"Estamos llamados a curar los corazones heridos y rotos por la enfermedad y la vida"

Enfermo (1)La Iglesia celebra la Jornada mundial del enfermo el próximo 11 de febrero. Con tal motivo, Iglesia en Soria entrevista al delegado episcopal de pastoral de la salud, José A. Encabo Yagüe.

-¿Puede explicarnos el porqué y el lema de esta Campaña?

-La Campaña de este año está en continuidad con el tema profundizado en el curso pasado por toda la Iglesia: la fe. Pero en este caso en su dimensión ad extra. La relación íntima del bautizado con Dios no puede quedarse sólo en eso sino que llama a amar con el mismo amor al hermano, en especial al que sufre. Un amor que transparente el del Padre, encarnado en el Hijo y derramado en nuestros corazones gracias al Espíritu Santo que se nos ha dado. Ese amor derramado en nosotros tiene necesariamente que derramarse en nuestras relaciones y en nuestra acción pastoral sino  “nuestra fe será vacía”, como nos recuerda la carta del Apóstol Santiago.

El Pontificio Consejo para la pastoral de la salud nos propone como tema para esta Jornada mundial del enfermo “Fe y caridad” con el lema “También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos”. Este tema pretende hacer descubrir la implicación que tiene la fe, que debe expresarse en la caridad con los hermanos. La caridad se manifiesta como el reflejo operativo de la fe bautismal, tanto para el sano como para el enfermo, e invita a revitalizar el ministerio con los enfermos, la vocación laical tanto de los profesionales como del voluntariado, así como poner en valor el testimonio de tantos iconos de la caridad, junto al que sufre o desde su propio sufrimiento.

-El dolor, el sufrimiento (sea físico o psicológico) puede acercarnos o alejarnos de Dios, ¿en qué factor radica la diferencia?

-Jesús estuvo siempre cerca de los que más sufrían y ofreció su amor liberador a enfermos y doloridos por cualquier causa. En la misma experiencia de la Cruz se nos presenta como el Cristo sufriente que ha cargado con nuestros males, dolores y enfermedades. Por eso, a veces el dolor puede separarnos de Dios (no nos resulta fácil asumir el dolor, la enfermedad, la limitación física o psíquica) pero lo que sí es claro es que, en el dolor y en la enfermedad, es el mismo Dios encarnado en Jesucristo el que sufre con nosotros. Por eso, como Jesús estamos llamados a curar los corazones heridos y rotos por la enfermedad y la vida. La Cruz (de Cristo, la de tantos que han entregado su vida) es redentora, sanadora. La salvación crucificada cura y salva.

-Numerosos estudios corroboran que la práctica religiosa es positiva en la recuperación de una enfermedad ¿es la fe una práctica saludable?

-Si, efectivamente hasta la misma OMS (Organización Mundial de la Salud) valora el cuidado de la vida interior, de la interioridad de la persona y por tanto de lo que nosotros en cristiano llamaríamos “vida espiritual” o “vida en el espíritu” como una de las dimensiones básicas de la persona. La fe es confianza y la confianza se traduce en esperanza. El mismo Concilio Vaticano II en su Mensaje a los enfermos decía: “Contamos con vosotros para enseñar al mundo entero qué es el amor”. También para el enfermo, aún en su situación, la enfermedad no tiene por qué llegar a ser su único horizonte, que le impida vivir la caridad hacia los demás empezando por su familia y personal sanitario. Tenemos muchos ejemplos de cómo -aún en la debilidad- es posible dar mucho amor y hacer mucho bien. No son raros los casos en que el Espíritu convierte a enfermos en auténticos iconos de la caridad, y que nos llevan a preguntarnos a los sanos de dónde sacan las fuerzas y qué espíritu les anima.

-¿Cuáles son los principales retos que afronta el mundo de la salud en el siglo XXI?

-Como cristianos debemos situarnos en el contexto social y sanitario actual de crisis, en el que aparece el tema de la justicia como central: hoy ya hay gente que tiene dificultades para el acceso pleno a los medicamentos o a la asistencia. Ante esta situación debemos optar como Iglesia por los más pobres, por los desasistidos. Poner a la persona y el bien común en el centro y la economía siempre al servicio de la persona (Papa Francisco, Discurso al mundo del trabajo en Cagliari). La Iglesia, como Institución, muchas veces acoge y suple las deficiencias de la sociedad, aporta reflexión desde la dimensión de justicia y denuncia las situaciones de abandono. “El gesto de la caridad, al mismo tiempo, debe ser acompañado por el compromiso con la justicia, con una llamada que se realiza a todos, ricos y pobres” (Mensaje del Sínodo de 2012, p.12)

-Las personas que trabajan en el ámbito de la salud juegan un papel importante en la sociedad en general y en la vida de las personas en particular, ¿cómo podremos cuidarles?

-No cabe duda que, en primer lugar, debemos valorar su presencia como profesionales en el mundo de la salud y comprender su trabajo profesional como “reserva de amor”; ellos llevan serenidad y esperanza a los que sufren. Nosotros debemos descubrir su testimonio de caridad y alentarlos diariamente, como hacía el Papa Francisco en el Instituto Seráfico de Asís: “Desde este lugar en el que se ve el amor concreto, digo a todos: multipliquemos las obras de la cultura de la acogida; obras animadas, ante todo, por un profundo amor cristiano, amor a Cristo crucificado, amor a la carne de Cristo; obras en las que la profesionalidad y el trabajo cualificado y justamente remunerado han de unirse con el voluntariado, un tesoro precioso”.

-En la sociedad que nos ha tocado vivir, para gran parte de las personas la enfermedad no “renta”… ¿cómo cree que podemos cambiar esto?

-En la medida que hacemos existencialmente nuestro el lema de esta Jornada “Dar nuestra vida por los hermanos”, que es una llamada a salir de nosotros mismos, a entregar nuestra vida y nuestros esfuerzos por los hermanos, especialmente los enfermos que más nos necesiten en la clave del Papa Francisco que nos llama a ir a las “periferias existenciales”.

No son acciones puntuales sino un estilo de vida: “la caridad no es un simple asistencialismo, y menos aún un  asistencialismo para tranquilizar conciencias. No, eso no es amor, eso es comercio, eso es negocio. El amor es gratuito. La caridad, el amor, es una elección de vida, es una forma de ser, de vivir” (Papa Francisco, Discurso con los pobres y los presos en la catedral de Cagliari).

(Iglesia en Soria)

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