La revista «Alfa y Omega» entrega sus premios al mejor cine del año

un dios prohibido32013 nos ha dejado, una vez más, una interesante cosecha de películas de gran interés artístico y humano. Alfa y Omega, con sus Premios anuales, ha separado el trigo de la cizaña y nos señala lo más granado de los estrenos, en vísperas de la fiesta del cine americano, la entrega de los Oscars. Este año, varias de las películas premiadas nos hablan de seres humanos, que, llevados al límite de sus capacidades, acaban dirigiendo sus ojos a lo alto, bien como súplica: John Miller en Las flores de la guerra, bien como acción de gracias, cuando el desenlace ha sido feliz: la doctora Ryan en Gravity. Los casos más elocuentes son los mártires claretianos de Un Dios prohibido, que ya sólo viven de la fe, o el niño José Sánchez del Río, Beato, ante su martirio, en Cristiada. En otras películas se pone de manifiesto que el ser humano no sólo vive de pan, y que su corazón está hecho para cosas más grandes. Esta visión no materialista de la vida se refleja en October baby, un canto a la vida como don; en 7 cajas, una reivindicación de la inocencia; en Amor y letras, una mirada responsable a la belleza del mundo; en Lincoln, que testimonia la fecundidad para la historia de una concepción religiosa de la vida; en Hannah Arendt, un ejercicio de realismo conmovedor… En fin, un abanico de interesantes propuestas que mantiene viva la esperanza en un cine a la altura de lo humano

Gravity

Mejor película
Mejor banda sonora (Steven Price)

Con diez nominaciones se presenta esta película a los Oscars, incluidas precisamente las categorías de mejor película y de mejor banda sonora. Del siempre interesante director mejicano Alfonso Cuarón, nos relata una aventura en la que dos personas son llevadas al límite de sus fuerzas, como los protagonistas de Lo imposible, pero que -a diferencia de aquellas- saben mirar a lo alto y reconocer Quién da y quita la vida. Ryan Stone (Sandra Bullock) es una doctora en su primera misión espacial de la NASA, a las órdenes del comandante Matt Kowalski (George Clooney). Están haciendo reparaciones de rutina en un satélite cuando una lluvia de chatarra espacial destruye su lanzadera y mata al resto de la tripulación. Stone y Kowalski quedan solos e incomunicados, flotando en el espacio.

Al margen del excelente guión, coescrito con su hijo Jonás, hay que reconocer la belleza de las imágenes de esta película. El disfrutar de la vista de nuestro planeta desde esas alturas, envuelta en un silencio sobrecogedor, es un espectáculo que merece verse, engrandecido además por un excelente 3D estereoscópico. La armonía de los planos recuerda la mística de la creación de El árbol de la vida, de Malick. Ciertamente, esa belleza se ve ensombrecida por la presencia violenta y letal de la chatarra espacial, que las agencias internacionales han ido colgando de nuestro cielo en los últimos cincuenta años. Cuarón, de esta forma, ofrece también una crítica de corte ecológico que, aunque lejos de caer en los tópicos apocalípticos del moderno ecologismo cinematográfico, indudablemente sí da que pensar.

Pero lo más importante de la película es su drama antropológico, como no podía ser de otra manera viniendo de Cuarón. Por un lado, se perfila con claridad esa visión del hombre tan hollywoodiense, por la que la voluntad firme y la confianza en uno mismo se presentan como garantía del triunfo y la gloria final. Esta visión tan americana, de sabor protestante, aunque inexacta e incompleta -amén de ingenua- responde sin duda a una concepción noble y positiva de la condición humana. Es la fisionomía propia del héroe, que se sobrepone a sus debilidades y desafía al destino con un coraje algo autosuficiente. Pero Cuarón, de educación mejicana -o sea, católica-, sabe que eso no basta, y subraya en el personaje que encarna Sandra Bullock, la dimensión religiosa de quien sabe que necesita rezar, o que recen por ella. Ryan se lamenta de que no la hayan enseñado a orar, y los iconos religiosos que Cuarón coloca en las diversas bases espaciales enfatizan la creciente conciencia religiosa de este personaje. Ryan está herida por la vida, y la muerte prematura de su pequeña hija mantiene vivo su profundo anhelo de un más alláredentor. El personaje de Clooney es aparentemente más cínico, más sobrado de autoestima; es un hombre que ya no ama ni es amado, pero que, como el buen ladrón del Evangelio, ve cómo su vida se llena de sentido en su último gesto, en su decisión final.

