La utilidad de lo inútil

Mons. Juan José OmellaMons. Juan José Omella    En el libro del poeta hindú que lleva por título El rostro de mi hermano dedica una página a poner en relieve el poder de la oración y cuenta la siguiente historia: un santo hombre al final de su vida se retiró a una cueva de la montaña para tratar de encontrar a Dios en el silencio y la oración. La gente de los pueblos de alrededor no dejaban de llevarle algo de comida. Los jóvenes protestaban por lo que le daban a un hombre a quien consideraban un inútil, un paria de la sociedad. Pero los ancianos se enfadaban y les regañaban por sus protestas y comentarios contra el santo hombre y les decían: hay que darle algo porque lo entendamos o no él vive para bien de todos nosotros. ¿No es la santidad el núcleo de la vida?

Al cabo de veinte años, un día, se lo encontraron muerto en la entrada de la cueva. Seis semanas después se cometió un horrible crimen en el pueblo. La gente se quedó consternada y atemorizada. Los ancianos invitaron a todos a hacer unos días de ayuno y de oración. De pronto, uno de ellos dijo: He descubierto el secreto. Y delante de todo el pueblo se explicó diciendo: Es verdad que mientras ese hombre santo vivía en la cueva nunca levantó la mano para ayudarnos en las cosas materiales porque vivía en la soledad y el silencio. Pero la virtud engendra virtud, su vida nos animaba a vivir una vida mejor, sin disturbios ni pecados. Todo iba bien entre nosotros. Nadie se atrevió a quitar la vida de un semejante. ¿No lo entendemos? Su presencia alejaba de nosotros las insidias del maligno.

Los habitantes de la región llegaron a entender que la vida de ese hombre, aparentemente inútil, era más eficaz de lo que aparentaba y les animaba a ser mejores, a relacionarse como hermanos, a buscar siempre el bien. Ese hombre era como un faro que iluminaba las tinieblas del mundo.

Queridos lectores: ¿No es también así la vida de los religiosos contemplativos, de las personas consagradas, de los cristianos que buscan por encima de todo ser fieles a su vocación de ungidos por el Espíritu Santo?
En este día en el que celebramos la Jornada de la Vida Consagrada queremos valorar lo que esas vidas, aparentemente inútiles según se oye decir por desgracia a algunas personas, aportan a nuestra sociedad. Recordadlo, sin ellos el mundo no sería lo que es. Ellos insuflan, con la fuerza del Espíritu, fuerza y virtud, valor y santidad, a nuestro mundo.

Gracias queridos consagrados, entregados en la vida activa o contemplativa, que estáis en La Rioja. Seguid siendo fieles a vuestro carisma. Sois un inmenso regalo para nosotros. Que Dios os bendiga siempre.
Con mi afecto y bendición.

+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Card. Juan Jose Omella
Acerca de Card. Juan Jose Omella 301 Articles
Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.