REFLEXIONES PARA EL ADVIENTO – La fe en Dios y la sobriedad de vida

Mons. Vicente Jiménez ZamoraMons. Vicente Jiménez     La vida del hombre no depende de sus bienes, dice la sabiduría evangélica frente al necio, que víctima de la avaricia, olvida esta lección fundamental. Leemos en el Evangelio: “Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado? Así es el que atesora para sí y no es rico ante Dios” (Lc 12, 19-21). La necedad consiste en no tener en cuenta a Dios en la orientación de la vida y apoyarse en lo que no es Dios.

El apóstol San Pablo en su carta a Tito escribe: “llevemos ya desde ahora una vida sobria, justa y piadosa” (Tit 2, 12).

El profeta Jeremías recriminó en nombre de Dios a Israel: “Una doble maldad ha cometido mi pueblo: me abandonaron a mí, fuente de agua viva, y se cavaron aljibes, aljibes agrietados, que no retienen el agua” (Jer 2, 13). El hombre puede poner el corazón en cosas que no le sacian e incluso le producen vacío. Si sustituye a Dios por las cosas comete el hombre una doble equivocación como afirma Jeremías.

Adorar lo que no es Dios convierte al hombre en no-hombre. La dignidad del hombre se fundamenta, custodia y promueve con el reconocimiento de Dios, a cuya imagen y semejanza fue creado (cfr. Gn 1, 27). Esta convicción tan razonable de la fe influye poderosamente en la orientación del hombre en medio del mundo. Con muchas imágenes expresa la Sagrada Escritura el mismo pensamiento: Dios es la roca segura en que el hombre halla cimiento estable; Dios es la fuente donde el hombre bebe del agua que salta hasta la vida eterna; Dios es la luz que ilumina el camino del hombre y da sentido a su existencia.

Dios llena el corazón del hombre, como afirma el gran San Agustín. En cambio, si dobla la rodilla y doblega el espíritu ante el dinero como supremo valor, se destruye a sí mismo. Un dicho popular lo expresa paradójicamente: “había un hombre tan pobre que sólo tenía dinero”.

A la luz de las reflexiones que venimos haciendo se comprende que la fe en Dios tiene mucho que ver con la sobriedad de vida, la ordenación respetuosa de la creación, la administración correcta de nuestros bienes y de los ajenos, la libertad para no caer víctimas del dinero y poder compartir con los más pobres y necesitados. La felicidad, que el hombre ansía, no reposa en el consumo, el lucro, el poder. Todos podemos reconocer por experiencia que la felicidad no consiste en la acumulación de cosas, igual que la libertad no consiste en satisfacer todos sus deseos y menos sus caprichos, sino en la capacidad para hacer el bien.

Hemos vivido y a ello hemos sido frecuentemente estimulados, por encima de nuestras posibilidades y más allá de lo que dicta una sabiduría que no altera el orden de los medios y de los fines. Quizá pensamos que sea un camino sin límites lo que en realidad era un ritmo desbocado. La plenitud del hombre no reside en el crecimiento material indefinido. La avaricia incontenible, el consumo compulsivo, el capricho para gastar sin sentido, la competitividad orgullosa debe curarse con unas relaciones personales y sociales distintas. No sólo d
e pan vive el hombre, el dinero no es todo ni debe ser el Dios del hombre.

+ Vicente Jiménez Zamora

Obispo de Sanander

Mons. Vicente Jiménez Zamora
Acerca de Mons. Vicente Jiménez Zamora 254 Articles
Mons. D. Vicente Jiménez Zamora nace en Ágreda (Soria) el 28 de enero de 1944. Fue ordenado sacerdote diocesano de Osma-Soria el 29 de junio de 1968. Es licenciado en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, en Teología Moral por la Pontificia Universidad Lateranense de Roma y en Filosofía por la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino de Roma. CARGOS PASTORALES Su ministerio sacerdotal y episcopal está unido a su diócesis natal, en la que durante años impartió clases de Religión en Institutos Públicos y en la Escuela Universitaria de Enfermería, además fue profesor de Filosofía y de Teología en el Seminario Diocesano. También desempeñó los cargos de delegado diocesano del Clero (1982-1995); Vicario Episcopal de Pastoral (1988-1993); Vicario Episcopal para la aplicación del Sínodo (1998-2004) y Vicario General (2001-2004). Fue, desde 1990 hasta su nombramiento episcopal,abad-presidente del Cabildo de la Concatedral de Soria. El 12 de diciembre de 2003 fue elegido por el colegio de consultores administrador diocesano de Osma-Soria, sede de la que fue nombrado obispo el 21 de mayo de 2004. Ese mismo año, el 17 de julio, recibió la ordenación episcopal. El 27 de julio de 2007 fue nombrado Obispo de Santander y tomó posesión el 9 de septiembre de 2007. Desde el 21 de diciembre de 2014 es Arzobispo de Zaragoza, tras hacerse público el nombramiento el día 12 del mismo mes. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro del Comité Ejecutivo desde el 14 de marzo de 2017. Además, ha sido miembro de las Comisiones Episcopales para la Doctrina de la Fe (2007-2008) y Pastoral Social (2008-2011). Desde 2011 era presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, tras ser reelegido para el cargo el 13 de marzo de 2014. El sábado 29 de marzo de 2014 la Santa Sede hizo público su nombramiento como miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.