Iglesia de mártires

Mons. José Leonardo LemosMons. J. Leonardo Lemos     Sólo a la luz de la fe –Lumen fidei- la Iglesia se convierte en Iglesia de mártires, de ahí que los testigos valientes de Jesucristo, tanto los de los primeros siglos del  cristianismo como los del siglo XX en España, así como aquellos que día tras día, en  cualquier lugar de este mundo, dan la vida por Jesucristo, deben ser para todos los hijos de la Iglesia un testimonio vivo y creíble de la fe.

A pesar del escándalo farisaico de algunos y de las interpretaciones ideológicas de otros, la Iglesia en España quiere ser fiel a la memoria de sus mejores hijos. Seríamos unos desagradecidos si tanta grandeza de ánimo quedase reducida al recuerdo de unos cuantos: la familia o la congregación religiosa de los mártires. Toda comunidad viva que se precie, reflexionando sobre su pasado, no para generar rencores ni desempolvar viejas rencillas y enfrentamientos fraticidas, se podrá proyectar hacia el futuro con esperanza a pesar de las tribulaciones del presente si es fiel a sus raíces históricas y, a su vez, confía en la providencia amorosa de Dios. Conocer y valorar la generosidad heroica de tantos hermanos nuestros, frágiles, pequeños y pobres como nosotros, pero que dejándose animar por el Espíritu se convirtieron en los mártires del siglo XX en España, nos ayuda a fortalecer nuestro compromiso cristiano y a ser valientes testigos de la fe y de la misericordia, pues la fe de los mártires en el Dios cercano, que en Jesús nos mostró su rostro de amor, es la garantía de una esperanza segura, para el mundo entero, garantía de un futuro de reconciliación, justicia y paz1.

Hemos de agradecer a Dios el testimonio valiente de tantos de los nuestros hermanos y hermanas. Fue el beato Juan Pablo II, en vísperas del Gran Jubileo del año 2000, el que abrió esa posibilidad para la Iglesia en España. Con la fuerza de sus palabras decía: En nuestro siglo han vuelto los mártires, con frecuencia desconocidos,
casi “militi ignoti” de la gran causa de Dios. En la medida de lo posible no deben perderse en la Iglesia sus testimonios…Es preciso que las Iglesias locales hagan lo posible por no perder el recuerdo de quienes han sufrido el martirio, recogiendo para ello la documentación necesaria2. A partir de entonces, venciendo las reticencias de lo políticamente correcto, tanto las Diócesis como las congregaciones y los institutos de
vida consagrada recogieron los testimonios y los datos de varios millares de personas.

Con toda esa documentación, en ocasiones acompañada del testimonio de algunos de los implicados en los actos martiriales, llegaron a su feliz conclusión y, en 1987 tuvo lugar en Roma la primera beatificación de tres monjas mártires –las Carmelitas de Guadalajara-; desde ese año podemos decir que entre 1987 y 2005 fueron beatificados 498 mártires, algunos de ellos ya canonizados, como los nueve santos mártires de Turón, (Asturias) todos Hermanos de La Salle; un religioso Pasionista, mártir en Tarragona y una religiosa de la Compañía de Santa Teresa de Jesús de Barcelona; como queda dicho, todos ellos fueron canonizados el 21 de noviembre de 1999, en Roma. En el año 2007, Benedicto XVI beatificó en Roma otros 498 mártires de la persecución religiosa en España. Entre el 2010 y el 2011 fueron beatificados en Mataró (Barcelona) y en Madrid, 24 mártires. El pasado domingo, 13 de octubre, en Tarragona –tierra de mártires de los primeros siglos del cristianismo-, se realizó otra magna beatificación de 522 mártires, nacidos en distintos lugares, entre ellos cinco de la diócesis de Ourense.