Es fundamental el ¡Gracias! de Ryan antes de mirar al cielo en el desenlace final. Basta ese plano para dotar a todo el drama del film de un sentido nuevo y más profundo. El éxito no es sólo fruto de nuestra aguerrida voluntad, sino que hay una Providencia que vela por nuestro destino.

Las flores de la guerra

Mejor director (Zhang Yimou)
Mejor película de tema histórico

Un año más, y ya son muchos, el director chino Zhang Yimou vuelve a triunfar en los premios Alfa y Omega, en esta ocasión con una película de tema histórico, en la que combina la poesía de sus mejores cintas, con la aparatosidad digital de sus películas de artes marciales. La película es la adaptación de una novela histórica de Yan Geling, titulada Las 13 mujeres de Nankín. El propio novelista y Liu Heng son los guionistas. La historia comienza el 13 de diciembre de 1937, en plena guerra chino-japonesa, cuando el ejército imperial nipón ha tomado brutalmente la capital, Nankín. Una joven narradora Shu (Zhang Xinyi) va a conducirnos por una historia trágica de dimensiones épicas. El protagonista es un embalsamador americano, John Miller (Christian Bale), que trata de llegar entre bombas a la llamada catedral de Manchester, para enterrar al párroco y cobrar por su inhumación. Al llegar allí, sólo quedan las 12 alumnas de un convento católico, de unos trece años de edad cada una, y George Chen (Huang Tianyuan), un jovencito huérfano asistente del párroco. El licencioso y borracho John decide a regañadientes proteger a esas chicas, ya que el ejército, comandado por el coronel Hasegawa (Atsuro Watanabe), rodea el edificio, aunque por razones misteriosas no parece querer violentar a sus habitantes. La historia se complica cuando doce jóvenes prostitutas de un famoso burdel corren a refugiarse en lacatedral. John tiene que hacerse pasar por sacerdote para gestionar esa delicada situación, que tendrá un conmovedor y tremendo desenlace.

Ciertamente, es una película muy dura, con situaciones muy fuertes, sin que ello signifique que Yimou pierda la elegancia que le caracteriza. Las flores de la guerra es fundamentalmente una historia de redención. John se ve obligado a convertirse en padre, no sólo porque empiece a vestir sotana, sino porque las circunstancias le llevan a asumir un rol de paternidad: tiene que cuidar, proteger, dar esperanza, atender necesidades…, y salvar a esas personas, incluso poniendo en peligro la propia vida. Además, muchos personajes tienen una historia dolorosa con su padre biológico: o le han perdido, o tuvieron con él una relación traumática. Esa paternidad sobrevenida le hace a John encontrar un sentido a su errática existencia, y le lleva incluso a recurrir al Padre con mayúsculas, con el que no tenía ninguna relación desde pequeño. Y la paternidad tiene otro referente en el personaje del colaboracionista señor Meng, un padre incomprendido por su hija pero que sólo piensa en salvarla.

También es una película sobre el sacrificio. Las prostitutas y John van comprendiendo que hay una posibilidad de redención en sus vidas, y que ésta pasa por el sacrificio, un sacrificio que sirva para salvaguardar la poca inocencia que aún queda en aquel infierno. La simbología visual del film, muy profusa como siempre en Yimou, tiene un referente privilegiado: todas las vidrieras, especialmente la del rosetón, que es como el ojo luminoso de Dios que lo ve todo, y que une el mundo de la luz de la salvación, con el tenebroso ámbito de la muerte y el horror. Los personajes que viven en la catedral son los únicos que pueden verse bañados por esa Luz alegre que viene de lo alto. De hecho, el plano final desde la vidriera polícroma del rosetón puede verse como una esperanzada metáfora de la entrada al Paraíso, el lugar de la Luz donde las cosas vuelven a ser bellas después de haber vencido a la muerte.

