Decidir sobre la vida

Mons. Braulio Rodríguez PlazaMons. Braulio Rodríguez     Una vida solamente puede ser libre, si asume la grave responsabilidad de sus actos; para ello hay que dotar de su precisa densidad moral a los actos humanos. ¿Cómo conseguimos esta densidad los hombres y mujeres? Sencillamente, si preservamos en nosotros una vigorosa conciencia del respeto a la dignidad humana. No hace mucho afirmé en estas páginas que existe en España una mentalidad abortista muy notable. Quisiera matizar esta afirmación.

No pienso que haya entre nosotros mucha gente depravada que busque el aborto en sí mismo, a pesar de que haya muchos que buscan abortar como un método anticonceptivo más. Lo que sí existe en nuestra sociedad
es una confusión tal que entiendo la dificultad de decidir a favor de la vida. No lo digo yo; lo afirma el historiador Fernando García de Cortázar (véase diario ABC, el 9 de enero de 2014): «Con semejante alboroto
nuestra pintoresca izquierda convierte el debate parlamentario en un espasmo cerril, zaragatero y triste que aleja a España de la modernidad y la devuelve al temblor de un viejo anticlericalismo con olor a moho».

Realmente es difícil un debate sereno, alejado de insultos o acusaciones, a las que se añaden manifestaciones
insultantes sean o no pertinentes, vayan contra quien vayan. Decidir por la vida engendrada se ha convertido en un ejercicio imposible, sobre todo para los partidarios del sí a esa vida y contrarios a cualquier tipo de aborto. ¿Valen aquí las mayorías en los parlamentos y otros lugares de decisión? Existe todo tipo de casos: no se acepta la mayoría existente en el Parlamento, pero se acepta en otras estancias o lugares de poder. Incluso se defienden manifestaciones agresivas, siempre reprobables, contra personas que defienden la vida.

Sin duda que una ley sustente unos valores o comportamientos morales sólo porque responden a una mayoría electoral es tal vez el síntoma de lo mal que estamos y una señal del «profundo malestar de nuestra cultura». En efecto, un asunto tan trascendental, que atañe al concepto de persona, a la libertad individual y a la preservación de derechos fundamentales no debería regularse por meras conveniencias, sean a favor del Gobierno de turno o de la oposición. Estoy convencido –lo digo de nuevo– de que no estamos ante una cuestión, la del aborto, que afecte exclusivamente a las creencias religiosas de cada ciudadano, pese a la obsesión de partidos de izquierda con el catolicismo en este punto.

Porque el aborto supone extinguir una vida humana. Sobre esto no hay discusión posible, puesto que es inequívoco y contundente el acuerdo de los científicos acerca del comienzo de una vida propia e independiente de los padres, en especial de la madre, desde el mismo momento de la fecundación. Vida que se prolongará en el orden natural de las cosas por todo el tiempo que transcurra hasta la muerte permaneciendo siempre la misma y del mismo quién. ¿Por qué no es aceptado este presupuesto, que critica cualquier ley que acepte el aborto? Hay otras razones que turban el juicio. En ese caso, ¿no sería mejor proponer que discutamos qué hacer con los engendrados en embarazos no deseados?

Soy pesimista, porque no se quiere ver otras soluciones que el aborto. De todas formas, la humanidad tiene
capacidad para abordar otras soluciones. Bastaría decidir sobre la vida, no tratar de suprimirla como un derecho de la mujer. Y aquí sí, queridos hermanos católicos, debemos tener muy claro que todo niño engendrado es querido por el Señor que ama la vida, y es don para la familia y para la sociedad. «Que cada
uno, en su función y en su medio de vida, se sienta llamado a amar y servir a la vida, a acogerla, respetarla y
promoverla, especialmente cuando es frágil y está necesitada de la atención y de los cuidados, desde el seno
materno hasta su fin en esta tierra» (Papa Francisco, Ángelus del 2 de febrero de 2014).

X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.