Carta de los Obispos de las diócesis de Aragón a los fieles cristianos sobre la vocación al apostolado seglar (Encuentro de laicos de Aragón, 24 de mayo de 2014)

Mons. Manuel UreñaMons. Manuel Ureña      El pasado 24 de noviembre, Domingo de la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el Santo Padre el Papa Francisco clausuraba en Roma, junto con las Iglesias particulares de todo el Orbe, el Año de la fe.

Siguiendo las huellas del Siervo de Dios, el Papa Pablo VI, y del Beato Papa Juan Pablo II, Benedicto XVI convocó en 2011 el Año de la fe para que el Pueblo de Dios rememorara con exactitud el contenido de la fe y, sobre todo, testimoniara la persona de Jesucristo, en su doble naturaleza divina y humana, que es lo que hay que creer (objeto de la fe), a quien hay que creer (motivo y causa de la fe) y a quien hay que seguir con la mente y con el corazón en vida y en muerte (causa final de la fe); para que la fe se purificara, tanto en su objeto (fides quae) como en su acto (fides qua), contemplándola a la luz del Concilio y del Catecismo de la Iglesia; y, para que, revitalizada y purificada, fuera confesada plenamente de nuevo y anunciada con fuerza y vigor a todas las gentes (Nueva Evangelización). Y, tras la clausura del Año de la fe, ha venido el Adviento, cuya tercera semana comienza hoy y uno de cuyos contenidos capitales es la conversión a la fe verdadera.

En el horizonte, pues, del Año de la fe y de la llamada a la conversión que nos dirige el Adviento convirtámonos, y convirtámonos a Cristo, núcleo de nuestra fe, y a su Iglesia, cuya necesidad para la salvación de los hombres fue afirmada por el propio Cristo.

¿Qué hemos de hacer los cristianos después del Año de la fe? ¿Qué han de hacer los consagrados: religiosos y seculares? ¿Qué habremos de hacer los sacerdotes, partícipes, por medio de los grados sacerdotales del sacramento del Orden, del sacerdocio ministerial del Señor? Y, finalmente, ¿qué han de hacer los fieles laicos?

A todos nos pide Cristo, en el fondo, la misma cosa: que, anunciando el Evangelio a todos los hombres, contribuyamos a su santificación mientras que obtenemos también nosotros, heraldos del Evangelio, el don de la santidad.

Ahora bien, la misión de transmitir la fe y de vivirla cobra un carácter distinto en los cristianos según el estado o la vocación que cada uno haya abrazado en la Iglesia siguiendo la voluntad de Dios. Así las cosas, los obispos de las Iglesias particulares de Aragón hemos creído oportuno dirigir una palabra de aliento, en este tiempo inmediatamente posterior a la clausura del Año de la fe, a todos los fieles cristianos, pero de un modo especial a los fieles cristianos seglares, a los laicos, aprovechando la feliz coyuntura del cumplimiento, en 30 de diciembre de este año, del XXV aniversario de la publicación de la exhortación apostólica post-sinodal “Christifideles laici”.

En efecto, “fieles cristianos seglares” fue el título dado por Juan Pablo II a aquella tan magnífica exhortación apostólica post-sinodal en la que nos ofreció el fruto del Sínodo general de los obispos sobre la vocación cristiana y apostólica de los laicos en la Iglesia y en el mundo.

 

Han pasado veinticinco años desde entonces y creemos conveniente traer de nuevo a la memoria las enseñanzas de aquella exhortación apostólica con la que el Papa quiso desarrollar la doctrina del Concilio Vaticano II sobre la vocación cristiana y apostólica de los laicos cristianos.

Traemos aquéllas a la memoria con la intención de avivar en nuestras Iglesias diocesanas la vocación al apostolado, que está indisolublemente unida a la existencia cristiana. En este sentido, las enseñanzas del Concilio son muy precisas e interpelantes, «porque la vocación cristiana, por su misma naturaleza, es también vocación al apostolado. Así como en el conjunto de un cuerpo vivo no hay miembros pasivos, de igual manera ocurre en el Cuerpo místico de Cristo, que es la Iglesia. Son tan estrechas la conexión y la trabazón de los miembros en este Cuerpo, que el miembro que no contribuye según su propia capacidad al aumento del cuerpo debe ser tenido como inútil para la Iglesia y para sí mismo» (AA 2).

A lo largo del Año de la fe y siguiendo la invitación del Papa Benedicto XVI, hemos vuelto a meditar los textos conciliares. Creemos que dar un nuevo impulso a la vocación apostólica de nuestros fieles cristianos ha de ser un fruto precioso de la celebración de este Año singular.

Por ello os invitamos, muy queridos hermanos y hermanas, hijos e hijas, a reflexionar sobre el vigor que actualmente tiene en vosotros la vocación apostólica, a confrontaros con las enseñanzas del Concilio Vaticano II sobre este punto y a buscar, con la participación de todos, iniciativas que nos lleven a impulsar el apostolado, tanto el que cada fiel cristiano puede y debe desarrollar de forma individual como el apostolado asociado, que tiene una particular importancia por manifestar «mejor la comunidad de la Iglesia» y por resultar «más eficaz» en las circunstancias de la sociedad en que vivimos (cf AA 20).

Entre los muchos retos que tienen nuestras Iglesias, la promoción del apostolado asociado no es el menor. Es preciso que, conforme a la llamada del Concilio Vaticano II y de la exhortación apostólica “Christifideles laici”, el apostolado seglar asociado recobre vitalidad y se aplique con decisión a secundar los objetivos que la Iglesia le propone para la propagación del Reino de Cristo y para la vida del mundo.

