Creo en la vida eterna. Amén

perez_gonzalezMons. Francisco Pérez     Creo en la vida eterna es la segunda parte del último artículo del Credo. Es una consecuencia de la fe en la resurrección. Resucitaremos para vivir felices en la vida eterna metidos en el amor de Dios. El proyecto de la vida eterna aparece al final del Credo, pero es lo que tenemos que poner al inicio de nuestro camino en la vida. Vamos hacia una meta que es la vida eterna. Tenemos que elegir el mejor camino para llegar. Todo lo que nos suceda en esta vida, también la muerte, tendrá un sentido si conseguimos llegar felizmente a la meta del cielo.

El pensamiento de la vida eterna además de recordarnos el camino que hemos de seguir nos anuncia especialmente las últimas realidades que han de suceder para llegar a ella. Creemos que después de la muerte habrá un juicio. Cada uno dará cuenta ante Dios de lo que ha hecho en la vida. El Evangelio lo recuerda en la parábola del pobre Lázaro y del rico Epulón. Ambos son juzgados y tienen un destino dispar. Uno va a la felicidad y el otro al suplicio eternos (cf. Lc 16, 22). Para llegar al cielo es necesario morir en gracia de Dios y poder responder con buenas obras realizadas al examen de Cristo que será amigo y hermano misericordioso y también juez justo. Dice San Juan de la Cruz: “A atardecer de la vida te examinarán en el amor” (Avisos y sentencias, 57).

Nosotros aspiramos al cielo donde viviremos eternamente en el amor de la Santísima Trinidad, con la Virgen María, los santos y todos los salvados, alabando eternamente la bondad de Dios. “El cielo es el fin último y la realización de las aspiraciones más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha”. (CEC 1024) Nos anima con hermosas palabras San Cipriano de Cartago: “¡Cuál no será tu gloria y tu dicha!: Ser admitido a ver a Dios, tener el honor de participar en las alegrías de la salvación y de la luz eterna en compañía de Cristo, el Señor tu Dios […], gozar en el Reino de los cielos en compañía de los justos y de los amigos de Dios, las alegrías de la inmortalidad alcanzada” (Epistula 58, 10).

A este respecto hay una experiencia de una joven beatificada por el Papa Benedicto XVI que se llama Chiara Luce. Y en los últimos momentos de su vida decía: “No veo la hora de irme ya al Paraíso”. Es un momento culmen de una ofrenda hecha por amor a Jesucristo. Ya no la importa ninguna otra cosa. Sólo piensa en el amor de Dios y quiere ya poseerlo para siempre. La enfermedad dura y difícil, por la que tuvo que pasar la Beata Chiara Luce, le hace comprender que sólo en Dios uno encuentra la verdadera salud y felicidad.

Cualquier momento de dolor ofrecido por amor era para ella un momento de ofrecimiento agradable para el Señor. Relata ella misma: “estaba demasiado absorbida por muchas ambiciones, proyectos y más cosas (que ahora me parecen tan insignificantes, fútiles y pasajeras). Me esperaba otro mundo, y no me quedaba más que abandonarme. Pero ahora me siento envuelta en un espléndido designio que se me va desvelando poco a poco”. La víspera de su muerte quiere despedirse de sus amigos, que están en casa. No le queda ni un hilo de fuerza, pero consigue de todos modos reservarles una sonrisa a cada uno o un signo con la mano. Giuliano está entre está entre ellos y dice: “Hay que tener el valor de dejar de lado ambiciones y proyectos que destruyen el auténtico sentido de la vida, que es creer en el amor de Dios y nada más”.

Termina el credo con la palabra “Amén”, que por ser tan repetida puede ser rutinaria y pasar desapercibida. Significa que estamos de acuerdo con todo lo dicho, que deseamos de todo corazón que sea así como lo hemos profesado. Significa que creemos que Dios es fiel y que podemos confiar en Él. Bien merece vivir para Dios en la vida si después se puede vivir para siempre con él.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).