Estrenos de cine de esta semana. Dos caras del éxito: «Al encuentro de Mr. Banks» y «El lobo de Wall Street»

Dos películas con grandes presupuestos de marketing acaparan la crítica de Juan Orellana esta semana. Dos maneras de entender el ser humano y el éxito y, especialmente, dos caminos que llevan a muy distintas vidas, una centrada en la persona y su valor y la otra centrada en el dinero y el desprecio.

¿Qué hacemos con Maisie?

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Maisie tiene 7 años y se encuentra sola en medio de la lucha por su custodia entre su madre Susanna, una madura estrella del rock, y su padre, Beale, un marchante de arte. En esta batalla, sus padres «rehacen» sus vidas por conseguir el favor del juez, Beale se casa con la niñera de Maisie, lo que empuja a Suzanne a casarse con su amigo Lincoln. Con unos padres demasiado centrados en sus intereses, Maisie se encariñará de las nuevas parejas de su padres.

Hércules, el origen de la leyenda

Recreación llena de batallas y efectos especiales, de la leyenda de Hércules, hijo de la reina Alcmena y Zeus, padre de los dioses y los hombres, nacido para salvar al pueblo de la opresión de su padrastro. Ajeno a su verdadera identidad, Hércules sufre el desprecio del rey Anfitrión, quien favorece siempre a su hijo legítimo Ificles.
Empujado por su amor a  Hebe, prometida a Ificles, Hércules intenta huir con su amada, pero es capturado por la guardia del rey Anfitrión, quien le envía a la guerra. Tras burlar a la muerte, Hércules se embarca con el guerrero Sotiris en una misión para liberar al reino de la tiranía de Anfitrión, recuperar a su amada de las garras de su hermano y ocupar su lugar en el panteón de los héroes griegos.

Al encuentro de Mr Banks y El lobo de Wall Street

Dos películas importantes que coinciden en la cartelera muestran sendas formas de entender la vida profesional y el éxito en los negocios.» Al encuentro de Mr. Banks» propone un camino en cuyo centro está el valor de la persona. En «El lobo de Wall Street», por el contrario, el único objetivo de la vida es el dinero y el placer; la consecuencia es la autodestrucción

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La moda del biopic sigue creciendo, y en los últimos tiempos no paran de desfilar versiones fílmicas de la vida -o parte de ella- de personajes tan variopintos como Marilyn Monroe, Hanna Arendt, Camille Claudel, Lincoln, Mandela, Jordan Belfort, Diana de Gales o Grace Kelly. Al encuentro de Mr. Banks se centra en un episodio de la vida de la escritora australiana Pamela L. Travers (Emma Thompson), autora de Mary Poppins, concretamente en el breve período de tiempo en que ella se trasladó a Hollywood para negociar la venta de los derechos de esa obra a Walt Disney (Tom Hanks). El lobo de Wall Street nos cuenta la historia del ascenso y descenso del fraudulento broker de la Bolsa de Nueva York, Jordan Belfort.

Al encuentro de Mr. Banks

Pamela es una mujer de carácter muy británico, estirada, llena de manías y complejos, que odia el modo de vida americano, Hollywood y, muy en especial, los dibujos animados. Walt Disney encarna todo eso que ella odia, pero no deja de ser un caballero, y va a tener que emplear todas sus dotes para convencer a la antipática señorita Travers de que le deje hacer un musical de su relato. En realidad, la gran baza narrativa del film son los flashbacks en los que no sólo entendemos la gestación literaria de Mary Poppins, sino que comprendemos el alma atormentada de esa mujer, sus heridas y miedos. Precisamente en ese terreno de los afectos inconfesos y recuerdos recurrentes es en el que Disney va a encontrar los aliados necesarios para ganarse a esta imposible mujer.

Lo mejor de la película es el tono: desenfadado, pero no frívolo; fresco, pero no superficial; cómico, pero sin perjudicar el dramatismo de los flashbacks. El director, John Lee Hancock, ya había tenido que bregar con el drama en The blind side, una emotiva historia de acogida familiar, sin caer en los excesos melodramáticos. Pero el éxito de este esfuerzo hubiera sido imposible sin el excelente trabajo de Tom Hanks, Emma Thompson y del secundario Paul Giamatti. Colin Farrell está correcto, pero no deja de ser un personaje subordinado. Injusta la ausencia de estos actores en las nominaciones de los Oscar.

El resultado es una película interesante, agradable, muy agradable, y que en el fondo el espectador interioriza como un excelente homenaje a esa película inmortal de nuestra infancia que es Mary Poppins, y a una caballerosa forma de entender la vida. Aunque el objetivo de Walt Disney es conseguir sus propósitos empresariales, nunca pasa por encima de la persona; al contrario, se apoya en ella hasta convertirla en su mejor aliada.

El lobo de Wall Street

lobo_wall_streetMartin Scorsese dirige a su actor fetiche, Leonardo DiCaprio, en este durísimo retrato de la delirante vida del tramposo financiero cuyas memorias publicadas son la base del guión de Terence Winter. Jordan Belfort viene de la nada, y ante el olor del dinero abundante y fresco renuncia a cualquier vestigio de humanidad que se interponga en su camino de acapararlo todo y cuanto antes. Para dar la espalda a su antiguo yo, necesita un fuerte aliado: las drogas; y un aliciente complementario: el sexo. Su vida se convierte en una orgía permanente, en la que las primeras víctimas van a ser sus seres más queridos. Scorsese rueda esto con mucha fuerza y tremendo hiperrealismo, con lo que la película se acaba dirigiendo a adultos de estómagos curtidos. Son tres horas de delirante adoración al lujo desmedido y a la inmoralidad como formas de vida. No se nos ahorran innumerables escenas de orgías y sexo explícito, muy alejadas de la impresión que transmite el engañoso tráiler.

Sin embargo, Jordan no contaba con que en el mundo también hay gente honrada, hay leyes y, de vez en cuando, alguien se encarga de hacerlas cumplir. Es tan llamativa la forma de vivir del protagonista, que el FBI le sigue la pista hasta que la permanente fiesta ya no da más de sí. Toda la fortuna de Jordan se levanta sobre la estafa a gente sencilla y pequeños ahorradores. Alguien tiene que pagar.

Scorsese vuelve a reflexionar críticamente sobre la condición de América de ser la tierra de las oportunidades, una condición que puede usarse a favor del hombre y de su búsqueda de felicidad, o, por el contrario, como atajo para el propio vaciamiento de lo humano. La película no es sobre la crisis económica, sino sobre la crisis moral y cultural. Como ha declarado DiCaprio, Belfort es un moderno Calígula, y el film retrata el síntoma de un imperio que se hunde. En fin, impactante película, cuya crudeza sexual restringe seriamente la pinza de su público objetivo. Una película que acapara nominaciones a los Oscars en las categorías más importantes.

Juan Orellana, en Alfa y Omega

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