Una nueva sensibilidad

Gil_HellinMons. Francisco Gil Hellín     Alguna vez he escrito en esta columna mi convicción de que el mejor comentario de un texto es la lectura reposada del mismo texto. La exhortación apostólica “La alegría del evangelio”, que acaba de publicar el Papa Francisco, es una prueba más en este sentido. De tal modo que, sin esa lectura, aunque se lean u oigan muchos comentarios, pienso que corremos el riesgo real de no entrar a fondo en lo que ella propone. Más en concreto, sobre lo que dice de la crisis actual, los bienes de este mundo, la solidaridad, el amor a los pobres y su promoción. Además, perderá la frescura y la fuerza de las palabras con las que el Papa se expresa. Por eso mi intención al dar hoy unas pinceladas sobre esos temas es, ante todo, animar a todos, sacerdotes y fieles a leer, meditar y sacar consecuencias a las palabras del Papa.

Para despertar el apetito, recojo algunas ideas. Refiriéndose a la crisis que nos agobia, el Papa no puede ser más tajante: “Así como el mandamiento ‘no matar’ pone un límite claro a asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir ‘no a una economía de la exclusión y de la inequidad’. Esta economía mata” (EG 53). ¿Por qué esta economía mata? Porque, por ejemplo, “no puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos de la bolsa”. O que “se tire comida cuando hay gente que pasa hambre”. Estas y otras mil cosas suceden porque “hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil”. Las consecuencias, como señala el Papa, no pueden ser más desastrosas: “Grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas, sin trabajo, sin horizontes, sin salida. Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar”.

No menos contundente es el Papa Francisco cuando se refiere a los bienes de la tierra. “Hay que recordar siempre que el planeta es de toda la humanidad y para toda la humanidad, y que el solo hecho de haber nacido en un lugar con menores recursos o menor desarrollo no justifica que algunas personas vivan con menor dignidad” (EG 192). Sabedor de que esto se verifica en muchos países de África, Asia, América, etc. y que hay pueblos enteros que viven en una situación indigna del hombre, el Papa clama con voz profética: es un “imperativo escuchar el clamor de los pobres”. Escucharlos para “asegurar a todos la comida o un decoroso sustento”, pero sin quedarse ahí. Porque se trata “de que tengan prosperidad sin exceptuar bien alguno. Esto implica educación, acceso al cuidado de la salud y especialmente al trabajo…El salario justo permite el acceso adecuado a los demás bienes que están destinados al uso común”.

Quizás alguno se pregunte si el Papa no estará exagerando. La respuesta se la da el mismo Papa en estas palabras sobre la solidaridad. “La solidaridad es una reacción espontánea de quien reconoce la función social de la propiedad y el destino universal de los bienes como realidades anteriores a la propiedad privada”. La propiedad privada es un derecho natural de la persona humana, pero la “posesión privada de los bienes se justifica para cuidarlos y acrecentarlos de manera que sirvan mejor al bien común, por lo cual la solidaridad debe vivirse como la decisión de devolverle al pobre lo que le corresponde”.

No cabe duda: necesitamos cambiar nuestros esquemas mentales y nuestras actitudes, pues solo si lo hacemos, abriremos camino a otras trasformaciones estructurales que hagan posible vivir de hecho la solidaridad. El Papa está tan convencido de ello, que no duda en afirmar: “Un cambio de las estructuras sin generar nuevas convicciones y actitudes dará lugar a que esas mismas estructuras, tarde o temprano, se vuelvan corruptas e ineficaces” (EG 189).

+ Francisco Gil Hellín

Arzobispo de Burgos

Mons. Francisco Gil Hellín
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Mons. D. Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Realizó sus Estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Diocesano de Murcia entre 1957-1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma entre 1966-1968. Además, estudió Teología Moral en la Pontificia Academia S. Alfonso de Roma entre los años 1969-1970. Es Doctor en Teológía por la Universidad de Navarra en 1975. CARGOS PASTORALES Ejerció de Canónigo Penitenciario en Albacete entre 1972-1975 y en Valencia de 1975-1988. Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede de 1985 a 1996. Fue Vicedirector del Instituto de Totana, Murcia entre 1964-1966 y profesor de Teología en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1975-1985). También en el Istituto Juan PAblo II para EStudios sobre el Matrimonio y Familia (Roma, 1985-1997) y en el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz en Roma (1986-1997). Juan Pablo II le nombraría despues Secretario del Dicasterio de 1996 a 2002. Fue nombrado Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos el 28 de marzo de 2002, dejando su cargo en la Santa Sede, y llamado a ser miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia desde entonces. El papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Burgos el 30 de octubre de 2015, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 28 de noviembre de 2015. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida desde el año 2002. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Burgos desde 2011 hasta 2015. Además fue miembro de la Comisión Episcopal del Clero de 2002 a 2005.