LA IGLESIA CON TODOS, LA IGLESIA AL SERVICIO DE TODOS (Día de la Iglesia Diocesana)

Mons. Pérez GonzálezMons. Francisco Pérez    A punto de finalizar el año de la fe llega la celebración del “Día de la Iglesia Diocesana”. Durante este año hemos atravesado el portal de la fe profesando y desgranando reflexiones sobre todos y cada uno de los artículos del credo con una especial conciencia, sabiendo en quien creemos y haciéndolo con la mente, el corazón y la coherencia de la vida. De esta forma se ha podido cumplir el deseo, del emérito papa Benedicto XVI, cuando promulgó este año para “redescubrir el camino de la fe, para iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo” (PF 2)

Precisamente el “Día de la Iglesia Diocesana” se enmarca dentro de estas intenciones proponiéndonos un acto de fe en la Iglesia que, como decimos en el credo, es una, santa, católica y apostólica. La clave fundamental y la expresión más hermosa, más repetida y entrañable para profesar estas notas fundamentales de la Iglesia es la de “madre Iglesia”. Por eso el Papa Francisco ha insistido últimamente en esta adecuada expresión para que por encima de todo “veamos en la Iglesia una madre buena y comprensiva» (Audiencia general (8-IX-13).

La Iglesia está abierta a todos los pueblos de la tierra para anunciarles la buena noticia del Evangelio. Tiene vocación universal, es decir, católica. El lema de este año expresa esta catolicidad: “LA IGLESIA CON TODOS, AL SERVICIO DE TODOS”. En efecto, las últimas palabras de Jesús antes de ascender al cielo constituyen su encargo más importante, son su testamento: “Id y bautizad a todas las gentes…” (Mt 28, 19) y “hasta los confines de la tierra” (Hch 1,8).

El primer Concilio de Jerusalén indicó que para Dios no hay acepción de personas y que la vocación de la Iglesia es ser universal. Y el Concilio Vaticano II indica que todos los hombres están invitados a formar parte del Pueblo de Dios. “Gracias a este carácter, la Iglesia Católica tiende siempre y eficazmente a reunir a la humanidad entera con todos sus valores bajo Cristo como Cabeza, en la unidad de su Espíritu” (LG 13).

La Iglesia está con todos, no excluye a nadie; camina con la humanidad a la que ofrece la salvación que nos trajo Cristo. No es un grupo de unos pocos elegidos sino que se dirige a todas las personas y proclama el evangelio al mundo entero. En ella somos acogidos con la bondad de la madre que ama a todos sus hijos.  La Iglesia está al servicio de la humanidad. Pero, como Jesús, tiene una especial predilección por los sencillos, los humildes, los más necesitados, pecadores y enfermos a quienes ofrece la caridad que el mismo Jesucristo nos regaló y nos invitó a vivir.

La Iglesia universal con todos sus dones y cualidades se hace presente en las diócesis y en las parroquias ofreciendo la gracia de Dios a través de los sacramentos y socorriendo las necesidades de los hermanos necesitados. Cada año celebramos este “Día de la Iglesia Diocesana” para dar gracias a  Dios por pertenecer a ella y para ayudarla en sus necesidades.

La Iglesia no tiene su base en las  estructuras e instituciones organizativas, ni en las frías piedras, sino en cada persona con un palpitar al unísono con la fe, la esperanza y el amor. Los bautizados tenemos conciencia de que todos formamos la Iglesia y tomamos parte en su misión. Lo que realiza la Iglesia es obra del Espíritu Santo y cooperación nuestra. Por eso debemos estar felices de participar en las incontables obras buenas que la Iglesia realiza y ayudarla para que pueda multiplicarlas.

Sabemos que muchas veces no damos la talla pues nuestras deficiencias e incluso nuestros pecados son expresión de la falta de amor. No hay otra medicina que la misericordia que procede del mismo Señor al que acudimos con su presencia viva en los sacramentos que sanan y curan las heridas de nosotros peregrinos caminando hacia la Casa del Padre. La Iglesia es santa porque su garantía es Jesucristo y es pecadora porque nosotros, sus miembros, estamos aún bajo el peso de la debilidad, fragilidad y pecado. Pero al final sólo vence la salvación en Cristo.

María, madre solícita, es primicia, prototipo y profecía  de lo que ha de ser la madre Iglesia “con todos sus hijos y al servicio de todos”. Que ella nos acompañe y nos haga hijos agradecidos y generosos.

+Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Tudela

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Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).