La fraternidad, fundamento y camino para la paz

Gil_HellinMons. Francisco Gil Hellín      Todos los hombres somos hermanos. Todas las naciones de la tierra formamos una unidad y compartimos un destino común. Pese a la diversidad de etnias, sociedades y culturas, cada día se percibe con más claridad que existe una semilla que nos impulsa a formar una comunidad de hermanos que se acogen mutuamente y se preocupan los unos de los otros.

Sin embargo, con frecuencia los hechos contradicen y desmienten esta vocación de fraternidad. Ahí están para testificarlo todas las guerras armadas y esas otras guerras, menos visibles, pero no menos crueles que se libran en el campo económico y financiero y que destruyen vidas, familias y empresas: la explotación laboral, el blanqueo ilícito de dinero, la prostitución, la trata de personas, la esclavitud, el trato inhumano de los emigrantes, la exclusión del no nacido y del anciano, la destrucción de alimentos mientras millones pasan hambre.

Esta dramática situación lleva a preguntarse a muchos si alguna vez lograremos un mundo en el que reine de verdad la fraternidad entre las personas y las sociedades y si algún día seremos capaces de vencer el odio, el egoísmo y la indiferencia. Algunos piensan que este ideal es inalcanzable y se contentan con aspirar a una convivencia regida por la tolerancia mutua y el pacto. De ahí  que reclamen y privilegien como único camino para la paz las leyes nacionales e internacionales.

Quienes tenemos fe en el Dios que nos presenta la Biblia y nos reveló Jesucristo, creemos que esas leyes y  tratados son, ciertamente, importantes y hasta necesarios. Pero insuficientes, pues ellos no son el verdadero fundamento de la fraternidad. El fundamento verdadero de la fraternidad entre todos los hombres y mujeres es la paternidad de Dios. Dios es Padre de todos y no un Padre genérico y abstracto, sino un Padre que tiene un amor extraordinariamente concreto y puntual por cada ser humano. Si ese amor es acogido, se convierte en el agente más asombroso para trasformar las relaciones de los unos con los otros y abre a los hombres a una verdadera y eficaz solidaridad y reciprocidad.

De esa paternidad universal fluye no sólo la fraternidad universal, sino el imperativo y el instrumento adecuado para alcanzarla. Porque lleva necesariamente a una conversión continua de los corazones, que permite reconocer en el otro un hermano, no un extraño, ni adversario, ni enemigo. De esa conversión nace el auténtico espíritu de fraternidad que vence el egoísmo personal y colectivo que es, en el fondo, el manantial de todos los conflictos. Baste pensar que detrás de las actuales crisis económicas y financieras, de la corrupción capilar de las sociedades actuales, de todas las explotaciones siempre se encuentra un corazón egoísta, que mira a su propio provecho sin preocuparse de los demás. Más aún, que no duda en eliminarlos cuando les considera obstáculos que se interponen a sus pretensiones.

Por otra parte, a nadie se le oculta que todos estos desórdenes generan injusticias, desigualdades profundas, envidias y odio entre las personas y las clases. En otras palabras, conflictos armados o no, pero conflictos. Construir un mundo sobre esta realidad es tanto como situarlo sobre un potente y peligrosísimo polvorín que, más pronto o más tarde, explotará y producirá consecuencias devastadoras. En cambio, fundamentar la convivencia humana sobre la paternidad de Dios y la fraternidad  entre sus hijos –todos los hombres y mujeres del mundo- es la mejor garantía para construir una sociedad en paz y prosperidad. Paz y prosperidad que todos anhelamos y que Dios es el más interesado en que las vivamos. En la “Jornada Mundial de la paz” es una buena oportunidad para pensar y vivir que la fraternidad es el fundamento y el camino para la paz.

+Francisco Gil Hellín,

Arzobispo de Burgos

Mons. Francisco Gil Hellín
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Mons. D. Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Realizó sus Estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Diocesano de Murcia entre 1957-1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma entre 1966-1968. Además, estudió Teología Moral en la Pontificia Academia S. Alfonso de Roma entre los años 1969-1970. Es Doctor en Teológía por la Universidad de Navarra en 1975. CARGOS PASTORALES Ejerció de Canónigo Penitenciario en Albacete entre 1972-1975 y en Valencia de 1975-1988. Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede de 1985 a 1996. Fue Vicedirector del Instituto de Totana, Murcia entre 1964-1966 y profesor de Teología en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1975-1985). También en el Istituto Juan PAblo II para EStudios sobre el Matrimonio y Familia (Roma, 1985-1997) y en el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz en Roma (1986-1997). Juan Pablo II le nombraría despues Secretario del Dicasterio de 1996 a 2002. Fue nombrado Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos el 28 de marzo de 2002, dejando su cargo en la Santa Sede, y llamado a ser miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia desde entonces. El papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Burgos el 30 de octubre de 2015, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 28 de noviembre de 2015. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida desde el año 2002. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Burgos desde 2011 hasta 2015. Además fue miembro de la Comisión Episcopal del Clero de 2002 a 2005.