Un Dios prohibido

Mejor película sobre la fe

Un Dios prohibido, de Pablo Moreno, es una impactante película que nos asoma a uno de los sucesos más significativos de la persecución religiosa en nuestra Guerra Civil: el martirio de los claretianos de Barbastro. Con ella, Moreno afronta varios retos: abandonar la temática bíblica, su especialidad; dirigir a un importante elenco de actores, algo para lo que ha contado con la ayuda de Jacobo Muñoz; y asumir un presupuesto y diseño de producción sensiblemente superiores a sus anteriores films.

La cinta está realizada por encargo de la congregación claretiana, y su objetivo es la recreación de esas semanas que precedieron, en agosto de 1936, al martirio de un grupo de 51 seminaristas y sacerdotes claretianos de Barbastro, martirio precedido por las torturas y asesinato del obispo de la diócesis, el Beato Florentino Asensio. Y aquí estriba el reto principal que, tanto el guionista Juanjo Díaz Polo como el director, han resuelto notablemente: contar una historia de odio sin odio, y mostrar unos hechos brutales sin morbo. La ausencia en Un Dios prohibidode maniqueísmos, revanchismos, simplismos…, y tantos ismos que lastran la mayoría de nuestras películas sobre la contienda nacional, es sin duda su mejor baza. No existe un único protagonista en Un Dios prohibido. La película es eminentemente coral. Muchos actores y muy bien dirigidos. Son protagonistas los religiosos y son protagonistas las milicias populares. Y en cada grupo hay individualidades más desarrolladas desde el punto de vista dramático, enriquecidas con matices y complejidades, como es el caso de Esteban (Javier Suárez), un seminarista que quiere ser seducido y salvado por Trini, una miliciana (Elena Furiase); o el líder de la CNT, Eugenio Sopena (interpretado por Jacobo Muñoz, director del casting), que trató de imponer la moderación a las hordas anarquistas, o el Hermano Vall, cocinero del Seminario (Juan Lombardero), testigo sufriente de toda aquella barbarie. Y no podemos olvidar al Beato de etnia gitana Ceferino Giménez, el Pelé, bellamente retratado en el film.

La película, ante todo, es el testimonio de fe, amor a Dios y perdón de unos jovencísimos seminaristas a quienes ofrecen la libertad a cambio de colgar la sotana. No están interesados en hacer política, ni buscan polemizar con los republicanos. Sólo quieren ser fieles a su vocación y obedientes a la voluntad de Dios. No se sienten llamados al heroísmo, pero no pueden negar a Cristo. Así de sencillo.

October baby

Mejor película sobre la familia

Los directores Jon y Andrew Erwin son cineastas de identidad cristiana, que recrean muy libremente, en October baby, un episodio real de la vida de la californiana Gianna Jessen. En 1977, ella nació por accidente, ya que fue fruto de aborto mal realizado cuando su madre estaba de siete semanas. Ha tenido muchas deficiencias motoras, superadas gracias al esfuerzo y la oración de su madre y hermana adoptivas.

Los hermanos Erwin han cambiado mucho la historia al llevarla al film, pero han conservado los aspectos nucleares, se han inspirado en las propias declaraciones de Gianna e incluso han incluido una canción suya en la banda sonora. En realidad, los directores y la guionista, Theresa Preston, entrevistaron a muchas mujeres que habían vivido experiencias relacionadas con el aborto, y de ahí sacaron ideas que están incluidas en el film. La cinta arranca cuando Hanna (Rachel Hendrix, que ya había trabajado para los hermanos Erwin) tiene 19 años y se entera de que sus padres son adoptivos. Inicia un recorrido de descubrimiento e investigación de su propia vida, que la van a llevar hasta su madre biológica, algo que también sucedió en la vida real de Gianna. En todo ello contará con la ayuda de Jason, su amigo de toda la vida.

La producción y planificación es muy de tvmovie, pero la película está resuelta con buen oficio, en base a un buen guión, y unos excelentes actores, casi todos desconocidos, pero que ya habían trabajado con el equipo de Arwin y Stokes. Lo más interesante es la forma muy afinada y correcta en que desarrollan los procesos de perdón y reelaboración de la propia identidad. Más que una película sobre el aborto, trata de la necesidad del perdón y de vínculos para poder caminar en la vida.

