Pueblo de Dios, Iglesia que avanza

Mons. Joan PirisMons. Joan Piris      Así como en otro tiempo Israel peregrinaba por el desierto, ahora los seguidores de Jesús debemos tener muy claro que no es un eufemismo hablar de una «Iglesia en marcha», es algo constitutivo de la propia identidad. Esto nos pide aceptar el devenir como una dimensión propia y esencial. Siempre estamos en camino hacia la ciudad futura.

Del hecho de que la Iglesia sea peregrina, el Concilio Vaticano II deduce que es «imperfecta», que debe tomar conciencia de su relatividad en muchos aspectos -puesto que únicamente el Señor es Absoluto-, y que hay que vivir en continua renovación, en búsqueda permanente y en actitud de escucha del Espíritu y de sus exigencias cada día (cfr. Lumen Gentium 2 y 39).

Sin embargo esta provisionalidad constitutiva no se debe ver como huida del mundo sino, por el contrario, como algo que debe hacer más vivas las responsabilidades y que debe estimular en nosotros, cristianos, una gran solicitud para el trabajo presente y, aún más, sabiendo que condiciona nuestra propia salvación eterna (cfr. Gaudium et Spes 21 y 43). La Iglesia (y todos sus miembros) se encuentra «en” el mundo y no ha sido sacada fuera de su propia realidad humana.

Precisamente esta misma historicidad es la que nos impone vivir en un régimen de velos, de oscuridad, de distancias, de aprendizaje, de etapas intermedias, de demora, de progresividad, de caminos a recorrer. Es la condición propia de todo lo temporal y, en el caso de la Iglesia, es lo propio de un pueblo portador de Dios, que ha de difundir y hacer visible su Misterio a través del tiempo como una mediación o «pueblo sacramental». Por eso también la necesidad de su «visibilidad» institucional, limitada e imperfecta, signo y velo al mismo tiempo, funcional pero necesaria (cfr. Lumen Gentium 9 y 48).

Animo a todos los bautizados a seguir caminando como peregrinos que saben que aún no han llegado a la meta y, por ello, de ninguna manera nos podemos instalar en ideas o prácticas religiosas inamovibles, actitudes inflexibles y formas de vida que no admiten revisión o puesta en crisis. Un cristiano o un grupo que cree en Jesús debe cuestionarse de manera permanente ya que, por voluntad de Jesús, forma parte de «un pueblo en camino», en marcha hacia la plenitud. Un pueblo de pecadores, de peregrinos que ya se saben regenerados por la Muerte y Resurrección del Señor, aunque todavía no han llegado a la etapa definitiva.

El Papa Francisco no cesa de insistir, con gestos y palabras, en la necesidad de que todos y cada uno de los miembros de la Iglesia, y todas nuestras estructuras e instituciones, adoptemos una actitud de discernimiento y conversión permanente. Esto implicará, en la vida y en la misión de la Iglesia, una toma de posición clara, precisa e inequívoca, sobre la primacía absoluta de los valores evangélicos.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

+ Joan Piris Frígola,

Obispo de Lleida

Mons. Joan Piris
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Mons. D. Joan Piris Frígola nació el 28 de septiembre de 1939 en Cullera (Valencia). Fue ordenado sacerdote en Moncada el 21 de octubre de 1963. Desde 1964 a 1968 realizó los estudios de Licenciatura en Pedagogía en Roma y la Diplomatura en Catequética en el Pontificio Ateneo Salesiano de Roma. En 1971 obtuvo la Licenciatura en Pedagogía por la Universidad Civil de Valencia. En 1968 fue nombrado Vicario y de 1969 a 1974 párroco de San Fernando Rey de Valencia. Fue miembro del Grupo Promotor en España del Movimiento por un Mundo Mejor, de 1974 a 1979, fecha en la que ejerció como Director del Secretariado Diocesano y luego Delegado Episcopal de Pastoral Familiar en Valencia, hasta 1984. Este cargo lo compaginó con la dirección del Secretariado de la Subcomisión de Familia de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, en Madrid, de 1981 a 1984. CARGOS PASTORALES Ha sido párroco de diferentes parroquias de Valencia y Miembro del Consejo de Presbiterio de Valencia en 1984 y Párroco Consultor un año más tarde. Ha sido Vicario Episcopal de las demarcaciones de La Ribera, Valencia-Nordeste, Lliria-Via Madrid y Valencia-Nordeste. El 1 de marzo de 2001 fue elegido Obispo de Menorca y recibió la Ordenación Episcopal el 28 de abril de ese mismo año. El 16 de julio de 2008 fue nombrado por el Papa Benedicto XVI Obispo de Lleida y tomó posesión de la diócesis el 21 de septiembre de 2008. El 28 de julio de 2015 el Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral (2001-2005) y desde 2005 es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, de la que fue Presidente de 2009 a 2014.