Con el Papa Francisco, por la defensa de la vida

Mons. Amadeo RodríguezMons. Amadeo Rodríguez       Queridos diocesanos:

1. Me habría gustado que esta reflexión sobre el valor de la vida humana sólo hubiera estado sugerida por una iniciativa espontánea de comentar “entre nosotros” nuestra gratitud al Señor por el don que nos ha dado. Sin embargo, no es así, y os lo confieso. Si os propongo el Evangelio de la vida en esta ocasión es porque me parece que hay razones importantes, aunque os he de decir que no lo hago contra nadie. No obstante, si os escribo de nuevo sobre este tema tan esencial es sobre todo porque en Extremadura algunas personas de alta responsabilidad social, política y de gobierno se han pronunciado ante la reforma de la ley del aborto que acaba de ponerse en curso. En esas opiniones es de lamentar que hasta las rebajas les parezcan caras, en un asunto que sólo se puede valorar en su calidad suprema. La vida humana vale tanto que no admite que se la supedite a nada por importante que sea: ni a libertades ni a consensos ni a mayorías.

2. Ante lo que os acabo de decir, seguramente vosotros os estaréis preguntando: Entonces, ¿qué piensas tú de la reforma de la ley del aborto que ha suscitado este debate social? Pues sencillamente que es un mal menor con el que se quiere corregir, mejorándolo un poco, un gran mal: el de la ley anterior y el del aborto mismo. Es verdad que al menos supone una mejora, pero sigue siendo una ley que permite interrumpir el embarazo. Quizás lo único positivo que haya que tener en cuenta es que el aborto pierde terreno y, en esta nueva ley, deja de ser un derecho. Pero, insisto, en realidad es una ley que sólo contenta a los que dicen: “Cuanto menos aborto, mejor”. Sin embargo, por desgracia no se puede decir con ella “aborto cero”, aún quedan supuestos en los que se podría interrumpir el embarazo: cuando existe grave peligro para la salud física o psíquica de la mujer o cuando el embarazo sea consecuencia de una violación. Por eso, no nos engañemos, un mal menor es un mal, y lo es sobre todo en lo que se refiere al derecho a la vida, que nunca debería admitir excepciones.

3. Como se ha ido creando la opinión de que el aborto es una opción más, algunos de los que me leéis seguramente estaréis pensado que soy duro e insensible al no admitir ni siquiera estos dos supuestos para interrumpir el embarazo. Os puedo asegurar que no lo soy. Sé muy bien que en toda decisión de abortar hay un drama, aunque a veces el drama sea la aparente frialdad con la que se decide quitarle la vida al no nacido. Por eso, ante cualquier situación, lo que propongo con la Iglesia y con muchos hombres y mujeres de buena voluntad es una atención especial a la madre: acompañar el amor de la madre por su criatura, para que la ame desde el momento mismo de su concepción. Hay que trabajar para poner en sintonía amorosa la maternidad y la vida, por muy difícil que sea la situación.

4. Hay que estar muy cerca de la familia y en especial “de las mujeres que se encuentran en situaciones muy duras, donde el aborto se les presenta como una rápida solución a sus profundas angustias, particularmente cuando la vida que crece en ellas ha surgido como producto de una violación o en un contexto de extrema pobreza”. Estas palabras son del Papa Francisco, y os aseguro que también yo digo con él: “¿Quién puede dejar de comprender esas situaciones de tanto dolor?” De ahí que no se trate de condenar a la mujer, sino de defender la vida. Por eso, quizás otro bien de esta reforma de la ley del aborto es que “por primera vez en la historia de España se libra a las mujeres de la posibilidad de sufrir cualquier reproche penal”, como acaba de anunciar el Ministro de Justicia.

5. Pero vuelvo a la defensa de la vida con la coherencia moral de la doctrina de la Iglesia. En esta ocasión la voy a presentar con lo último de lo último, para que no se diga que este modo de pensar es de otros tiempos. Lo que voy a decir es del Papa Francisco, que además dialoga con frescura y espontaneidad con quienes le puedan acusar de retrógrado. “Frecuentemente, para ridiculizar alegremente la defensa que la Iglesia hace de sus vidas, se procura presentar su postura como algo ideológico, oscurantista y conservador”. Ante esa acusación replica: “No es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana”. El Papa de las “periferias existenciales” recuerda en su reciente exhortación apostólica,Evangelii Gaudium, que entre los débiles de mundo están “los niños por nacer, que son los más indefensos e inocentes de todos, a quienes hoy se les quiere negar su dignidad humana en orden a hacer con ellos lo que se quiera, quitándoles la vida y promoviendo legislaciones para que nadie pueda impedirlo”

