El mensaje semanal del Obispo de Cuenca

Mons. YanguasMons. José María Yanguas    Queridos diocesanos:

El año litúrgico concluía la pasada semana con la solemnidad de Cristo, Rey del Universo. Ese domingo se cerraba también el Año de la Fe que ha vivido toda la Iglesia en los últimos meses, para, movida por la gracia de Dios, redescubrir la fe, como acto personal y en sus contenidos, para renovar la alegría de confesar a Dios como su Señor y para devolverle su fuerza trasformadora de la propia existencia.

En los días pasados hemos visto como en muchas ciudades las calles volvían a llenarse de luces, a engalanarse con vistosos adornos, y se comenzaba a respirar un aire de festiva alegría. Es cierto que para muchos queda como en un segundo plano el porqué último de ese hecho; para otros, su razón de ser es puramente económica, mercantil.

Para los cristianos las cosas son diversas. Sabemos que este domingo inicia el nuevo Año litúrgico con el tiempo que llamamos de Adviento, que nos encamina y nos dispone para celebrar los días santos de la Navidad del Señor.

Todos tenemos viva experiencia de nuestra total incapacidad para frenar el paso del tiempo, para detener su imparable avance , siendo así que sentimos igualmente que algunos acontecimientos deberían ser vividos con mayor quietud, ralentizando la marcha del tiempo: son hechos demasiado grandes, demasiado bellos, demasiado importantes, para que pasen tan velozmente. Es lo que ocurre con los grandes misterios dela fe y, en concreto, con el profundo y bellísimo misterio de la Navidad, el nacimiento del Hijo de Dios, de una Madre Virgen, en Belén de Judá, como estaba anunciado por los profetas.

El año litúrgico, con sus tres ciclos de celebraciones, favorece y sirve a nuestro natural deseo refrenar, de algún modo, el paso del tiempo. Nos permite celebrar los distintos aspectos del misterio de Cristo: su encarnación y nacimiento, su manifestación a los hombres, su Pasión, Muerte y Resurrección, su gloriosa Ascensión, la venida del Espíritu Santo, etc. A lo largo del Año, la Iglesia celebra en días determinados la obra salvadora de su Señor. “Conmemorando, así, los misterios de la redención, dice el Concilio Vaticano II (Sacrosanctum Concilium, n. 120), abre las riquezas del poder santificador y de los méritos de su Señor, de tal manera que, en cierto modo, se hacen presentes en todo tiempo, para que puedan los fieles ponerse en contacto con ellos y llenarse de la gracia de la salvación”.

El Adviento es tiempo de intensa espera, de atenta vigilancia, de crecientes deseos del bien, anunciado y anhelado: la venida del Salvador del mundo, el Mesías prometido. Y es tiempo, también, de conversión, de preparación de la venida, de purificación de  los corazones, de manera que puedan recibir al Dios que se hace huésped de los hombres, poniendo su casa entre nosotros.

Es a esta conversión a la que invita la liturgia en los primeros días del Adviento, haciéndose altavoz de la llamada de los profetas, sobre todo de Juan Bautista, el Precursor: “Convertíos, dice, porque está cerca el reino de los cielos” (Mt 3, 2). “El Señor está cerca” (Flp 4, 5), dice San Pablo, y nos trae la salvación. Sólo Él puede darla. En manos de nuestra libertad está recibirla, aceptarla, para caminar después alegremente “a la luz del Señor” (Is 2, 5).

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
Acerca de Mons. José María Yanguas 152 Articles
Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).