7 cajas

Mejor película de contenido social

Original película paraguaya de Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori. Se trata de un thriller con aderezos cómicos que protagoniza Víctor, un carretillero adolescente que trabaja como recadero en el Mercado 4 de Asunción. Un día recibe un encargo bien pagado: llevar a otro puesto del Mercado una carretilla con siete cajas que parecen contener algo sumamente valioso. A través de historias cruzadas de otros personajes del Mercado que vamos conociendo (su amiga Liz, la dependienta de una tienda de móviles, las cocineras de un restaurante chino…), se va desvelando la verdadera naturaleza del encargo, que esconde un insospechado secreto.

La película, hablada en castellano y quechua, está rodada casi íntegramente en el Mercado, un auténtico laberinto humano de caos, trapicheos y profesionales de la supervivencia. El tono combina el crudo realismo social sucio, de estilo mejicano, con un tono amable, que encarnan los personajes más inocentes, más humanos. Pero también el cóctel incluye escenas de acción, otras surrealistas -casi cómicas-, momentos románticos, e incluso secuencias de violencia de aderezos gore, de ecos coreanos. El resultado, sorprendentemente, funciona, engancha al espectador y nos ofrece una película notable. El retrato antropológico es de mínimos, con un Víctor que sólo sueña con salir en la tele, el policía que sólo aspira a hacerse con un móvil, o Liz que daría todo por un beso de Víctor. Pero el conjunto es amable, y se agradece la religiosidad católica natural de los personajes y su sentido espontáneo de la solidaridad.

Ernest & Celestine

Mejor película de animación

Stéphane Aubier, Vincent Patar y Benjamin Renner son los responsables de esta maravillosa adaptación de los libros infantiles de Gabrielle Vincent. El productor, Didier Brunner, tiene un merecido prestigio en el cine de animación como productor del premiado corto La anciana y las palomas, de la original trilogía de largometrajes sobre Kirikú, y de las espléndidas Bienvenidos a Belleville y El secreto del libro de Kells. Con un aire a los dibujos de Beatrix Potter, esta película de dibujo tradicional en 2D crea unos personajes entrañables, con colores pastel, y ofrece un argumento original, muy bien llevado, con emoción, diversión y propuestas valiosas desde el punto de vista educativo. Aunque tiene personalidad propia, la película se sitúa estéticamente a medio camino entre las maravillas del maestro japonés Hayao Miyazaki y el universo literario y fílmico de la saga sobre Winnie the Pooh, iniciada en 1926 por el escritor inglés A. A. Milne. Esta calidad formal se refuerza con la deliciosa banda sonora de Vincent Courtois, y se pone al servicio de un guión ágil y divertido, que cuenta la amistad entre un oso y una ratoncita, en un mundo en que ambas especies viven un odio mutuo infranqueable. Los osos habitan en la superficie, y los ratones en el subsuelo. Una historia de aceptación de la diferencia, de superación de los prejuicios; un canto a la amistad. Una película familiar, para pequeños y mayores a partes iguales.

Amor y letras

Mejor guión original (Jos Radnor)

El cineasta de Ohio Josh Radnor, que sorprendió positivamente con su debut en el largometraje con Happy Thank you more please, volvió este año a dejar el listón alto con Amor y letras, comedia romántica que él escribe, produce, dirige e interpreta. Esta comediaindie, que recuerda mucho al mejor Woody Allen en su amor por Nueva York, cuenta el proceso de maduración de unos personajes nacidos en la posmoderna sociedad del síndrome de Peter Pan. Jesse (Josh Radnor) es un profesor universitario de Nueva York enamorado de la literatura gracias a dos profesores suyos. Viaja a Ohio, a la Universidad donde estudió, para asistir al homenaje a uno de sus maestros, el recién jubilado profesor Hoberg (Richard Jenkins). Allí conoce a una joven estudiante, Zibby (Elizabeth Olsen), y entre ellos nace una química que termina en mutuo enamoramiento.

Aunque arranca como clásica comedia romántica, supuestamente previsible, va llevando por caminos distintos a los esperados, y se convierte en hermosa reflexión sobre lo que significa vivir el presente, rechazando la tentación de ser un eterno adolescente. El proceso de envejecer es el centro de atención de una cinta contracorriente, que valora la sabiduría de la madurez sobre una idílica concepción de la juventud. Al margen de esto, Amor y letras es un homenaje a la profesión docente, una reivindicación de la buena literatura (sorprendente el ataque -matizado- que hace de la saga Crepúsculo) y una exaltación de la belleza de la música clásica. Toda la cinta está atravesada de una experiencia positiva de la vida, e incluso con sutiles gestos de religiosidad.

