Reformar la Iglesia para evangelizar

Mons. Lluís Martínez SistachMons. Lluís Martínez Sistach     Estamos celebrando la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, como muchas iglesias y confesiones cristianas de todo el mundo. Es una semana de oración, es decir, es todo un acontecimiento espiritual. Se celebra cada año del 18 al 25 de enero. Este día tiene lugar la fiesta de la Conversión de san Pablo, lo que nos recuerda que en el movimiento ecuménico tiene una gran importancia el llamado ecumenismo espiritual, que ha estado siempre presente en los esfuerzos de aproximación y de aprecio entre los cristianos desde el inicio mismo del movimiento ecuménico.

Este año la Semana de Oración tiene un lema muy interpelador. Es una breve pregunta que, precisamente, hace san Pablo en su primera carta a los Corintios: «¿Es que Cristo está dividido?» En la comunidad cristiana de Corinto había divisiones y Pablo les invita a todos a vivir la comunión y la fraternidad, diciéndoles que las divisiones dificultan la propuesta de Cristo, es decir, el testimonio cristiano y la evangelización, que no se debe confundir con el proselitismo. Juan Pablo II, hablando a los jóvenes, les dijo una frase muy recordada: «La fe en Cristo se propaga, pero no se impone».

El papa Francisco, en su reciente Exhortación apostólica La alegría de la fe, que recoge y propone a toda la Iglesia los trabajos del Sínodo del año 2012 sobre la evangelización, nos lo dice muy claramente: «La Iglesia, hoy, debe tener un espíritu misionero. La Iglesia ha de salir”. ¿Y qué quiere decir esto? Significa que debe ser misionera, y ésta es para ella una exigencia desde su inicio porque la Iglesia existe para evangelizar.

Ya lo dijo un documento todavía muy actual, la Evangelii nuntiandi, de Pablo VI. La Iglesia ha de servir para evangelizar, si no no sirve para nada, porque ha sido fundada por Jesucristo con la misión de anunciar al Mesías.

En la exhortación apostólica del papa Francisco también está muy presente esta dimensión de la reforma de la Iglesia, que debe estar presente en todos los estamentos; el Papa dice, incluso, que reformará lo necesario en el modo de ejercer su servicio de obispo de Roma y primado de la Iglesia católica. Ya lo dijo Juan Pablo II con estas palabras: «Ayudadme a hacer aquellas reformas que sean necesarias, manteniendo lo más sustancial y esencial del pontificado y del primado».

Todos debemos estar abiertos a esta reforma necesaria: los obispos, las diócesis, las parroquias, los movimientos, los religiosos y los laicos también nos tenemos que ir reformando. Y reformarse significa convertirse. Por eso he mencionado la importancia que tiene la espiritualidad en el camino ecuménico. Si somos más fieles a Jesucristo y a las mociones del Espíritu Santo, daremos un testimonio más creíble ante el mundo de hoy.

El papa Francisco nos dice que el objetivo de la reforma eclesial es la misión porque, insisto, la Iglesia existe para evangelizar. Debemos estar dispuestos a reformar lo que sea necesario de la Iglesia para que ésta pueda cumplir su misión esencial.

+ Lluís Martínez Sistach

Cardenal arzobispo de Barcelona

Mons. Lluís Martínez Sistach
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El Cardenal Martínez Sistach nace en Barcelona el 29 del abril de 1937. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Mayor de Barcelona entre los años 1954 y 1961. Fue ordenado sacerdote el 17 de septiembre de 1961 en Cornellá de Llobregat. Entre 1962 y 1967 cursó estudios jurídicos en la Pontificia Universidad Lateranense de Roma, doctorándose en Derecho Canónico y Civil. Terminados sus estudios jurídicos en Roma, fue nombrado Notario del Tribunal Eclesiástico de Barcelona, cargó que ocupo desde 1967 a 1972. Desde ese mismo año y hasta 1979, fue Vicario Judicial Adjunto del Tribunal Eclesiástico de Barcelona, y de 1975 a 1987, Profesor de Derecho Canónico de la Facultad de Teología de Cataluña, en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Barcelona y en el Instituto de los PP. Salesianos de Barcelona. De 1979 y 1987 fue Vicario General de la archidiócesis de Barcelona. En 1983 fue elegido Presidente de la Asociación Española de Canonistas. CARGOS PASTORALES Fue nombrado Obispo auxiliar de Barcelona el 6 de noviembre de 1987. Recibió la ordenación episcopal el 27 de diciembre de ese mismo año. Fue nombrado Obispo de Tortosa el 17 de mayo de 1991. El 20 de febrero de 1997 fue promovido a Arzobispo Metropolitano de Tarragona y el 15 de junio de 2004 a Arzobispo Metropolitano de Barcelona. El 6 de noviembre de 2015 el papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Barcelona, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 26 de diciembre del mismo año. Es Gran Canciller de la Facultad de Teología de Catalunya y de la Facultad de Filosofía de Catalunya, y Presidente de la Fundación “Escola Cristiana de Catalunya”. Creado Cardenal en el Consistorio de noviembre de 2007. En la Curia Romana es miembro, desde mayo de 2008, del Pontificio Consejo para los Laicos, del que ya era consultor desde 1996; del Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos de la Iglesia, desde 2002, y desde julio de 2006, es también miembro del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, cargo para el que fue ratificado en mayo de 2008. Desde junio de 2010 es miembro de la Prefectura de Asuntos Económicos de la Santa Sede. El 9 de abril de 2013 la Generalitat de Cataluña le otorgó la Medalla de Oro. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Junta Episcopal de Asuntos Jurídicos, de la que ya fue miembro desde 1987 al 2005 y Presidente de 1990 al 2002. Formó parte del Comité Ejecutivo de 2005 al 2011, año que fue elegido Presidente de la Comisión de Liturgia para el trienio 2011-2014. Desde este último y hasta diciembre de 2015, era miembro de la Comisión Permanente.