6. Francisco, el defensor de los pobres, los desamparados y los excluidos, nos propone la defensa de la vida humana por nacer con la convicción de que un ser humano es siempre sagrado e inviolable, en cualquier situación y en cada etapa de su desarrollo; es decir, sin la excepción de supuestos o plazos. El nascituruses un fin en sí mismo y nunca un medio para resolver otras dificultades. Esta es, nos hace ver el Papa, una convicción fundamental que todos deberíamos asumir sin reservas ni rebajas en la defensa de la vida humana; e insiste en que, si debilitamos esta convicción, nos quedaríamos sin fundamentos sólidos y permanentes para defender los derechos humanos, que siempre estarían sometidos a conveniencias y circunstancias de los poderosos de turno. Espero que estéis de acuerdo conmigo en que estos razonamientos son tan claros que se entienden y acogen con facilidad por la propia razón.

7. No obstante, los católicos contemplamos esta responsabilidad moral desde la fe, y por eso afirmamos que “toda violación de la dignidad personal del ser humano grita venganza delante de Dios y se configura como ofensa al Creador del hombre”. Por eso nosotros, sean cuales sean las decisiones políticas sobre el aborto -nos agraden más o menos-, seguimos pensado que en la defensa de la vida no hay más opción que la de ir a por todas. “No hay que esperarse que la Iglesia cambie su postura sobre esta cuestión. Quiero ser completamente honesto al respecto”, dice el Papa Francisco.

8. Como veis, no se puede decir ni más claro ni más tajante: para nosotros los católicos este es un asunto de coherencia interna. Para un católico no cabe aborto más o aborto menos, sólo cabe aborto cero. Os recomiendo que leáis lo números 213 y 214 de Evangelii Gaudium; en ellos expone el Papa estas ideas que acabo de citar. Os invito a que sean acogidas por todos con la misma docilidad y simpatía con que acogemos el resto de su mensaje.

Feliz y santo año 2014. Con mi afecto y bendición.

+ Amadeo Rodríguez Magro

Obispo de Plasencia

Mons. Amadeo Rodríguez
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Mons. Amadeo Rodríguez Magro nació el 12 de marzo de 1946 en San Jorge de Alor (Badajoz). Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Badajoz, del que luego sería formador. Recibió la ordenación sacerdotal el 14 de junio de 1970. Su primer destino pastoral fue de coadjutor de la parroquia emeritense de San Francisco de Sales (1970-1974), de la que posteriormente sería párroco (1977-1983). Tras obtener la licenciatura en Ciencias de la Educación (sección Catequética) en la Universidad Pontificia Salesiana de Roma (1983-1986), D. Amadeo fue nombrado por su Obispo, D. Antonio Montero, vicario episcopal de Evangelización y director de la Secretaría Diocesana de Catequesis (1986-1997), siendo también designado vicario territorial de Mérida, Albuquerque y Almendralejo; y finalmente vicario general (1996-2003). Fue además secretario general del Sínodo Pacense (1988-1992) y secretario de la conferencia de Obispos de la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz (1994-2003). En 1996 fue nombrado canónigo de la Catedral de Badajoz, cuyo cabildo presidió de 2002 a 2003. Realizó su labor docente como profesor en el Seminario, en el Centro Superior de Estudios Teológicos, en la escuela diocesana de Teología para Laicos (1986-2003) y de Doctrina Católica y su Pedagogía en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura (1987-2003). También formó parte del consejo asesor de la Subcomisión Episcopal de Catequesis de la Conferencia Episcopal Española. El 3 de julio de 2003 San Juan Pablo II le nombra obispo de Plasencia y recibe la ordenación episcopal en la Catedral de Plasencia el 31 de agosto de 2003. En la Conferencia Episcopal Española es el vicepresidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y presidente de la Subcomisión Episcopal de Catequesis desde 2014, de la que ya era miembro desde 2003. También ha formado parte de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias de 2005 a 2011. El 9 de abril de 2016 se hizo público su nombramiento como obispo de Jaén. Tomó posesión de su cargo el día 21 de mayo de 2016.