Ante la Fiesta de Nuestra Señora la Virgen de Lourdes. Celebración de la Jornada Mundial del Enfermo

Mons. Manuel UreñaMons. Manuel Ureña      El próximo martes, día 11 de febrero, celebraremos en nuestra diócesis –junto con toda la Iglesia– la Jornada Mundial del Enfermo, instituida por el Beato Papa Juan Pablo II hace ya veintidós años. Nosotros lo haremos en la Basílica de Ntra. Sra. del Pilar celebrando la Eucaristía con los enfermos a las 17:30 h. El tema de este año, y objetivo de la Campaña diocesana de Pastoral de la Salud, es Fe y caridad: «También nosotros debemos dar la vida por los hermanos» (1 Jn 3,16). Este objetivo se inserta en la llamada urgente que los Papas nos vienen haciendo a evangelizar de nuevo nuestra sociedad y en la “Parroquia evangelizadora” de nuestro Plan Diocesano de Pastoral.

Hemos vivido en 2013 el Año de la Fe, redescubriendo la alegría de creer y renovando el entusiasmo de comunicar la fe. En continuidad, el Papa Francisco nos dice en su Mensaje para esta Jornada de 2014 que “la fe en el Dios bueno se convierte en bondad y que la fe en Cristo Crucificado se convierte en fuerza para amar hasta el final. (…) En virtud del Bautismo y de la Confirmación estamos llamados a configurarnos con Cristo, el Buen Samaritano de todos los que sufren”.

Sanos o enfermos, si experimentamos el amor de Dios, ¿cómo no dejarnos amar cada vez más por Él con plena confianza? ¿Cómo no desear responder amándole, amando a los que Él ama y como Él los ama? Nosotros «hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1Jn 4,16). Esta es la prueba de la autenticidad de nuestra fe: si en íntima comunión con Cristo amamos a los hermanos. Pero ¿qué es amar? El amar es propio de Dios Trinidad, el cual nos lo revela y comunica en Cristo, el Verbo hecho carne. «En esto hemos conocido lo que es el amor: en que Él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos» (1 Jn 3,16). Lo haremos con el amor de Dios que el Espíritu Santo pone en nuestros corazones (Rom 5,5).

Nuestro mundo necesita con urgencia que seamos testigos creíbles de la vida nueva en Cristo, la única vida verdadera para todos los hombres. El Santo Padre Francisco nos enseña en La alegría del evangelio que estamos llamados a tener el convencimiento, por experiencia personal, de que “no es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo; que no es lo mismo caminar con Él que caminar a tientas; que no es lo mismo poder escucharlo que ignorar su Palabra; que no es lo mismo poder contemplarlo, adorarlo, descansar en Él, que no poder hacerlo. No es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo sólo con la propia razón” (EG 266). Ciertamente, no es lo mismo dejar a Cristo vivir contigo la enfermedad a no hacerlo; que esté en tus manos y en tu corazón para cuidar al enfermo o que no lo esté. Dios nos quiere conceder el don de ser testigos de esta vida nueva.

Cristo quiere acercarse a cada enfermo y a su familia, para vivir en él y con él. Lo quiere hacer a través nuestro. Si no nos acercamos a los enfermos para caminar con ellos, no dejamos que Cristo lo haga. Por eso, hoy quiero expresar mi enorme admiración y agradecimiento por los matrimonios cristianos que acogen a sus hijos como un don de Dios en medio de una sociedad que acepta el crimen del aborto; por las familias que cuidan de sus ancianos y enfermos, hoy con dificultades crecientes por la disminución de las ayudas. Hoy tengo la ocasión de agradecer la labor silenciosa e incansable que hacen los equipos parroquiales de Pastoral de la Salud con los enfermos de su comunidad parroquial, y los Servicios de Asistencia Religiosa Católica de los hospitales y clínicas de nuestra diócesis. Y la labor de los profesionales sanitarios y la de los religiosos y religiosas que viven ejemplarmente la caridad de Cristo con estos hermanos en necesidad.

“Parroquia evangelizadora” es parroquia que tiene a sus enfermos y ancianos como hijos preferidos y como miembros activos de la comunidad. Queridas familias, avisad cuando tengáis a un enfermo o anciano que no puede salir de casa o está hospitalizado. Permitid a Cristo entrar en vuestras casas. Queridos sacerdotes, junto con la oración y la liturgia, tened como misión prioritaria la atención a los enfermos y a los ancianos. Permitidme hoy concretar. Pedid por ellos en la oración de los fieles. Estad siempre dispuestos a acudir vosotros y vuestros equipos parroquiales junto a los enfermos y a sus familias. Procurad que se conozca el teléfono móvil al que llamar en caso de urgencia. La “parroquia evangelizadora” está siempre “de guardia”, como los padres y las madres de las familias numerosas. Queridos hermanos, para que esto sea posible, ofreceos en vuestras parroquias para colaborar en esta preciosa labor. Os necesitamos. Cristo os necesita.

