Los consagrados nos interesan mucho

Mons. Braulio Rodríguez PlazaMons. Braulio Rodríguez     El domingo 2 de febrero celebraremos la Presentación de Jesús en el Templo, a los 40 días de su nacimiento. Hace ya muchos años que el Papa Juan Pablo II quiso que en esa fiesta se celebrara el Día de la Vida Consagrada. Os invito a cuantos podáis a celebrar en la Catedral esa solemnidad del Señor con los hombres y mujeres consagrados de nuestra Diócesis que estarán allí presentes, para dar gracias al Señor por su preciosa vocación en la Iglesia, y mostrar la belleza de su consagración especial, que arranca precisamente del Bautismo en que todos recibimos la vida nueva de Cristo.

Todos sabemos que la fe cristiana no aparece como un aspecto de la cultura contemporánea, y sucede hoy con frecuencia que los cristianos se preocupan mucho por las consecuencias sociales, culturales y políticas de su compromiso, al tiempo que siguen considerando la fe como un presupuesto obvio de la vida común. Pero nuestro ambiente está marcado por formas de indiferencia religiosa y de la seducción de algo sagrado a la medida del hombre, y que no le sobrepase. Esta realidad lleva a muchos hombres y mujeres a un “creer” sin pertenencia, cerrado en la soledad de su propia vivencia religiosa, si la tiene.

¿Qué ocurre cuando se dan estas coordenadas en la mayoría de los cristianos? Pues sencillamente que en la vivencia de la fe se da más importancia al aspecto de la decisión personal que a seguir a Jesucristo sin condiciones, confiándose a Él y alimentándose de su Palabra. Sin duda en estas circunstancias es más difícil aceptar una llamada a una vocación de especial consagración como es la vida religiosa contemplativa o activa, o la vida consagrada en general. Sólo si en la experiencia de fe se llega, por el encuentro más cercano con Jesucristo, a exclamar: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68), se puede aceptar la vocación específica que Dios y Jesucristo quieren para cada uno de nosotros, incluida la vida consagrada al Señor y su Reino.

La Jornada Mundial de la Vida Consagrada quiere alabar y dar gracias a Dios por el don de la vida consagrada a la Iglesia y a la humanidad; también queremos que esta vocación de los consagrados se conozca mejor en Toledo, y que sea estimada por los demás cristianos. Cada vez que una parroquia o un pueblo vive la experiencia de una comunidad religiosa que se marcha y se cierra su casa por falta de vocaciones, siente entonces lo que ha perdido. ¿No podíamos antes haber hecho algo? ¿No podemos hacerlo todavía?

Os invito a dar gracias ese día 2 de febrero, solemnidad de la Presentación de Jesús en el Templo, a dar gracias al Señor por la Órdenes e Institutos religiosos dedicados a la contemplación o a las obras de apostolado, por las Sociedades de vida apostólica, por los Institutos seculares, por el Orden de la vírgenes cristianas y por las nuevas formas de vida consagrada. Después de que el Papa Francisco publicara la Exhortación “La alegría del Evangelio” es lógico que el lema de este año sea “La alegría del Evangelio en la vida consagrada”. Como he intentado explicar más arriba, es muy difícil consagrarse al Señor, si la alegría del Evangelio no llena el corazón y la vida entera de los que encuentran a Jesús.

Hermanos de la vida consagrada: sois portadores de un mensaje de esperanza que, como dice el Papa Francisco, da serenidad y alegría. No tengáis reparo en mostrar la alegría de vuestra vocación, confiad en el Señor y pedidle que esa alegría vuestra interior la vean tantos jóvenes que desconocen la consolación y la ternura de Dios.

X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.