Un mundo nuevo, proyecto común – Ante la LV campaña de Manos Unidas

Mons. Carrasco RoucoMons. Alfonso Carrasco    Queridos hermanos,

la esperanza de un mundo nuevo atraviesa la experiencia de los pueblos, que siempre han sufrido en la historia y no es sentida menos agudamente en la actualidad, aunque por un instante hayamos tenido la ilusión de que la realización de este sueño milenario ya estaba casi al alcance del poder humano. Es verdad que el aumento de nuestro conocimiento del entorno y de las técnicas para intervenir en él ha permitido responder a muchas necesidades. Sin embargo, aunque hayan crecido nuestras posibilidades de acción -siempre en los límites de la naturaleza-, siguen existiendo injusticias tan viejas como el hambre y las guerras, y han aparecido nuevas formas de exclusión de los bienes de la tierra. La suma de las injusticias y de los sufrimientos, tantas veces evitables, nos hace percibir la urgencia de poner en común fuerzas y capacidades, para hacer posible una novedad real en nuestro mundo.

Esta novedad ha de estar enraizada en el hombre, en su conciencia y corazón, para evitar que el crecimiento de nuestro poder aumente la arbitrariedad y la impunidad, y desaparezca en la persona el sentido de una justicia y una fraternidad elementales. Poder disponer de los recursos -y de la vida- de otros, sin ver sus rostros ni pensar en su bien, ha hecho posible lo que el papa Francisco ha llamado una «cultura del descarte» del débil, del que no contribuye u obstaculiza mi enriquecimiento.

Esta inhumanidad del corazón convierte en dañino un poder llamado a servir para el bien. Por eso, es muy importante comprender que no habrá mundo nuevo sin hombre nuevo, ni proyecto común sin sentido de la fraternidad, sin que encuentre acogida en nosotros la pregunta elemental: ¿dónde está tu hermano?

A esta urgencia primera y fundamental no responde el crecimiento de nuestras técnicas, sino la novedad del corazón: reconciliado y no fracturado, amado radicalmente y no encerrado en la soledad, capaz de gratuidad y libre de la necesidad de apoderarse de todo.

Este cambio profundo y personal, que nos permite vivir como hermanos, es fruto del don de un Amor inmenso, cuyo encuentro cambia Ia existencia y sus horizontes. Lo genera siempre el haber conocido y haber creído en el Amor de Dios, que nos es dado en Jesucristo.

La gratuidad, el sentido de la fraternidad deben estar desde el principio en la mente y el corazón, para que el uso de nuestro poder -y de nuestras riquezas- sirva a un mundo nuevo. La fe, la esperanza y la caridad deben alentar en lo íntimo, para que resplandezca la fraternidad, para que busquemos caminos que dejen atrás las injusticias y sepamos estar al lado de quien sufre.

La campaña de Manos Unidas nos invita ciertamente a dar con generosidad, a ayudar a los necesitados. Pero así nos invita a algo más grande: a cambiar la mentalidad. Nos da testimonio de que existe esperanza, de que es posible novedad real en nuestro mundo; y nos recuerda la prioridad de la fraternidad y de la caridad en tiempos en que el riesgo del individualismo y de la soledad es grande.

Un año más, la campaña de Manos Unidas puede ayudarnos a descubrir lo más importante de nosotros mismos, quiénes somos, cuál es nuestra fe y nuestra esperanza. Porque el gesto de la caridad nos hará volver la mirada de nuevo, y con mayor confianza, hacia nuestro Señor, en quien hemos encontrado perdón y amor y de quien recibimos un Espíritu activo e incansable, que nos hace reconocer a Dios como Padre de todos, y a cada hombre como hermano.

Esta fraternidad concretamente vivida será siempre una novedad en el mundo. De ella podrá brotar un trabajo y un proyecto común, en el que el más necesitado no sea el excluido, sino el cuidado en primer lugar.

Lugo, 5 de febrero de 2014

+ Alfonso Carrasco Rouco

Obispo de Lugo

Mons. Alfonso Carrasco Rouco
Acerca de Mons. Alfonso Carrasco Rouco 33 Articles
Nació el 12 de octubre de 1956 en Vilalba (Lugo). Cursó la enseñanza secundaria en el Seminario de Mondoñedo y los estudios de Filosofía en la Pontificia Universidad de Salamanca (1973-1975). Después estudió Teología en Friburgo (Suiza), donde obtuvo la Licenciatura en 1980. Fue ordenado sacerdote el 8 de abril de 1985 en la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol. De 1980 a 1981 realiza labores de investigación en el Instituto de Derecho Canónico de la Universidad de Munich. De 1982-1987: Profesor asistente de la Cátedra de Moral Fundamental de la Universidad de Friburgo. Becario del “Fondo nacional suizo para la investigación” de la Universidad de Munich (1987-1988). En 1989 se doctora en Teología en la Universidad de Friburgo, con la tesis titulada: “Le primat de l’évêque de Rome. Étude sur la cohérence ecclésiologique et cononique du primat de juridiction”. Entre los años 1989-1991 forma parte del equipo parroquial de Santa María de Cervo, encargado de seis parroquias, en la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, donde ejerce también como docente de la “Escuela Diocesana de Teología” . En 1992 se desplaza a Madrid como profesor agregado de Teología Sistemática del “Instituto Teológico San Dámaso”, convirtiéndose en catedrático en 1996. Este mismo año es nombrado consiliario del Centro de Madrid de la AcdP (Asociación Católica de Propagandistas). Desde 1994 a 2000 ejerce como director del “Instituto de Ciencias Religiosas” del Centro de estudios teológicos “San Dámaso” y vice-decano de la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid desde 1998 a 2000. Decano de la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid, desde 2000 a 2003. Durante los años 2001-2006 colabora regularmente en las Teleconferencias de la Congregación para el Clero para la formación permanente del clero (www.clerus.org). En 2004 actúa como relator de la Cuarta Ponencia (“Cómo vivir la comunión en la Iglesia”), y miembro nato de la Asamblea y de la Comisión central del Tercer Sínodo Diocesano de Madrid, clausurado el día 14 de mayo de 2005. Es miembro, además, de la Comisión Teológica Asesora de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española desde 1995; Miembro del Consejo de Redacción de la Revista Española de Teología y del Consejo Asesor de Scripta Theologica, Communio Nuntium (edición en español) (1992-2005). Fue también, hasta su ordenación episcopal, profesor de Teología dogmática en la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid (desde 1996) y director del Departamento de Dogmática de la misma Facultad en 2006. Durante su estancia en Madrid colaboró pastoralmente en la Parroquia de “San Jorge, mártir de Córdoba”.