ADVIENTO: Salir al encuentro de cristo con la oración y la caridad

eusebiohernandezobtarazonaMons. Eusebio Hernández      Queridos hermanos y amigos: Al comenzar el Adviento pedimos en la colecta de la Misa de este domingo que el Señor avive en nosotros el deseo de salir al encuentro de Cristo, que viene. Es por lo tanto un tiempo litúrgico centrado en Cristo al que queremos acoger en nuestras vidas.

Espiritualmente el Adviento nos impulsa a la espera de Cristo al final de los tiempos, es decir la Parusía, y en esta idea se centran las lecturas y oraciones del primer tiempo del Adviento; por otra parte, aparece en un segundo lugar la perspectiva de la Navidad que se centra en el Emanuel, es decir el Dios con nosotros.

Cada vez que recitamos el Credo afirmamos la primera realidad que celebramos en el Adviento, así decimos: de nuevo vendrá con gloria para jugar a vivos y muertos (Credo nicenoconstantinopolitano), o bien, desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos (Credo de los Apóstoles). Conviene, pues, subrayar en este tiempo lo que tantas veces repetimos en nuestras Misas y oraciones: Venga tu reino; ven, Señor Jesús; mientras esperamos tu venida gloriosa; Bendito el que viene en el nombre del Señor.

La segunda venida del Señor es fundamental para comprender y vivir la esperanza cristiana. El cristiano dejaría de serlo si no espera y pide la vuelta del Señor. Revitalicemos en este Adviento esta realidad de nuestra fe cristiana, ojala vivamos con intensidad la confianza de este triunfo final de Nuestro Señor en el que definitivamente instaurará su Reino.

En función de esta segunda venida de Cristo el Adviento nos invita a dos actitudes que debemos mantener siempre en nuestra vida cristiana. La primera es la oración y la según da es la caridad.

La oración se debe hacer más intensa en nuestra vida personal y comunitaria en este tiempo de Adviento. En la oración colecta del lunes de la primera semana decimos:

Concédenos, Señor Dios nuestro, permanecer alertas a la venida de tu Hijo, para que cuando llegue y llame a la puerta nos encuentre velando en oración y cantando tu alabanza.

También en el prefacio II de este tiempo encontramos la misma idea:

El mismo Señor nos concede ahora prepararnos con alegría al misterio de su nacimiento, para encontrarnos así, cuando llegue, velando en oración y cantando su alabanza.

Es el momento, por lo tanto, de que cada uno de nosotros busquemos tiempos personales y comunitarios para orar y celebrar nuestra fe. Por ello, para nosotros y para toda la humanidad, pedimos los dones del Señor y, que a pesar de nuestra fragilidad, Él nos fortalezca, nos libere de las esclavitudes, nos dé su gracia y que se acreciente en nosotros el sabernos peregrinos encaminados hacia la meta que es el mismo Cristo.

Es también un tiempo para incrementar la caridad que nos hace descubrir en el rostro de cada hombre al Señor que sale a nuestro encuentro, como nos dice el prefacio III de Adviento:

El mismo Señor que se nos mostrará entonces lleno de gloria viene ahora a nuestro encuentro en cada hombre y en cada acontecimiento, para que lo recibamos en la fe y por el amor demos testimonio de la esperanza dichosa de su reino.

Un reto para nuestra fe es pedir, por lo tanto, que en este Adviento nos dé el Señor un corazón nuevo y unos ojos nuevos para “ver” a Cristo en cada hombre y en cada acontecimiento y descubrir en palabras del papa Francisco que “si en nuestro corazón no hay misericordiano estamos en comunión con Dios”.

Con todo afecto os saludo y bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona

Mons. Eusebio Hernández Sola
Acerca de Mons. Eusebio Hernández Sola 230 Articles
Nació en Cárcar (Navarra) el 29 de julio de 1944. Sus padres, Ignacio (+ 1973) y Áurea. Es el mayor de cuatro hermanos. Ingresó en el seminario menor de la Orden de los Padres Agustinos Recoletos, en Lodosa, el 12 de septiembre de 1955. En 1958 pasó al colegio de Fuenterrabía donde completó los cursos de humanidades y los estudios filosóficos. A continuación (1963-1964) ingresó en el noviciado del convento de la orden en Monteagudo (Navarra), donde hizo la primera profesión el 30 de agosto de 1964, pasando posteriormente a Marcilla donde cursó los estudios teológicos (1964-68). Aquí hizo la profesión solemne (1967); fue ordenado diácono (1967) y presbítero el 7 de julio de 1968. Su primer oficio pastoral fue el de asistente en la Parroquia de "Santa Rita" de Madrid, comenzando al mismo tiempo sus estudios de Derecho Canónico en la Universidad de "Comillas", de la Compañía de Jesús. Al curso siguiente (1969) fue traslado a la residencia universitaria "Augustinus", que la orden tiene en aquella ciudad. Se le confió la misión de director espiritual de sus 160 universitarios, continuó sus estudios de derecho canónico, que concluyó con el doctorado en 1971, e inició los de Derecho en la universidad complutense de Madrid (1969-1974). Durante el curso 1974-75 hizo prácticas jurídicas en la universidad y en los tribunales de Madrid. El 3 de noviembre de 1975 inició su trabajo en la Congregación para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica. Desde 1976 fue el director del departamento de la formación y animación de la vida religiosa, siendo el responsable de la elaboración y publicación de los documentos de la Congregación; además dirige una escuela bienal de teología y derecho de la vida consagrada. Desde 1995 es "capo ufficio" del mismo Dicasterio. Por razones de trabajo los Superiores de la Congregación le han confiado multitud de misiones en numerosos países del mundo. Ha participado en variados congresos de vida consagrada, de obispos y de pastoral vocacional. Durante este tiempo ha ejercido de asistente en el servicio pastoral de la orden en Roma. El día 29 de enero de 2011 fue publicado su nombramiento como Obispo de Tarazona y fue ordenado el 19 de marzo, fiesta de San José, en la Iglesia de Ntra. Sra. de Veruela.