Un mundo nuevo, proyecto común

Mons. Joan PirisMons. Joan Piris      Manos Unidas nos vuelve a poner ante los ojos una realidad que conocemos bien y en la que debemos seguir sintiéndonos implicados: el hambre en nuestro mundo es más que evidente y debe preocuparnos esta realidad que, en algunos países, se va haciendo crónica y deshumanizadora.

La campaña 2014 nos llama a construir «un mundo nuevo», añadiendo «proyecto común», una especificación que puede resultar muy familiar en nuestra Iglesia Diocesana que está procurando anunciar el Evangelio y servir a los hermanos teniendo como referente permanente el lema «entre todos y para el bien de todos»: proyecto común, complementariedad y trabajo en red. Es una buena manera de contribuir a hacer que nuestro mundo pase de condiciones menos humanas a condiciones más humanas, para cada uno y para todos (cfr. Populorum Progressio 20-21). Con estas palabras tan precisas concretaba Pablo VI lo que él llamaba el verdadero desarrollo y para el que, decía, no bastan personas técnicas sino también pensadores de reflexión profunda que busquen un humanismo nuevo, que permita al hombre moderno encontrarse a sí mismo, asumiendo los valores superiores del amor, de la amistad, de la oración y de la contemplación.

Es evidente que, aún hoy, hay que contribuir más y más a la promoción del bien común y el desarrollo de condiciones de vida más humanas donde todo el mundo sienta respetada su dignidad y pueda disfrutar de lo necesario, material y moralmente hablando. Y hay que seguir denunciando como menos humanas aquellas condiciones de vida que privan a las personas de los mínimos para poder vivir con cierta dignidad, también material y moral. Esto nos pide también luchar contra las causas que lo impiden: el egoísmo de personas y estructuras abusivas e injustas.

Existe, además, una cuestión que hace aumentar la injusticia en las relaciones: establecer la competitividad como norma de progreso y de crecimiento.

Si la fuerza que mueve la actuación es, sobre todo, la competitividad y el provecho, no puede haber mundo nuevo ni proyecto común. Porque son planteamientos que nos impedirán siempre ser solidarios de verdad y nos hacen mirar al otro -persona, pueblo o país- como algo de quien se puede sacar partido, del que uno puede aprovecharse. Las personas pasan así a ser consideradas, preferentemente, instrumentos para conseguir algo. De aquí a la explotación de la gente hay un paso muy corto: la convivencia se establecerá sobre relaciones de fuerza y de poder y los más débiles siempre estarán condenados a perder, y aumentarán los excluidos. Así desaparece la lógica de la gratuidad en favor del oportunismo y el consumo. Es lo contrario al humanismo integral porque estimula el individualismo y no el sentido de comunidad y fraternidad que es lo que hace considerar a todos como sujeto de derechos (y deberes) con la misma dignidad. Todos llamados por Dios -como tú y yo- a participar del banquete de la vida. Claro que también para ello habrá que despertar la conciencia religiosa de personas y pueblos.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

+ Joan Piris Frígola,

Obispo de Lleida

Mons. Joan Piris
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Mons. D. Joan Piris Frígola nació el 28 de septiembre de 1939 en Cullera (Valencia). Fue ordenado sacerdote en Moncada el 21 de octubre de 1963. Desde 1964 a 1968 realizó los estudios de Licenciatura en Pedagogía en Roma y la Diplomatura en Catequética en el Pontificio Ateneo Salesiano de Roma. En 1971 obtuvo la Licenciatura en Pedagogía por la Universidad Civil de Valencia. En 1968 fue nombrado Vicario y de 1969 a 1974 párroco de San Fernando Rey de Valencia. Fue miembro del Grupo Promotor en España del Movimiento por un Mundo Mejor, de 1974 a 1979, fecha en la que ejerció como Director del Secretariado Diocesano y luego Delegado Episcopal de Pastoral Familiar en Valencia, hasta 1984. Este cargo lo compaginó con la dirección del Secretariado de la Subcomisión de Familia de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, en Madrid, de 1981 a 1984. CARGOS PASTORALES Ha sido párroco de diferentes parroquias de Valencia y Miembro del Consejo de Presbiterio de Valencia en 1984 y Párroco Consultor un año más tarde. Ha sido Vicario Episcopal de las demarcaciones de La Ribera, Valencia-Nordeste, Lliria-Via Madrid y Valencia-Nordeste. El 1 de marzo de 2001 fue elegido Obispo de Menorca y recibió la Ordenación Episcopal el 28 de abril de ese mismo año. El 16 de julio de 2008 fue nombrado por el Papa Benedicto XVI Obispo de Lleida y tomó posesión de la diócesis el 21 de septiembre de 2008. El 28 de julio de 2015 el Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral (2001-2005) y desde 2005 es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, de la que fue Presidente de 2009 a 2014.