Carlos Granados García: “Lumen Fidei es una respuesta audaz a la crisis de Fe que vivimos en nuestro mundo actual”

Carlos Granados GarcíaD. Carlos Granados García es Profesor de Sagrada Escritura en la Universidad San Dámaso. El pasado 7 de noviembre expuso y desarrolló el documento “Lumen Fidei”, del Papa Francisco, en el Obispado de Plasencia para los asistentes a la primera conferencia de la Formación Permanente del Clero de este nuevo curso.

–¿Qué es la Encíclica Lumen Fidei? ¿Qué nos dice el Papa con ella?

 –La Encíclica Lumen Fidei es la culminación de un pontificado (el de Benedicto XVI) y el punto de partida de otro (el del Papa Francisco): ambos se encuentra en la fe. Esta Encíclica es el punto de llegada de dos documentos anteriores: “Deus Caritas Est” (caridad) y “Spe Salvi” (esperanza). Se completa así el ciclo de las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. Pero esta Encíclica es sobre todo una respuesta audaz a la crisis de fe que vivimos en nuestro mundo actual.

–¿En qué consiste dicha crisis?

–En que el hombre ha dejado de ver, no es capaz de mirar de verdad, han perdido la profundidad de la mirada. Hay quien dice que la crisis consiste en que el hombre moderno lo reduce todo a la materia y a los sentidos. Me parece, sin embargo, que lo malo no es reducirlo todo a lo sensorial, sino pensar, creer y vivir como si lo sensorial fuera solamente sensorial, como si la materia fuera solamente materia, y no percibir la presencia de Dios, la presencia encarnada del Verbo, como semilla de verdad, en cada elemento sensorial y material. La Lumen Fidei quiere hacernos recuperar el estupor ante esta afirmación: es posible ver a Dios; quien cree ve.

–¿Para qué nos sirve a los cristianos esta Encíclica?

-Esta Encíclica busca servir a todo el mundo, no solo a los cristianos; por eso dice LF 51 que “la fe es un bien para todos, es un bien común”. Nos sirve, por tanto, a todos. La fe es una luz potente que ilumina toda nuestra existencia; pero una luz tan potente, con tanta capacidad de dar sentido, no puede venir de nosotros mismos, sino de “una fuente más primordial, tiene que venir, en definitiva, de Dios” (LF 4). La fe salva nuestro mundo pero no nos saca del mundo (no nos “salva de” nuestro mundo). La fe confesada, realizada en los sacramentos, vivida por el decálogo y hecha oración, nos comunica el amor de Dios. Con ello también “nos ayuda a edificar nuestras sociedades, para que avancen hacia el futuro con esperanza” (LF 51).

–¿Qué nuevas aportaciones realiza el Papa Francisco a la Encíclica escrita por su predecesor?

–El Papa Francisco afirma que él se encontró la Lumen Fidei ya prácticamente acabada y que solo introdujo ligeros retoques. Desde  luego hay momentos en que el estilo y el vocabulario suenan a Papa Francisco, por ejemplo, cuando se habla del “desierto del «yo» autorreferencial, cerrado en sí mismo”, usando la palabra “autorreferencial” que tanto gusta al Papa Francisco para exorcizar el peligro de una Iglesia o un cristiano que vive solo en referencia a sí mismo. En todo caso, pienso que lo esencial es percibir la continuidad y agradecer a Dios esa unidad que es perfectamente perceptible entre ambos Papas.

–En su ponencia sobre la Encíclica Lumen Fidei, ¿qué puntos ha desarrollado? ¿Qué enfoque le ha dado a su exposición?

–La ponencia ha desarrollado sobre todo la siguiente idea: “quien cree ve”. Frente a esa imagen de una fe ciega he querido resaltar el aspecto luminoso de la fe. De esta tesis se sigue: que la fe no es algo privado (entre Dios y yo) sino que se puede comunicar, que la fe no es algo meramente interior, que se decide en una opción interior y secreta, sino que es luz que transfigura toda la vida; que la fe no es ajena a la razón ni a la ciencia ni a la lógica de las cosas del mundo, sino que puede y debe dialogar.

De esta comprensión de la fe como luz se sigue también la necesidad de “aprender a ver”. El ojo no es una cámara fotográfica. El ojo no es neutro. El ojo está por su propia naturaleza dirigido al bien y abierto a la fe. Yo puede cegar mis ojos, impedirles que vean a Dios en su creación, impedirles que vean el milagro de la dignidad de la persona, impedirles que perciban el misterio de la luz que se me regala. Cuando obro así, doy un salto: el salto de la incredulidad. Pero si me mantengo en el círculo luminoso de la luz que se me regala, entonces me pongo en camino hacia la fe. La propia luz natural me va conduciendo hacia una apertura a la luz sobrenatural. Para hacer este camino es necesario aprender a mirar. Y en esto consiste la gracia pues el Espíritu Santo enseña precisamente a mirar. Este ha sido otro de los puntos clave de la conferencia.

(Iglesia en Plasencia – dicoesisplasencia.org)

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