pastoral. Es Doctor en Catequética por la Universidad Pontificia de Salamanca. CARGOS PASTORALES Tanto su ministerio sacerdotal como el episcopal han estado vinculados a la diócesis de Toledo. Como sacerdote desempeñó los siguientes cargos: de 1964 a 1973, coadjutor de la parroquia de Santiago el Mayor; 1971, Secretario de la Visita Pastoral; 1972, director del Secretariado Diocesano de Catequesis; en 1973 es nombrado capellán y profesor de la Universidad Laboral de Toledo, Beneficiado de la Santa Iglesia Catedral primada, cargo que desempeñó hasta el 2000, y profesor de Catequética en el Seminario Mayor, donde fue docente hasta su nombramiento episcopal. Además, de 1977 a 1997 fue Vicario Episcopal de Enseñanza y Catequesis; de 1982 a 1991 profesor de Religión en el Colegio diocesano “Ntra. Sra. de los Infantes”; en 1983, capellán de las Religiosas Dominicas de Jesús y María; de 1997 a 2000 es designado subdelegado diocesano de Misiones y en el año 2000 delegado diocesano de Eventos y Peregrinaciones, Profesor de Pedagogía General y Religiosa en el Instituto Teológico de Toledo, Delegado Episcopal para la Vida Consagrada y Canónico de la Catedral, cargos que desempeñó hasta 2004. El 21 de octubre de 2004 se hacía público su nombramiento como Obispo titular de Vergi y Auxiliar de la Archidiócesis de Toledo. El 12 de diciembre del mismo año recibió la consagración episcopal. El 3 de noviembre de 2007 se hacía público el nombramiento como Obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 9 de diciembre de ese mismo año. El Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Segovia el 12 de noviembre de 2014, aunque continuó como administrador apostólico hasta el 20 de diciembre, día de la toma de posesión de su sucesor. Es Consiliario Nacional para Cursillos de Cristiandad. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Liturgia desde marzo de 2017. Anteriormente, ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Enseñanza (desde 2005) y de Apostolado Seglar (desde 2011). También ha sido miembro, de 2005 al 2011, de Vida Consagrada.