En la Jornada de la Iglesia diocesana

Mons. Gerardo MelgarMons. Gerardo Melgar   Queridos diocesanos:

Este Domingo 17 de noviembre celebramos un día importante para todos nosotros, miembros de nuestra Diócesis de Osma-Soria: la Jornada de la Iglesia diocesana; lo hacemos unidos al resto de las Iglesias particulares que peregrinan en España.

Este día no tiene como objetivo único ni siquiera como objetivo más importante la recaudación de dinero para la Diócesis (aspecto importante pero no central). El objetivo principal de esta Jornada es ayudar a los cristianos de cada Iglesia diocesana aconcienciarse de su condición de miembros vivos de la Iglesia, de su ser Iglesia por la pertenencia a una Diócesis concreta. Al servicio de esta concienciación debemos situar incluso la aportación económica que se nos pide en este día pues, para desarrollar todas sus actividades al servicio de la misión que el Señor le ha encomendado, nuestra Diócesis necesita recursos económicos. Nuestra aportación económica debe ser reflejo de que somos conscientes de nuestra corresponsabilidad y de nuestra pertenencia a la Iglesia diocesana; nunca podemos perder de vista que la Diócesis es cosa y casa de todos, es algo nuestro que nos compromete a ofrecer nuestra aportación para su sostenimiento.

Pero un donativo económico no agota, de ninguna manera, el sentido de esta Jornada: ser miembros vivos y responsables en la Iglesia y en este momento de nuestra historia nos está pidiendo un compromiso serio y auténtico con nuestra identidad de seguidores de Jesús así como con la misión que el Señor nos ha confiado de ser testigos suyos donde quiera que nos encontremos y con quien quiera que vivamos.

Todo bautizado, por el hecho de serlo, debe ser fiel a un doble compromisoser discípulo y ser misioneroSer discípulo significa encarnar en nuestra vida el estilo de vida que Jesús nos propone en el Evangelio, exigencia que nos viene reclamada por nuestra condición de bautizados. Hoy, además, este mundo increyente, que ha desechado a Dios de su vida, está reclamando de nosotros una coherencia y una autenticidad de vida según la cual vivamos lo que decimos que somos.

La celebración de la Jornada de la Iglesia diocesana nos urge a revisar nuestra identidad de discípulos y seguidores de Jesús pues, a veces, podemos dar la impresión de que teóricamente queremos vivir como discípulos de Jesús pero, en la vida de cada día, no dejamos de seguir las llamadas del mundo; no podemos querer ser cristianos y, al mismo tiempo, ser uno más del mundo llegando a no distinguirnos de los que no creen. Esta Jornada nos recuerda nuestra identidad de bautizados y nos llama a renovar cada día más auténticamente dicha condición de seguidores de Jesús.

Del mismo modo, nos llama a actualizar la conciencia de que somos misioneros:misioneros no sólo en tierras lejanas como los que han dejado patria y familia para anunciar el Evangelio; a nosotros se nos pide que seamos misioneros en nuestros propios ambientes, en nuestra comunidad cristiana, en nuestro pueblo, en nuestra familia, en todos los momentos de nuestra vida. Todos, por el hecho de ser bautizados, debemos sentirnos responsables de la evangelización del mundo; un mundo que, para cada uno de nosotros, es el ámbito en el que nos movemos y al que pertenecemos: nuestra ciudad o nuestro pueblo, los vecinos, los amigos, los compañeros de trabajo, nuestra familia. Es a ellos a los que debemos llevar el mensaje del Señor, haciendo brillar ante ellos la luz del Evangelio a través de nuestro testimonio de vida para que «viendo vuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre que está el cielo» (Mt 5, 16).

La misión que el Señor ha confiado a su Iglesia (por medio de nuestra Diócesis y de cada uno de nosotros) es ser sus testigos y llevar el mensaje salvador de Cristo al corazón del mundocomo insistía el beato Juan Pablo II. Ser, por tanto, auténticos discípulos de Cristo y alegres misioneros entre nuestras gentes son las dos llamadas que recibimos al celebrar la Jornada de la Iglesia diocesana.

Colaboremos con nuestra limosna para que la Diócesis pueda disponer de los medios necesarios para ayudarnos a todos a cumplir con nuestra misión pero no nos conformemos sólo con ello: sintamos la llamada del Señor que nos invita a renovar nuestra fe y a tomar en serio la misión de llevar a la humanidad a Dios y a Dios al corazón de la humanidad. Que el Señor nos ayude con su gracia a lograrlo. ¡Feliz Jornada de la Iglesia diocesana!

Vuestro Obispo,

+ Gerardo Melgar

Obispo de Osma-Soria

 

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.