Cambiar el mundo

Mons. Braulio Rodríguez PlazaMons. Braulio Rodríguez     Manos Unidas, Asociación de la Iglesia Católica en España, se define como una ONG no gubernamental para el desarrollo, de voluntarios, católica y de fieles laicos. Lo que significa que, de muchas formas, está orientada a la ayuda, promoción y desarrollo del Tercer Mundo. Su campaña 2014 es “Un mundo nuevo, proyecto común”. Asusta un poco, no porque no suene bien, y muy bien, sino porque nos sobreviene una duda: ¿podemos conseguir un mundo nuevo? Lo digo porque he conocido en el pasado reciente gobiernos y países que dicen perseguir un mundo nuevo, un hombre y mujer nuevos y después vemos que no resuelven los problemas reales de la gente, porque, según ellos, se resolverán después, cuando ese mundo nuevo llegue por su revolución. Es pura ideología, y un mundo que encierra mucha mentira.

Ciertamente Manos Unidas no va por ahí. Es verdad que ha luchado en estos años para que fueran posibles los objetivos de desarrollo del Milenio, y se une al esfuerzo que Naciones Unidas está haciendo para lograr un mundo más justo y solidario. “Pero la agenda de la Iglesia no es, ni puede ser, la agenda de Manos Unidas”(Cardenal Robert Sarah, presidente del Pontificio Consejo “Cor Unum”). Es importante, sin duda llevar a estas instituciones internaciones la voz de la Iglesia, la visión cristiana que ella tiene del hombre y la mujer.

Pero probablemente discrepamos y discrepa de Manos Unidas de lo que es el desarrollo integral de la persona humana, que aparece claro en aquella encíclica de Pablo VI llamada Populorum Progressio; y es que la Iglesia piensa que el verdadero desarrollo de los pueblos no puede reducirse a un bienestar material. El verdadero desarrollo consiste en dar al hombre la posibilidad de crecer en todos los ámbitos de su existencia. En este trabajo está la Iglesia y Manos Unidas.

Aunque no se proponga Manos Unidas un trabajo estrictamente misionero, sus miembros saben, como católicos, que existe una inseparable relación entre la caridad y la evangelización. No es posible –son palabras de nuevo del Cardenal R. Sarah- anunciar realmente a Cristo sin acoger también las necesidades materiales de las personas; cuando le damos al ser humanos a Jesús, estamos seguros que le damos la verdadera riqueza y la verdadera salvación del mundo.

Pero no nos duelen prendas: el objetivo 8 del Milenio (fomentar una Asociación Mundial para el Desarrollo) nos parece estupendo, porque se refiere a la participación de los países desarrollados y en desarrollo en la lucha contra la pobreza. Ahora no están especialmente implicados en ello. Ya ha dicho el Papa Francisco que “la necesidad de resolver las causas estructurales de la pobreza no puede esperar, no sólo por una exigencia pragmática de obtener resultados y de ordenar la sociedad, sino para sanar una enfermedad que la vuelve frágil e indigna y que sólo podrá llevarla a nuevas crisis (cfr. La alegría del Evangelio, 202). Y ha dicho más: “Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la iniquidad, no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La iniquidad es raíz de los males sociales” (Ibíd.).

La vocación de custodiar, de acoger a los más débiles y empobrecidos no sólo atañe a nosotros, los cristianos, sino que tiene una dimensión que antecede y que es simplemente humana, y corresponde a todos los hombres. Es custodiar toda la creación. Manos Unidas quiere hacerlo moviéndose y presentando proyectos concretos de desarrollo que necesitan ser llevados adelante con nuestra ayuda monetaria y de concienciación. ¿No se animarán a participar en esta nueva Campaña contra el hambre de Manos Unidas? Les agradezco su generosidad.

 + Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.