Fiesta de fin de año

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora    No estoy confundido. La Iglesia, con la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, termina el Año Litúrgico. Y, en esta ocasión, celebramos también la clausura del Año de la fe.

El Papa Benedicto XVI nos regaló este Año de la fe que hoy termina. En la Carta Porta fidei, expresó el objetivo por lograr: «Durante este tiempo, tendremos la mirada fija en Jesucristo, “que inició y completa nuestra fe” (Hb 12, 2): en él encuentra su cumplimiento todo afán y todo anhelo del corazón humano. La alegría del amor, la respuesta al drama del sufrimiento y el dolor, la fuerza del perdón ante la ofensa recibida y la victoria de la vida ante el vacío de la muerte, todo tiene su cumplimiento en el misterio de su Encarnación, de su hacerse hombre, de su compartir con nosotros la debilidad humana para transformarla con el poder de su resurrección. En él, muerto y resucitado por nuestra salvación, se iluminan plenamente los ejemplos de fe que han marcado los últimos dos mil años de nuestra historia de salvación» (Porta fidei, 13).

Ejemplos de fe que están sometidos a una permanente renovación por el Espíritu Santo que se nos ha dado. Comenzamos el Año de la fe, por una clara voluntad del Papa de querer señalar el comienzo de la renovación conciliar. En efecto fue el 11 de octubre de 1962, cuando comenzó la primera sesión del Concilio Vaticano II que tanta fuerza del Espíritu ha traído a la Iglesia.

En este domingo último, en el que la Iglesia celebra la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, debe haber en nosotros, el Pueblo de Bautizados, una doble dimensión en la mirada fija en Jesucristo: Contemplo al Señor que está con nosotros viviendo en nosotros traspasando las barreras del tiempo y del espacio: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Final del Evangelio de San Mateo) Es la Pascua, el paso del Señor por nuestra historia y nosotros nos hemos sentido «tocados» por la gracia a lo largo de este Año de la fe. Experimento por todas las parroquias por las que paso una fortaleza especial que nos damos unos a otros. La comunión eclesial y el sentido de pertenencia responsable a la aventura histórica eclesial en medio de tantas dificultades con las que se encuentra hoy la persona creyente, nos hace sentir felices en nuestros encuentros y celebraciones mil. Ciertos en nuestra fe y con un orgullo creciente de ser e identificarnos como católicos.

Sin embargo, dentro de esta doble dimensión que hay en nuestra mirada fija en el Señor Jesús, no solo es un experimentar su presencia aquí y ahora, sino la especial fuerza que nace de saber (nos lo dice hoy la celebración) que Jesucristo vendrá como Rey y Señor de la Historia humana con el triunfo más absoluto sobre el mal, el pecado y la muerte. Quiere esto decir que nuestro avanzar, tantas veces penoso, en la dirección que nos marca el Reino de Dios: Verdad y Vida, Santidad y Gracia, Justicia Paz y Amor. Alienta los trabajos de la Iglesia «en él –en Jesucristo– encuentra su cumplimiento todo afán y todo anhelo del corazón humano». Nos ha dicho el Papa y nos vemos así reflejados por nuestra experiencia personal. Los logros del testimonio de fe no son para vencer nosotros sobre nadie, sino por ofrecer a todos una orientación definitiva, que no defrauda nunca, que alienta la esperanza contra todo derrotismo.

Necesita nuestra sociedad gentes de futuro que tengan la mirada puesta en lo que se puede lograr sin quedarse en la eterna lamentación de lo malo malísimo que es el mundo. La Historia humana gime con dolores esperando el parto de su liberación. Esta ha llegado en Jesucristo y nosotros hacemos avanzar nuestro momento histórico hacia Él.

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.