Capitán Phillips

Mejor guión adaptado (Billy Ray)

El director británico Paul Greengrass ya mostró su capacidad para recrear trágicos sucesos reales en películas como Bloody Sunday oUnited 93, y sus dotes para el cine de acción trepidante en filmes como El mito de BourneEl ultimátum de Bourne o Green Zone: Distrito protegido. De nuevo, da el do de pecho con Capitán Phillips, que reconstruye la epopeya del marino mercante estadounidense Richard Phillips, basada en el libro El deber de un capitán: piratas somalíes, SEALS de la marina y días peligrosos en el mar, escrito por el propio Phillips y el periodista Stephan Talty. La acción se desarrolla en 2009, y sigue los pasos del capitán Phillips (Tom Hanks), al mando del Maersk Alabama, cuando navega rumbo a Mombasa. Casado y con dos hijos, Phillips es un hombre equilibrado y meticuloso, que cuida de su barco y su tripulación, y extrema las medidas de seguridad. A pesar de ello, no puede evitar que el Maersk Alabamasea abordado por cuatro temerarios piratas somalíes, liderados por un tal Muse (Barkhard Abdi). El capitán logra dar la alarma a las autoridades internacionales, ocultar a la tripulación y gestionar con calma el rescate que solicitan los piratas. Pero la situación se le va de las manos poco antes de que llegue en su rescate la flota militar USA destacada en la zona.

Con este film de pulso medido, Greengrass confirma su dominio de la puesta en escena, y el pulso narrativo y dramático, exprimiendo al máximo un guion lleno de matices. Además, arranca unas interpretaciones excelentes a Tom Hanks -esa memorable secuencia final…- y al debutante Barkhad Abdi, que está siempre a su altura. Todo ello, sin perder un veraz tono hiperrealista -casi documental, a menudo cámara en mano-, una claridad narrativa sorprendente y una gran hondura dramática y moral en su descripción de los diversos conflictos interiores de los asaltados, los asaltantes y los rescatadores.

Lincoln

Mejor actor principal (Daniel Day Lewis)

Película histórica que arranca en 1865, después de que Abraham Lincoln (Daniel Day-Lewis) fuera reelegido Presidente de Estados Unidos, tras arrogarse poderes especiales y declarar la emancipación de los esclavos, en un intento de poner fin a la sangrienta Guerra de Secesión, iniciada cuatro años antes por los Estados del Sur separados de la Unión. Los líderes confederados ya intentan negociar una paz digna; pero, antes de firmar, Lincoln quiere que el Congreso ratifique la 13ª Enmienda de la Constitución, ya aprobada por el Senado, que abolirá la esclavitud definitivamente en todos los Estados Unidos.

Con muchos paralelismos con La conspiración, de Robert Redford, esta de Steven Spielberg es una gran película histórica, con momentos de thriller político, leves apuntes intimistas sobre la familia y algunas breves pero intensas escapadas a los campos de batalla de la Guerra de Secesión. El guión perfila a la perfección todos los personajes, hasta los más pequeños, facilitando así el lucimiento de los actores, sobresaliendo un extraordinario Daniel Day-Lewis acompañado de Tommy Lee Jones -que da vida al líder republicano radical Thaddeus Stevens-, o David Strathairn, en la piel del Secretario de Estado William H. Seward. Menos rotundos, aunque notables, son los trabajos de la veterana Sally Field -que da vida a Mary Todd, la esposa de Lincoln- y del joven Joseph Gordon-Levitt, que encarna a Robert Lincoln, el hijo del Presidente.

Otro acierto del guión es que muestra los entresijos de la política de Lincoln de un modo bastante neutral, sin caer en la hagiografía ni en el cinismo, remarcando la gran talla moral y política del Presidente -firme y generoso a la vez con los confederados-, pero mostrando también sus maniobras fuera de la ley para comprar los votos demócratas que necesitaba. Además, el filme subraya con acierto las hondas motivaciones cristianas de los defensores de la abolición de la esclavitud y su invocación al derecho natural, frente al frío positivismo y la confusa religiosidad de sus oponentes.