Os convocamos, pues, a secundar las tareas que las Delegaciones de Apostolado Seglar de nuestras Diócesis aragonesas os van a proponer para el presente curso, con la intención de llegar a un Encuentro regional el sábado, día 24 de mayo de 2014, en Zaragoza, que sirva para impulsar en todos vosotros la vocación apostólica.

Con gran fe en vosotros y con gran amor a vosotros os impartimos la bendición de Dios.

 

+ Manuel Ureña Pastor, Arzobispo de Zaragoza

+ Alfonso Milián Sorribas, Obispo de Barbastro-Monzón

+ Carlos Manuel Escribano Subías, Obispo de Teruel y Albarracín

X Julián Ruíz Martorell, Obispo de Huesca y de Jaca

+ Eusebio Hernández Sola, Obispo de Tarazona

Mons. Manuel Ureña
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Manuel Ureña Pastor nació en Albaida (Valencia) el 4 de Marzo de 1945. Realizó sus estudios de Enseñanza Primaria en las Escuelas Nacionales de su pueblo natal. En Septiembre de 1959 ingresó en el Seminario Metropolitano de Moncada (Valencia), en donde cursó el Bachillerato Elemental y el Bachillerato Superior, y, posteriormente, el quinquenio de Estudios Eclesiásticos, obteniendo en junio de 1970 el título de Bachiller en Teología. Entre los años 1968 y 1973, cursó Estudios Superiores de Historia y de Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Literaria de Valencia. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca con una tesina sobre “El tema de Dios en el joven Leibnitz”. El 14 de Julio de aquel mismo año, 1973, recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos del entonces Sr. Arzobispo Metropolitano, S.E. Rvdma., Mons. José María García Lahiguera. A partir de septiembre de aquel año ejerce el ministerio sacerdotal, como coadjutor, en la parroquia de Nuestra Señora del Olivar de Alacuás (Valencia) y, al mismo tiempo, imparte clases de Teología pastoral, de Teología Fundamental y de Teología de la fe en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia. En Septiembre de 1976 es enviado a Roma para cursar estudios superiores de Filosofía en la Pontificia Universidad de Santo Tomás. Allí obtendrá en abril de 1984 el grado de Doctor en Filosofía con una Tesis Doctoral sobre el pensamiento del filósofo neomarxista alemán Ernst Bloch titulada: “Ernst Bloch:una interpretación teleológica –inmanente de la realidad” que mereció la máxima calificación académica. En 1980, es nombrado Director del Colegio Mayor "San Juan de Ribera", de Burjasot (Valencia), y profesor de Metafísica y de Historia de la Filosofía Antigua en la Facultad de Teología de Valencia. Durante dos semestres impartiría también las asignaturas de Filosofía de la Religión y de Historia de la Filosofía medieval. En 1987 es nombrado miembro de la Blochsgesellschaft, en la entonces República Federal de Alemania. El 8 de Julio de 1988 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de la Diócesis de Ibiza, siendo consagrado el 11 de septiembre de aquel mismo año. Y, desde el 20 de abril de 1990, simultaneó su ministerio episcopal en Ibiza con el de Administrador Apostólico de la Diócesis de Menorca. En Julio de 1991, el Papa Juan Pablo II lo trasladó a la Diócesis, entonces recien creada, de Alcalá de Henares, nombrándolo, al mismo tiempo, Visitador Apostólico de los Seminarios Mayores de las provincias eclesiásticas de Andalucía y Administrador Apostólico de la Diócesis de Ibiza. En 1992, el entonces Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Zaragoza, S. E. Rvdma., Mons. Elías Yanes Álvarez, lo nombró Consiliario Nacional de la Adoración Nocturna Española, cargo que sigue ejerciendo en la actualidad. En Julio de 1998 es nombrado Obispo de la Diócesis de Cartagena, Administrador Apostólico de la diócesis de Alcalá de Henares y Gran Canciller de la Universidad Católica de Murcia. Promovido al Arzobispado de Zaragoza el 2 de abril de 2005, comenzó a ejercer aquí su ministerio de sucesión apostólica el 19 de junio del mismo año, al tiempo que era nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena y Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral Social, de Seminarios y Universidades, y del Comité Episcopal ‘Pro vita’. En la actualidad es miembro de la Comisión Episcopal de para la Doctrina de la Fe. Su investigación filosófica gira en torno al pensamiento marxista y al pensamiento postmoderno. En teología, ha trabajado bastante el pensamiento de los teólogos católicos Karl Rahner y Hans Urs von Balthasar; y, en teología protestante, ha familiarizado mucho con los teólogos protestantes Karl Barth y Dietrich Bonhoeffer. Sus trabajos científicos son ya más de 60. Y su principal publicación es el libro Ernst Bloch, ¿un futuro sin Dios? (BAC MAIOR (Madrid) 1986). Reconocimientos: Hijo Predilecto de Albaida, Medalla de Oro de la ciudad de Murcia, Defensor de Zaragoza 2008, Premio IACOM (Instituto Aragonés de Comunicación). Premio Fundación Carlos Sanz 2010. Caballero de Honor de Ntra. Sra. del Pilar. Encargos pastorales: Miembro de la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal, trienios (1993-1996; 1996-1999; 1999-2002; 2002-2005; 20005-2008; 2008-2011). Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (2011-2014). Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica San Antonio de Murcia.