¿Iglesia manipulada? ¿Iglesia libre?

AGUSTINCORTÉSMons. Agustí Cortés Soriano     Como decimos, la Constitución sobre La Iglesia en el mundo actual del Concilio Vaticano II (Gaudium et Spes) marcó un estilo y un programa para la Iglesia en su relación con el mundo. La letra y el espíritu de este documento ya daban por supuesto el principio de que la Iglesia y el mundo no se identifican sin más, no se confunden de hecho. La Iglesia, de acuerdo con la otra gran Constitución del Concilio, Sobre la Iglesia (Lumen Gentium) es el Pueblo formado por los que creen en Jesucristo y son bautizados en su nombre. El mundo es el resto de la humanidad.

Con ello se daba por superado el llamado “régimen de cristiandad”, que se caracterizaba precisamente por la relevancia de la Iglesia, impregnando prácticamente toda la civilización y la cultura occidental: se suponía que uno era cristiano por el hecho de haber nacido en una cultura “cristiana”. Aun hoy, se dan casos de países que se consideran a sí mismos confesionales, con una confesión religiosa oficial, el protestantismo, como el Reino Unido o Dinamarca.

La distinción Iglesia – mundo y, correspondientemente, Iglesia – Estado o Iglesia – opción política (en sus diversos grados y maneras: proyectos sociales concretos, ideologías, partidos, etc.) ha venido siendo afirmada y defendida por la misma Iglesia. Sin embargo, se dan dos corrientes de pensamiento contradictorias, que parecen ignorarlo. No pocas veces son sostenidas paradójicamente por las mismas personas. Una, la corriente laicista, que no soporta que la Iglesia diga una palabra sobre cuestiones sociales o culturales. Otra, la corriente que busca y reclama la intervención de la Iglesia para que ésta apoye una determinada causa u opción política. Suelen decir que así la Iglesia demostrará “que está con el pueblo”. Se puede explicar esta contradicción teniendo en cuenta que, en realidad, lo que desean es hacer triunfar su causa, que ellos identifican sin más con la causa del pueblo. En la medida, por tanto, en que la Iglesia les apoye aceptarán o “soportarán” su existencia.

Ante este hecho uno puede, haciendo acopio de generosidad y humildad, dejarse utilizar, si la causa es buena. Una postura que se vino dando tan frecuentemente en la Iglesia española a lo largo de todo el proceso de la transición política a la democracia. Pero resuenan en la propia conciencia un montón de preguntas, no fáciles de responder: ¿es realmente buena esa causa? O, al menos, ¿es tan buena, tan decisiva, como para merecer ese despojamiento de la Iglesia? ¿Tiene tanto peso, como para que todo cristiano, en nombre del mismo Evangelio, se sienta obligado a seguirla?

Evidentemente esta “utilización” de la Iglesia ocurre cuando se cree que la Iglesia tiene algún poder (influencia, capacidad, etc.). También resulta paradójico que quienes lo hacen, al mismo tiempo, no dejan de afirmar que la Iglesia va a menos porque pierde clientela…

En todo caso, persiste en nosotros la ilusión de una Iglesia realmente libre. Y viene a la memoria aquel impresionante testimonio de María Skobtsov, viviendo exiliada en Francia entre los compatriotas emigrantes más pobres:

”Nosotros que estamos proyectados en la emigración, estamos suspendidos entre el cielo y la tierra. Nuestra Iglesia, sin embargo, nunca ha sido tan libre. Libertad tan grande que da vértigo. Nuestra misión es mostrar que una Iglesia tan libre puede hacer milagros. Y si somos capaces de aportar a Rusia nuestro espíritu nuevo, libre, creador y audaz, habremos conseguido nuestro objetivo”.

Bendita pobreza que, con la Verdad, nos trae la libertad.

Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.