Cristiada

Mejor actor secundario (Mauricio Kuri)

Impresionante y conmovedora película sobre la guerra cristera mejicana y sobre el martirio de José Sánchez del Río. Un tema difícil tratado con exquisitez y acierto. Una de esas cintas imprescindibles para la historiografía fílmica de la Iglesia, con capital mejicano al servicio de una superproducción dirigida por Dean Wright, debutante director nominado al Oscar en 2006 por los efectos visuales de Las crónicas de Narnia, y antes conocido por sus trabajos en Titanic o El señor de los Anillos. El productor mejicano Pablo Barroso, tras reunir varios guiones sobre la Cristiada, o Guerra de los cristeros, contrató al guionista hollywoodiense Michael Love para unificar las historias, y afrontar una producción de 10 millones de dólares que contara las luces y sombras de lo que llenó de sangre la historia de Méjico y la de la Iglesia de los años veinte.

La película abarca desde la promulgación de la ley anticatólica del Presidente revolucionario Plutarco Calles, hasta el acuerdo entre Méjico y Roma, que propició Estados Unidos, y que acabó con la revuelta cristera. Aquella ley supuso el asesinato de sacerdotes y católicos, la destrucción de iglesias, y la persecución a muerte de cualquier síntoma de religiosidad. Gran parte del pueblo creyente, y algunos sacerdotes, decidieron parar esa barbarie a toda costa, y acabaron cogiendo las armas contra el Gobierno. Comenzó así la guerra cristera que dejó miles y miles de muertos en ambos bandos.

La película deja muy claro que la posición del mártir es la más fiel a la vocación cristiana, frente a la opción de la violencia. En la película hay tres mártires, que son el punto más luminoso de toda la enorme galería de personajes: el niño José Sánchez del Río -uno de los grandes protagonistas e interpretado magistralmente por Mauricio Kuri-, su maestro, el padre Christopher -encarnado por el ya desaparecido Peter O´Toole-, y Anacleto González Flores, un abogado interpretado por Eduardo Verástegui. Aunque en los tres tiene luz propia la fuerza de su fe, es el caso del niño José el más impactante por su evolución, su radicalidad y también, sin duda, su dureza. José tiene muchas oportunidades de salvar la vida: sólo tiene que negar a Cristo. Ni la tortura ni el dolor de sus padres podrán disuadirle de gritar ¡Viva Cristo Rey! hasta el final.

Hanna Arendt

Mejor actriz principal (Bárbara Sukova)

Otra película histórica, en este caso referida a Adolf Eichmann, el nazi que coordinaba el transporte de los judíos a los campos de concentración. Al finalizar la guerra, huyó a la Argentina, donde llevó una vida normal durante 15 años ocultando su verdadera identidad. En 1961, tras su secuestro y traslado ilegal a Israel, se inició en Jerusalén el juicio a Eichmann, acusado de genocidio contra el pueblo judío durante la Segunda Guerra Mundial y de crímenes contra la Humanidad. La cuestión es que el juicio tuvo un importante eco internacional, y fue objeto de intensas polémicas. Por ello, medios de todo el mundo quisieron enviar corresponsales. The New Yorker envió, a petición de ella, a una conocida filósofa judía alemana en el exilio, discípula -y algo más- de Heidegger y afincada en Estados Unidos desde 1941, Hannah Arendt.

