Lo que ha supuesto la Encarnación de Dios

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora    En estos domingos antes de la Cuaresma, os brindo la idea de regustar lo que vivimos en la Navidad, pues, como siempre, suele pasar muy deprisa porque vivimos esos días especialmente acelerados. La Virgen María, anotan los evangelios, guardaba todo meditándolo en su corazón: Dios se ha hecho Hombre. Así lo considera el jesuita que nos dio los Ejercicios a los obispos el mes pasado Alain Mattheeuws: «Este movimiento de Dios hacia el hombre es aún más profundo que el acto de creación… Se llama la kenosis de Dios, es decir, ese movimiento por el cual Dios se vacía, de alguna manera, de lo que Él es substancialmente, para convertirse en un hombre como nosotros. El Hijo de Dios es Dios, pero es perfectamente humano… Es la revelación de la realidad divina que se nos escaparía si no hubiera revelación por su parte de lo que es el misterio personal de la Trinidad».

Porque Jesucristo ha venido a nosotros podemos saber quién es Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, podemos conocer lo que ama a la humanidad y cómo la ama. «El misterio de la Navidad del Señor no es un acontecimiento suave, gentil, folklórico, tradicional. Esto es lo que más tendría que impresionar a nuestra inteligencia (de hecho, esto es lo que está dentro del orden de la fe, y que es incomprensible para un judío o un musulmán). El misterio de la Encarnación es lo que más nos diferencia de todas las otras tradiciones religiosas, especialmente monoteístas».

Al hacerse Dios hombre da lugar a una relación personal y por tanto libre. La Virgen, nuestra Señora, pronunció su sí en un acto de plena libertad, que se repite, salvando las distancias, cuando cada uno de nosotros reza el Padrenuestro y libremente dice dirigiéndose a Dios Padre: «hágase tu voluntad», porque nos sabemos que, al hacerse hombre Jesucristo, nos ha liberado de todo aquello que nos esclavizaba, que no nos dejaba ser como Él, plenamente humano, expresión de la libertad que nos ha regalado al hacernos a su imagen y semejanza.

Conocer y amar a Dios en su cuerpo. No sé si caemos en la cuenta —meditamos en nuestro interior— lo que realmente esto significa. La Encarnación, que celebraremos el mes que viene, nos permite conocer al Hijo, que ha entrado, por tanto, en nuestra historia, que tiene ya historia, que ha marcado la misma en un antes y un después y que ha prolongado su presencia en la rutina y la pequeñez de nuestras vidas cristianas.

Por eso os propongo regustar su presencia, la presencia del Cuerpo de Cristo en la historia; tanto en nuestra historia personal como en la de nuestra comunidad eclesial: mi cuerpo está lleno de la vitalidad, de la vida que Él me regaló en el Bautismo, ha venido múltiples veces a mi vida en el sacramento de la Eucaristía —tomad y comed todos de Él porque esto es mi Cuerpo— y, además, en tu caso ¿puede ser en tu matrimonio? En el sacerdocio, en mi caso.

Sí, son domingos en los que contemplamos el Misterio de la Iglesia, la dimensión corporal de Jesucristo que, resucitado, prolonga en nuestras vidas y nos reúne como miembros de su Cuerpo que es la Iglesia, que somos tangibles y que estamos a todas las circunstancias de nuestros conciudadanos que nos sufren y gozan. De hecho, si mantenemos la tensión de la caridad con los más tocados por la crisis hoy, es porque no nos pueden pasar desapercibidos sus cuerpos y la dignidad que nos ha regalado a todos el amor del Dios que se ha hecho hombre.

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.