La Virgen María, queridos enfermos, sea vuestra salud y vuestro consuelo. Jesús, el Señor resucitado, nos la da como madre al pie de la Cruz.

† Manuel Ureña,

Arzobispo de Zaragoza

Mons. Manuel Ureña
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Manuel Ureña Pastor nació en Albaida (Valencia) el 4 de Marzo de 1945. Realizó sus estudios de Enseñanza Primaria en las Escuelas Nacionales de su pueblo natal. En Septiembre de 1959 ingresó en el Seminario Metropolitano de Moncada (Valencia), en donde cursó el Bachillerato Elemental y el Bachillerato Superior, y, posteriormente, el quinquenio de Estudios Eclesiásticos, obteniendo en junio de 1970 el título de Bachiller en Teología. Entre los años 1968 y 1973, cursó Estudios Superiores de Historia y de Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Literaria de Valencia. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca con una tesina sobre “El tema de Dios en el joven Leibnitz”. El 14 de Julio de aquel mismo año, 1973, recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos del entonces Sr. Arzobispo Metropolitano, S.E. Rvdma., Mons. José María García Lahiguera. A partir de septiembre de aquel año ejerce el ministerio sacerdotal, como coadjutor, en la parroquia de Nuestra Señora del Olivar de Alacuás (Valencia) y, al mismo tiempo, imparte clases de Teología pastoral, de Teología Fundamental y de Teología de la fe en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia. En Septiembre de 1976 es enviado a Roma para cursar estudios superiores de Filosofía en la Pontificia Universidad de Santo Tomás. Allí obtendrá en abril de 1984 el grado de Doctor en Filosofía con una Tesis Doctoral sobre el pensamiento del filósofo neomarxista alemán Ernst Bloch titulada: “Ernst Bloch:una interpretación teleológica –inmanente de la realidad” que mereció la máxima calificación académica. En 1980, es nombrado Director del Colegio Mayor "San Juan de Ribera", de Burjasot (Valencia), y profesor de Metafísica y de Historia de la Filosofía Antigua en la Facultad de Teología de Valencia. Durante dos semestres impartiría también las asignaturas de Filosofía de la Religión y de Historia de la Filosofía medieval. En 1987 es nombrado miembro de la Blochsgesellschaft, en la entonces República Federal de Alemania. El 8 de Julio de 1988 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de la Diócesis de Ibiza, siendo consagrado el 11 de septiembre de aquel mismo año. Y, desde el 20 de abril de 1990, simultaneó su ministerio episcopal en Ibiza con el de Administrador Apostólico de la Diócesis de Menorca. En Julio de 1991, el Papa Juan Pablo II lo trasladó a la Diócesis, entonces recien creada, de Alcalá de Henares, nombrándolo, al mismo tiempo, Visitador Apostólico de los Seminarios Mayores de las provincias eclesiásticas de Andalucía y Administrador Apostólico de la Diócesis de Ibiza. En 1992, el entonces Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Zaragoza, S. E. Rvdma., Mons. Elías Yanes Álvarez, lo nombró Consiliario Nacional de la Adoración Nocturna Española, cargo que sigue ejerciendo en la actualidad. En Julio de 1998 es nombrado Obispo de la Diócesis de Cartagena, Administrador Apostólico de la diócesis de Alcalá de Henares y Gran Canciller de la Universidad Católica de Murcia. Promovido al Arzobispado de Zaragoza el 2 de abril de 2005, comenzó a ejercer aquí su ministerio de sucesión apostólica el 19 de junio del mismo año, al tiempo que era nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena y Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral Social, de Seminarios y Universidades, y del Comité Episcopal ‘Pro vita’. En la actualidad es miembro de la Comisión Episcopal de para la Doctrina de la Fe. Su investigación filosófica gira en torno al pensamiento marxista y al pensamiento postmoderno. En teología, ha trabajado bastante el pensamiento de los teólogos católicos Karl Rahner y Hans Urs von Balthasar; y, en teología protestante, ha familiarizado mucho con los teólogos protestantes Karl Barth y Dietrich Bonhoeffer. Sus trabajos científicos son ya más de 60. Y su principal publicación es el libro Ernst Bloch, ¿un futuro sin Dios? (BAC MAIOR (Madrid) 1986). Reconocimientos: Hijo Predilecto de Albaida, Medalla de Oro de la ciudad de Murcia, Defensor de Zaragoza 2008, Premio IACOM (Instituto Aragonés de Comunicación). Premio Fundación Carlos Sanz 2010. Caballero de Honor de Ntra. Sra. del Pilar. Encargos pastorales: Miembro de la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal, trienios (1993-1996; 1996-1999; 1999-2002; 2002-2005; 20005-2008; 2008-2011). Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (2011-2014). Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica San Antonio de Murcia.