La película Hannah Arendt, de Margaret von Trotta -su anterior largometraje, Visión, estaba también dedicado a una singular mujer, la religiosa mística Hildegarda von Bingen-, arranca en ese preciso momento, y cuenta las reacciones que se produjeron entre los judíos cuando el New Yorker comenzó a publicar sus artículos, recopilados finalmente en un libro editado en 1963 en Nueva York: Eichmann en Jerusalén: un estudio sobre la banalidad del mal. En ellos, Arendt definía a Eichmann como un burócrata, que obedecía automáticamente las órdenes de sus superiores sin cuestionarse nada, sin que su humanidad ni su conciencia se pusieran en juego. A esa situación indolente, que los filósofos antitotalitarios del movimiento Carta 77 llamarían posteriormente escatología de la impersonalidad, Arendt la denominó la banalidad del mal. Esta reflexión fue criticada por pensadores judíos, pero lo que realmente la enemistó con gran parte de la comunidad judía, y con sus colegas hebreos de la Universidad, fueron los párrafos que dedicó a los conocidos Consejos Judíos, a los que acusó de cierto colaboracionismo con el Tercer Reich. Intentaron echarle de la universidad, y gran parte de sus amigos le retiraron el saludo. Especialmente doloroso para Arendt fue su ruptura con Hans Jonas (Ulrich Noethen), amigo del alma que se negó a volver a hablarle. Él la acusó de antisionista, y como tantos viejos amigos, decidieron que Hannah no estaba involucrada en el destino de su pueblo. Ella se sintió incomprendida, sola e injustamente tratada. Este revés en la vida de Hannah es precisamente de lo que trata el film. Éste consigue introducirnos en el sufrimiento de Arendt, en su coherencia moral, en sus conflictos íntimos, en su carácter audaz. Por supuesto que esto no hubiera sido posible sin la magistral interpretación de la actriz alemana Barbara Sukowa, que hizo de Hildegarda von Bingen en la antedichaVisión. En definitiva, una película muy instructiva e interesante, que debieran verla no sólo los amantes de la Historia, sino los estudiantes de filosofía, de Derecho y de ciencias políticas.

Una canción para Marion

Mejor actriz secundaria (Vanessa Redgrave)

Esta película es un excelente canto al matrimonio, y a la familia en general. Es como el negativo de la famosa Amor, de Haneke. Marion (Vanessa Redgrave) es una mujer mayor, casada y con un hijo, que está viviendo el final de su cáncer terminal. Es una mujer alegre y positiva, mientras que su marido es borde y desagradable. Y para colmo tiene una relación muy deteriorada con su hijo, James. Pese a su estado terminal, la gran ilusión de Marion es cantar en un coro para jubilados, donde es muy querida, y participar en un inminente concurso.

Se trata de una emotiva comedia dramática que nos habla del verdadero amor, de la superación del dolor, de la reconciliación y del valor de la vida… y de la muerte. Destacan las interpretaciones del dúo protagonista, Vanessa Redgrave y Terence Stamp.

Anna Karenina

Mejor fotografía (Seamus McGarvey)

Son muchas las versiones cinematográficas, televisivas y teatrales que se han hecho de la obra de Tolstoi, siendo la de Clarence Brown, con Greta Garbo, la adaptación más canónica y redonda desde el punto de vista cinematográfico. En 1997, Bernard Rose rodó la primera versión moderna para la gran pantalla, con Sophie Marceau en el papel protagonista. Ahora, Joe Wright, que en cierto modo parece el nuevo James Ivory del siglo XXI, opta por distanciarse de los cánones clásicos de sus predecesoras, y ofrecer una puesta en escena original, basada en el espacio físico teatral, pero dilatado por la magia del cine.

El argumento es muy fiel a la Historia: en la Rusia de fines del siglo XIX, la aristócrata Anna Karenina sucumbe a una pasión adúltera que la lleva a la autodestrucción. Sin embargo, frente a lecturas más feministas de la obra, el guión de Tom Stoppard subraya el delirio irracional de esta mujer, y la injusticia infringida a su marido. También lo religioso aparece con más personalidad que en otras versiones. Keira Knightley es una actriz excelente, aunque no llega a alcanzar la intangibilidad de la divina en la versión sonora de 1935. Alekséi Karenin adquiere más ternura de la mano de Jude Law, y la madre del Conde Vronsky está convincentemente interpretada por la brillante Olivia Williams. Lo más interesante es, sin duda, el aspecto visual del film: puesta en escena, curiosas coreografías, dirección artística y su premiada fotografía.

El impostor

Mejor documental

Este documental es una mezcla de recreación ficticia y documental, donde ficción y realidad se confunden. Nos explica cómo el francés Frédéric Bordin a sus 23 años suplantó la identidad de un chaval de 16, estadounidense, desaparecido tres años atrás. Este individuo estuvo seis años en la cárcel por perjurio y documentación falsa. La dirección, a cargo de Bart Layton, consigue atrapar al espectador con un guión lleno de giros argumentales. El impostor es, en el fondo, una reflexión sobre la necesidad de sentirse amado. Ése es el motor de todos los alambicados disparates del protagonista. Un film que dejará atónito al espectador, que concluirá afirmando, una vez más, que la realidad supera a la ficción.

Juan Orellana en Alfa y Omega
Agencia SIC
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