Algunas urgencias de Europa

Gil_HellinMons.  Francisco Gil Hellín    En una reciente entrevista al director de un periódico italiano decía el Papa Francisco: “Los más graves males que afligen al mundo en estos años son: la desocupación de los jóvenes y la soledad en la que son abandonados los viejos. Los viejos necesitan cuidado, compañía; los jóvenes, trabajo y esperanza, pero no tienen ni lo uno ni lo otro, y el problema es que no lo encuentran más. Están aplastados por el presente. Dígame usted: ¿se puede vivir aplastado por el presente? ¿Es posible continuar así?” Y concluía: “Esto, creo es el problema más urgente que la Iglesia tiene delante”.

No es la primera vez que el Papa se refiere a esta angustiosa situación que toca a incontables jóvenes y ancianos. Sin ir más lejos, sobre la tragedia del paro juvenil volvió en su visita a Lampedusa, en la cual denunció con voz de profeta la terrible realidad en que se encuentran tantísimos emigrantes y refugiados.

Quizás haya sido el viaje a Río de Janeiro, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, donde el Papa ha puesto el dedo en la llaga con más fuerza y clarividencia. Allí, dirigiéndose a muchos miles de jóvenes argentinos desplazados para acompañarle, les dijo: “Esta civilización mundial se pasó de rosca, porque es tal el culto que ha hecho al dios dinero, que estamos presenciando una filosofía y una praxis de exclusión de los dos polos de la vida que son la promesa de los pueblos: los ancianos y los jóvenes”.

Esto tiene plena vigencia en Europa donde se cuentan por millones los jóvenes que no encuentran trabajo o lo encuentran de forma absolutamente precaria; y, donde el problema de los ancianos es particularmente agudo. Algunos Parlamentos ya han levantado sus voces contra el gasto que supone la atención a los ancianos. Naciones como Bélgica tienen ya el dos por ciento de la población muriendo por la eutanasia, y se está luchando para ampliar la capacidad de provocar la muerte desde la niñez hasta la ancianidad. En Francia, el presidente Hollande parece dispuesto a reformar la ponderada ley Leonetti, de 2005, sobre el fin de la vida.

Reflexionando sobre éstos y otros fenómenos de Europa me viene a la mente pensar si habrá alguna potencia económica, cultural o política –o todo ello juntamente- que esté empeñada en hundir a Europa, donde el cristianismo ha arraigado y penetrado profundamente en la cultura, mostrando con hechos las altísimas cotas a las que se puede llegar en literatura, arquitectura, pintura, música, libertad, reconocimiento de la dignidad de la persona si se pone a Dios en el centro de la vida familiar, profesional y social. Cada día se hacen más fuertes mis dudas en ese sentido, al comprobar la agresividad con que actúan algunos y la pasividad que adoptan quienes deberían reaccionar ante estos elementos disolventes. Hasta tal punto que me pregunto: ¿Tendrán estos tales las manos atadas por fuerzas invisibles pero poderosísimas, que buscan destruir los cimientos de la sociedad occidental e implantar unos modelos de convivencia en los que los individuos estén cada vez más narcotizados, cultural y moralmente, y, por ello, sean cada vez más manipulables y fáciles de manejar?

Ante esta situación nada más estéril que lamentarse y arrugarse. Me parece que la única postura digna y eficaz es la que indican estas palabras del Papa en Río: “Jóvenes: tenéis que salir a luchar por los valores; ancianos, abrid la boca y enseñadnos, trasmitidnos la sabiduría de los pueblos. Sabed que, en este momento, los jóvenes y los ancianos están condenados al mismo destino: la exclusión. No os dejéis excluir”.

Jesucristo dio a los cristianos la misión de ser “luz del mundo y sal de la tierra”. Ser cristiano no es una broma. Es, más bien, un desafío apasionante: ser fermento en una masa informe y convertirla en pan tierno y sabroso.

+Francisco Gil Hellín

Arzobispo de Burgos

 

Mons. Francisco Gil Hellín
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Mons. D. Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Realizó sus Estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Diocesano de Murcia entre 1957-1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma entre 1966-1968. Además, estudió Teología Moral en la Pontificia Academia S. Alfonso de Roma entre los años 1969-1970. Es Doctor en Teológía por la Universidad de Navarra en 1975. CARGOS PASTORALES Ejerció de Canónigo Penitenciario en Albacete entre 1972-1975 y en Valencia de 1975-1988. Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede de 1985 a 1996. Fue Vicedirector del Instituto de Totana, Murcia entre 1964-1966 y profesor de Teología en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1975-1985). También en el Istituto Juan PAblo II para EStudios sobre el Matrimonio y Familia (Roma, 1985-1997) y en el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz en Roma (1986-1997). Juan Pablo II le nombraría despues Secretario del Dicasterio de 1996 a 2002. Fue nombrado Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos el 28 de marzo de 2002, dejando su cargo en la Santa Sede, y llamado a ser miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia desde entonces. El papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Burgos el 30 de octubre de 2015, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 28 de noviembre de 2015. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida desde el año 2002. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Burgos desde 2011 hasta 2015. Además fue miembro de la Comisión Episcopal del Clero de 2002 a 2005.