“Simeón y Ana, dos ancianos”

Ramón del HoyoMons. Ramón del Hoyo     Muy queridas personas mayores:

 1. Jesús, en la Fiesta de la Presentación, llegó al Templo de Jerusalén en brazos de la Virgen María, junto a San José. Iba a ser presentado al Señor, como mandaba la ley judía, cuarenta días después de su nacimiento. Sus padres ofrecieron, como rescate simbólico, la ofrenda de los pobres: una par de tórtolas (cf. Lc 2, 24). Sólo Simeón y Ana, movidos por el Espíritu Santo, reconocieron al Mesías en aquel Niño.
El anciano Simeón, hombre justo, tomó al Niño en sus brazos y bendijo a Dios diciendo el siguiente canto, pletórico de alegría: “Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel” (Lc 2, 29-32).
Ana, muy anciana y viuda durante muchos años, servía en el Templo a Dios con ayunos y oraciones. Al encontrarse con el Niño y sus padres “alababa también a Dios y hablaba del Niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén” (Lc 2, 38).
Los cuatro, dirá san Bernardo, iniciaron con el Niño la procesión que, con cirios encendidos, celebra ahora la liturgia cristiana en todos los rincones de la tierra (cf. Sermón en la Purificación de Santa María, I. 1).
Los cirios encendidos, en nuestras manos, son símbolo de nuestras vidas que se consumen, poco a poco, como ofrenda a Dios, mientras iluminan tinieblas y oscuridades en nuestro entorno.
2. Con ocasión de esta Fiesta quiero recordar a las personas mayores que la Iglesia ha tenido siempre un gran respeto y aprecio por ellas. Son una verdadera bendición para las familias, para las comunidades cristianas y para la sociedad, pues cada generación aprende de la sabiduría y experiencia de la generación que la precede.
Los largos años ofrecen la oportunidad de apreciar tanto la belleza del don de la vida, como la fragilidad del espíritu humano. A medida que el curso normal de la vida crece en años, la capacidad física disminuye, pero al tiempo crece su capacidad espiritual. A pesar de estas limitaciones, sin embargo, siempre la vida es bella y nunca el anciano debe dejarse atrapar por la tristeza. Un rostro alegre, a pesar de todos los pesares que lleve sobre sus hombros, es la mejor imagen de la persona mayor.
El que será declarado Santo próximamente, Juan Pablo II, decía a los ancianos: “La Iglesia os necesita. Pero también la sociedad civil necesita de vosotros… Sabed emplear generosamente el tiempo que tenéis a disposición y los talentos que Dios os ha concedido… Contribuid a anunciar el Evangelio… Dedicad tiempo y energías a la oración” (Carta a los ancianos, 1 de octubre de 1999).
Cada uno de vosotros, en cualquier etapa de la vida, es querido y amado por Dios. Cada uno es muy importante y necesario a los ojos de Dios. Lo fueron Simeón y Ana aquel día en el Templo, en aquella procesión tan reducida en número pero de tanta calidad. Hoy lo son otras muchas personas mayores que también han descubierto en el Niño al Mesías-Salvador, que se acercan con alegría a Él y lo toman en sus brazos. Dan gracias a Dios por ello y lo anuncian y enseñan a los demás.
3. No hace mucho tiempo revisaba con el Consiliario diocesano y Presidenta del Movimiento “Vida Ascendente”, tan implantada en nuestra Diócesis, sus logros y carencias, sus preocupaciones e ilusiones. Gracias por vuestra cercanía y ayuda a tantas personas mayores. Los frutos de esta atención pastoral, me comentaban, debería llegar a otras muchas parroquias. Me pedían lo diera a conocer sobre todo a los párrocos y así lo hago, con la advertencia de que son grupos que funcionan con un responsable laico y no se precisa la presencia del sacerdote ordinariamente. Están a vuestra disposición.
En esta Fiesta anual de las personas mayores que celebramos todos los años en el Seminario Diocesano pediremos por todos. Sepan que la Iglesia les quiere, les necesita y cuenta con vosotros. Sentíos siempre amados por Dios y llevad a los demás el mensaje que Dios nos ama y espera para una eternidad feliz. Es nuestra vocación.
Les pedimos un favor: Que oren por la Iglesia de Jaén, por las vocaciones y por los pobres o carentes de recursos. Feliz fiesta.
Con mi saludo agradecido y bendición.
+Ramón del Hoyo López
Obispo de Jaén
Mons. Ramón del Hoyo
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Mons. Ramón del Hoyo nació el 4 de septiembre de 1940 en Arlanzón (Burgos). Cursó estudios en los Seminarios Menor y Mayor de Burgos, entre 1955 y 1963. Obtuvo la Licenciatura en Derecho Canónico en la Universidad Pontificia de Salamanca (1963-1965) y el Doctorado en la Pontificia Universidad Angelicum (1975-1977). Fue ordenado sacerdote para la archidiócesis de Burgos el 5 de septiembre de 1965. CARGOS PASTORALES Su ministerio sacerdotal lo desarrolló en la diócesis burgalesa. Comenzó como coadjutor de la parroquia de Santa María la Real y Antigua y Director espiritual de la Escuela media femenina “Caritas”, entre 1965 y 1968. Desde este último año y hasta 1974 fue Notario eclesiástico y Secretario del Tribunal Eclesiástico. Además, en el año 1972 fue nombrado Provisor-adjunto de la Curia de Burgos y en 1978 Provisor, cargo que desempeñó hasta 1996. También fue Vicario Judicial del Tribunal Eclesiástico Metropolitano desde el año 1978 y hasta 1993, cuando fue nombrado Vicario General y Canónigo y Presidente del Capítulo Catedral Metropolitano. Estos cargos los compaginó, desde 1977 y hasta su nombramiento episcopal, con la docencia en la Facultad de Teología del Norte de España, sede de Burgos, como profesor de Derecho Canónico. El 26 de junio de 1996 fue nombrado obispo de Cuenca y recibió la ordenación episcopal el 15 de septiembre del mismo año. El 19 de mayo de 2005 se hacía público su nombramiento como obispo de Jaén, diócesis de la que tomó posesión el 2 de julio de 2005. El papa Francisco acepta su renuncia al gobierno pastoral de esta diócesis el 9 de abril de 2016 y le nombra administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor,el 28 de mayo de 2016. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, de la que fue presidente de 2005 a 2011. Ha sido miembro del Consejo de Economía desde 2012 a 2017. También fue miembro de la “Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia”, que se creó con el encargo de preparar la Declaración y la promoción de la figura del nuevo Doctor.