He estado, estoy o estaré enfermo. Los enfermos, los preferidos de la iglesia

Mons. Francesc Pardo i ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas     El pasado 11 de febrero, fiesta de la Virgen de Lurdes, celebrábamos la XXII Jornada Mundial del Enfermo, que este año tiene por lema: “Fe y caridad: también nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos (1Jn 3, 16)”. 

He pensado mucho estos días en la delicada intervención quirúrgica a la que fui sometido hace un año, en la lenta recuperación, en los sentimientos y actitudes de aquellos días. He pesado sobre todo en los muchos otros enfermos y en sus familiares, en los profesionales de la salud –médicos, enfermeras, personal auxiliar, administrativos- en los responsables de la atención religiosa en los hospitales, en los equipos de pastoral de la salud de las residencias de la tercera edad y de las parroquias. El hecho de haber vivido tres situaciones de grave enfermedad a lo largo de mi vida me hace sentir cercano a los sentimientos, a las preguntas, a los sufrimientos, a la experiencia de  fragilidad y necesidad de ayuda de los enfermos. ¿Por qué a mi? Ésta es la primera pregunta que solemos hacernos ante una enfermedad. ¿Por qué a mí? ¿Qué mal he hecho? ¿Acaso es que Dios me ha abandonado?. 

Comento un hecho. A mis 18 años, eran otros tiempos, una peritonitis me condujo al umbral de la muerte. Un buen sacerdote, un formador, venía a visitarme y me decía: “Dios te quiere mucho”. Creo profundamente que Dios ama especialmente a los enfermos, y Jesucristo es el primer testimonio. Pero un día le respondí, seguramente un tanto enfadado: “Pues dígale a Dios que no me ame tanto”. 

Está claro que Dios ama por encima de todo a quien sufre: pensemos también en Jesús y su pasión. Pero debemos manifestarlo ofreciendo dulzura, ayuda, servicio, esperanza, consuelo, fortaleza, la propia experiencia y ayudando a experimentar el amor de Dios por los que sufren. 

El papa Francisco, en su mensaje de la Jornada del Enfermo, escribe: “El Hijo de Dios hecho hombre no ha eliminado de la experiencia humana la enfermedad y el sufrimiento, sino que, tomándolos sobre sí, los ha transformado y delimitado. Delimitado porque ya no tienen la última palabra que, por el contrario, es la vida nueva en plenitud; transformado, porque, en unión con Cristo, las experiencias negativas pueden llegar a ser positivas. Jesús es el camino, y con su Espíritu podemos seguirlo. Como el Padre ha entregado al Hijo por amor, y el Hijo se dió por el mismo amor, también nosotros podemos amar a los demás como Dios nos ha amado, dando la vida por nuestros hermanos”.

Amar, ayudar, servir, orar por los enfermos dejándoles nuestra sencilla fe y esperanza cuando la suya se debilita… y llevarlos a Jesús.

Profesionales de la medicina, gracias por vuestra sabiduría, por vuestra profesionalidad. Pero pensad que, además de la técnica y de la medicación, una sonrisa, una palabra amable, un gesto de afecto… sanan, y no poco.

 

 + Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.