Campaña de Manos Unidas

Mons. Juan José OmellaMons. Juan José Omella    Cuando empezó la Campaña de Manos Unidas, hace 54 años, promovida por las mujeres de Acción Católica, dijeron muy certeramente que la guerra y la limitación de la natalidad eran soluciones falsas para abordar el gran problema del hambre en el mundo. Decían: “No queremos que se den soluciones perezosas y criminales a este trágico problema: la guerra, la limitación de la natalidad, son soluciones falsas, soluciones ineficaces, soluciones de muerte”. Y seguían diciendo: “No podemos resignarnos al hecho de que la mitad de la humanidad sufra hambre”. Y emprendieron un camino de solidaridad y fraternidad para superar y vencer la lacra del hambre.

Este año, Manos Unidas, presente en todos los rincones de España, nos habla de soñar con un nuevo mundo en el que todos nos sintamos hermanos, nos invita a trabajar todos juntos por hacer realidad lo que el Papa Francisco nos decía en el Mensaje de la Jornada de la Paz de este mismo año 2014: que la fraternidad es el camino para la paz. Sí, se entiende que la fraternidad sea camino de la paz, porque los hermanos se respetan, se quieren, comparten y se ayudan.

No podemos ignorar a nuestros hermanos más pobres, a los que mueren de hambre en los países llamados del Tercer Mundo. No podemos encerrarnos en nuestras trincheras de países desarrollados tratando de desarrollar al máximo la sociedad del bienestar mientras hermanos nuestros carecen de lo más elemental y vital como es la comida, la sanidad, la educación, el respete de su dignidad.

Impresiona ver cómo muchos hermanos nuestros mueren desnutridos, carentes de atenciones sanitarias, abandonados a su suerte. Algunos de ellos tratan de huir de su realidad y emigran a los países desarrollados, pero no siempre encuentran una acogida fraterna y muchos de ellos mueren en el intento de llegar a ese “paraíso que imaginan hermoso y que les sacará de su extrema miseria”.

Estamos llamados a construir un mundo nuevo en el que nos sintamos todos hermanos y nos ayudemos unos a otros a vivir en dignidad y teniendo cubiertas las necesidades básica. Manos Unidas está trabajando con ilusión en esta empresa. Y siguen diciendo, hoy en día, lo mismo que decían las mujeres que pusieron en marcha la Campaña contra el Hambre: “ Un solo obstáculo en la lucha contra el hambre sería insuperable: creer la victoria imposible. Todos unidos podemos mucho más de lo que creemos. No se necesita más para acometer la empresa”.

Gracias Manos Unidas por vuestra lucha decidida contra la pobreza en el mundo. Gracias por creer que es posible erradicarla. Gracias por contar con nuestra ayuda para esta hermosa empresa. Y gracias también a todos los que colaboráis con Manos Unidas: trabajadores, socios, voluntarios, los que aportáis vuestros donativos, así como los que entregáis herencias o vuestro tiempo e ilusión. Que Dios os bendiga.
La colecta de este domingo en todas las comunidades cristianas de España está destinada a esta institución y a la labor que realiza. ¡Que seamos generosos para ayudar a ese fin tan humanitario!

La jornada viene precedida en muchos lugares por un día de oración y de Ayuno Voluntario, en el cual realizamos un ayuno como símbolo de solidaridad con quienes ayunan por necesidad durante todo el año. Es también una invitación a adoptar un estilo sobrio en todo el conjunto de nuestra vida. La misma crisis económica que padecemos en España nos invita también a ser austeros y a estar junto a los que sufren.
Con mi afecto y bendición,

+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño
y Consiliario Nacional de Manos Unidas

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.