El mensaje semanal del Obispo de Cuenca

Mons. YanguasMons. José Mª Yanguas      Nos ocupamos esta semana del cuarto capítulo de la Exhortación Apostólica del Papa Francisco Evangelii gaudium, “la alegría del Evangelio”. Por mejor decir, vamos a tratar de los dos primeros apartados de este capítulo que van de los números 176 a 216. El título del capítulo, La dimensión social de la Evangelización, indica ya, claramente, su contenido. En él se van a poner de relieve algunas de las principales y más fundamentales consecuencias comunitarias y sociales de la Evangelización.

El primer anuncio del Evangelio, es decir, la predicación de lo que constituye el núcleo fundamental, básico, de la Buena Nueva, tiene, dice el Papa, “un contenido ineludiblemente social: en el corazón mismo del Evangelio está la vida comunitaria y el compromiso con los otros” (n. 177). El hombre o la mujer, quienesquiera que sean, son algo más que un individuo, son personas, a cuya naturaleza pertenece ser un nudo de relaciones. Iluminado el hombre por la luz del Evangelio, queda iluminada inmediatamente esa red de relaciones que es parte de él. El Evangelio cambia al hombre, lo redime, y por tanto trasforma y redime también el mundo de sus relaciones. Estas están presididas por el deseo, por la búsqueda y el cuidado del bien de los demás (cf. 178). Como dice Papa Francisco, existe una inseparable conexión entre aceptación del Evangelio y efectivo amor a los demás, que son como una “permanente prolongación de la Encarnación”. Es decir, son el mismo Cristo: lo que hacemos a los demás lo hacemos a Cristo (cf. n. 179).

Pero el Papa precisa que nuestro amor a los demás no pude reducirse a una serie de gestos personales dirigidos a personas concretas; el amor a los demás nos lleva a procurar instaurar el Reino de Dios en este mundo, de manera que la vida social sea un “ámbito de fraternidad, de justicia, de paz, de dignidad para todos” (n. 180). La religión no puede ni debe recluirse en el corazón de las conciencias, porque no sólo tiene que ver con la salvación personal. Tiene que ver, mucho y de manera necesaria, con el orden social y sus estructuras, con la configuración de este mundo, con el bien común. Una fe auténtica incluye siempre el deseo de cambiar, de mejorar este mundo; invita, más, obliga a empeñarse en la trasformación según Dios de este mundo.

Sabemos que el orden justo de la sociedad y del estado es una tarea de la política, pero la Iglesia no puede desentenderse del empeño por la justicia, por un mundo más justo y mejor (n.183). El Evangelio orienta e ilumina ese empeño, y ofrece, además, las líneas maestras y la fuerza para llevarlo a cabo. El Papa destaca dos de esas líneas:

La primera tiene que ver con la inclusión de los pobres, es decir, con la preocupación por el desarrollo integral de los más abandonados y por su integración en la sociedad. La Iglesia tiene que escuchar el clamor de los pobres y debe dar respuesta a ese clamor. ¿Cómo? Entre otras cosas, creando y difundiendo una conciencia, una mentalidad que piense en términos de comunidad, que nos lleve a ir más allá de lo que sirve al interés personal, que dé prioridad a la vida de todos, que inculque en el corazón de personas y pueblos que los bienes de la tierra están destinados a todos y que la propiedad privada tiene también una función social (n. 189). La difusión de esta mentalidad hará más fácil vivir la virtud social de la solidaridad entre los hombres y los pueblos, sin ser nunca indulgentes o cómplices, de situaciones intolerables de injusticia.

La segunda línea orientativa de la acción señalada por el Papa es la que lleva a otorgar a los pobres un lugar privilegiado en el Pueblo de Dios e inspira la así llamada opción preferencial por los pobres; con ello se precisa quién tiene la primacía en el orden de la caridad. El Papa quiere reclamar la atención de todos para que no se olvide que nadie puede sentirse exceptuado de la preocupación por los pobres. Papa Francisco quiere una Iglesia pobre para los pobres, una Iglesia que los pone en el centro de su camino terreno.

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).