Un mundo nuevo, proyecto común

Mons. Carlos EscribanoMons. Carlos Escribano     Celebramos este año la LV Campaña contra el Hambre de la ONG católica Manos Unidas. El lema de este año- un mundo nuevo, proyecto común- recuerda a toda la sociedad la necesidad de crear un tejido social, en el que todos somos necesarios, para construir un mundo nuevo de justicia, paz y solidaridad. En este proyecto debemos colaborar todos.

Esta Campaña tenemos la fortuna de poder realizarla a la luz de la última Exhortación Apostólica del Papa Francisco, Evangelii Gaudium (EvG), que nos ofrece claves imprescindibles a la hora de servir a los pobres. Estas nos estimulan, sin duda, para que desde nuestra identidad cristiana podamos aportar también nuestro grano de arena en la construcción de ese mundo nuevo. Todos debemos colaborar en esta gozosa utopía que no hace sino poner ante nuestros ojos el sueño de un mundo más fraterno y justo. Los católicos de un modo especial. Así nos lo recuerda Francisco en su escrito: “una auténtica fe —que nunca es cómoda e individualista— siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra. Amamos este magnífico planeta donde Dios nos ha puesto, y amamos a la humanidad que lo habita, con todos sus dramas y cansancios, con sus anhelos y esperanzas, con sus valores y fragilidades. La tierra es nuestra casa común y todos somos hermanos. Si bien «el orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política», la Iglesia «no puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia». Todos los cristianos, también los Pastores, están llamados a preocuparse por la construcción de un mundo mejor. De eso se trata, porque el pensamiento social de la Iglesia es ante todo positivo y propositivo, orienta una acción transformadora, y en ese sentido no deja de ser un signo de esperanza que brota del corazón amante de Jesucristo” (EvG 183).

Esa presencia de Jesucristo en la vida del creyente que suscita una respuesta de fe, tiene consecuencias ineludibles en la vida de la caridad y en el compromiso social: “Confesar a un Padre que ama infinitamente a cada ser humano implica descubrir que «con ello le confiere una dignidad infinita». Confesar que el Hijo de Dios asumió nuestra carne humana significa que cada persona humana ha sido elevada al corazón mismo de Dios. Confesar que Jesús dio su sangre por nosotros nos impide conservar alguna duda acerca del amor sin límites que ennoblece a todo ser humano. Su redención tiene un sentido social porque «Dios, en Cristo, no redime solamente la persona individual, sino también las relaciones sociales entre los hombres». Confesar que el Espíritu Santo actúa en todos implica reconocer que Él procura penetrar toda situación humana y todos los vínculos sociales”  (EvG 178).

Caminamos cerca de muchos hombres y mujeres de buena voluntad en la construcción de un mundo nuevo, pero lo hacemos desde nuestra identidad y desde nuestra fe: “Desde el corazón del Evangelio reconocemos la íntima conexión que existe entre evangelización y promoción humana, que necesariamente debe expresarse y desarrollarse en toda acción evangelizadora. La aceptación del primer anuncio, que invita a dejarse amar por Dios y a amarlo con el amor que Él mismo nos comunica, provoca en la vida de la persona y en sus acciones una primera y fundamental reacción: desear, buscar y cuidar el bien de los demás” (EvG 178).

Pongamos todo nuestro empeño, como nos propone cada año Manos Unidas, en conseguir este nuevo mundo. En él los más desfavorecidos, deben ser los que tienen verdaderamente nuestra predilección que se concreta en nuestro compromiso. Gracias a todos los voluntarios y  voluntarias de Manos Unidas que nos ayudáis siempre a tomar conciencia de la presencia de los más pobres y a ayudarlos con proyectos concretos y eficaces.

+ Carlos Escribano Subías,
Obispo de Teruel y de Albarracín

Mons. Carlos Escribano Subías
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Monseñor Carlos Manuel Escribano Subías nació el 15 de agosto de 1964 en Carballo (La Coruña), donde residían sus padres por motivos de trabajo. Su infancia y juventud transcurrieron en Monzón (Huesca). Diplomado en Ciencias Empresariales, trabajó varios años en empresas de Monzón. Más tarde fue seminarista de la diócesis de Lérida -a la que perteneció Monzón hasta 1995-, y fue enviado por su obispo al Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Posteriormente, obtuvo la Licenciatura en Teología Moral en la Universidad Gregoriana de Roma (1996). Ordenado sacerdote en Zaragoza el 14 de julio de 1996 por monseñor Elías Yanes, ha desempeñado su ministerio en las parroquias de Santa Engracia (como vicario parroquial, 1996-2000, y como párroco, 2008-2010) y del Sagrado Corazón de Jesús (2000-2008), en dicha ciudad. En la diócesis de Zaragoza ha ejercido de arcipreste del arciprestazgo de Santa Engracia (1998-2005) y Vicario Episcopal de la Vicaría I (2005-2010). Como tal ha sido miembro de los Consejos Pastoral y Presbiteral Diocesanos. Además, ha sido Consiliario del Movimiento Familiar Cristiano (2003-2010), de la Delegación Episcopal de Familia y Vida (2006-2010) y de la Asociación Católica de Propagandistas (2007-2010). Ha impartido clases de Teología Moral en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón desde el año 2005 y conferencias sobre Pastoral Familiar en diferentes lugares de España. Finalmente, ha formado parte del Patronato de la Universidad San Jorge (2006-2008) y de la Fundación San Valero (2008-2010). Benedicto XVI le nombró obispo de Teruel y de Albarracín el 20 de julio de 2010, sucediendo a monseñor José Manuel Lorca Planes, nombrado Obispo de Cartagena en julio de 2009. Ordenado como Obispo de Teruel y de Albarracín el 26 de septiembre de 2010 en la S. I. Catedral de Teruel.