Nuestras tierras han sido fecundas por la fidelidad de tantos de sus hijos a lo largo de su historia. La Iglesia particular, que peregrina en la fe, de una antiquísima tradición cristiana, recuerda con numerosas fiestas a sus hijos e hijas, comenzando por Santa Marina, San Francisco Blanco, los mártires beatificados anteriormente por Benedicto XVI en el año 2007, y ahora por los cinco beatos-mártires nacidos y bautizados en diferentes parroquias de nuestra Diócesis:

Fray Antonio González Penín, Mercedario. Nació el 1 de marzo de 1864 en San Salvador de Rabal (Celanova). Fue un religioso de vida muy sencilla que sirvió al Señor, en los hermanos de las comunidades en las que estuvo destinado, a través de una ocupación muy sencilla: fue Hermano cocinero. Le martirizaron el día 10 de agosto, a las cinco de la mañana, en Barcelona.

Hermana Carmen Rodríguez Barazal, Hija de la Caridad de San Vicente de Paúl, nació el 26 de marzo de 1877 en la parroquia de San Cristóbal de Cea. Sus padres, a pesar de ser hija única acogieron con auténtico espíritu cristiano su vocación religiosa y la apoyaron, estivo destinada en Santiago de Compostela, Coruña, Zamora, de nuevo en Santiago y, de allí pasó al Colegio asilo de Bétera en Valencia. Fue superiora de aquella
comunidad y en septiembre de 1935, con 59 años de edad, fue martirizada junto con otras compañeras en Picadero de Paterna, Valencia.

Fray Ramón Mª Pérez Sousa, Carmelita, nació el 1 de agosto de 1903 en San Miguel de Feás (Calvos de Randín), en una familia muy pobre. Hizo su profesión religiosa el 11 de diciembre de 1935 en Jerez de la Frontera (Cádiz). Fue destinado a Montoro (Córdoba). A primeras horas del día 22 de julio de 1936, después de haber sufrido burlas dolorosas por su condición religiosa, él y tres compañeros cayeron
mártires de la fe. Contaba 32 años de edad.

P. Ricardo Atanes Castro, Congregación de la Misión (Padres Paúles), nació el 5 de agosto de 1875 en Cualedro. Ya desde su época de formación sus propios compañeros afirmaban que era un verdadero místico. Fue ordenado sacerdote el 27 de mayo de 1899 y, en octubre de ese mismo años le destinaron a México, más tarde a los Estados Unidos, regresó a España y estuvo en la residencia de Ourense, de ahí pasó a Gijón. Al poco tiempo de estar en aquella localidad escribió una carta a su familia en la que decía: Hasta los niños, cuando salen de los colegios, se meten con nosotros; (…)

Estamos al servicio del Señor. Que disponga de nosotros según Él tenga determinado.

Al P. Atanes lo prendieron por ser sacerdote, después de haberle tratado violentamente, murió como mártir de Jesucristo el día 14 de agosto de 1936. Tenía 61 años.

Hno. Narciso Pascual Pascual, Congregación de la Misión (Padres Paúles), nació el 11 de agosto de 1917 en la parroquia de Santa María de Tioira (Maceda). A los 14 años entro en la escuela apostólica que los padres Paúles tenían en el cercano santuario de Os Milagros. Hechos los votos religiosos fue destinado a Cuenca y Guadalajara. estando en esta ciudad, en la noche del 2 de mayo de 1936, intuyendo la proximidad de
su muerte, escribió a sus padres una carta –hermosa reliquia que su hermano el P. Pedro Pascual del Santuario de Os Milagros puso en mis manos -, en ella les decía: Supongo que no pasará nada. Pero si llega a pasar, Vds. no tengan pena, pues yo, si me matan, muero por Cristo. Al Hno. Narciso, con solo 19 años, y a otros compañeros de su comunidad, fueron fusilados el día 6 de diciembre de 1936 y sus cuerpos fueron
convertidos en cenizas.

He podido leer las breves semblanzas biográficas de algunos de estos mártires, de manera especial las de los hijos de esta Iglesia ourensana, realizadas por el prof. Hernández Figueiredo para ser publicadas en Comunidade. Al leer estos testimonios, uno siente que se le estremece el corazón ante tanto heroísmo. La fortaleza en la fe de estos hombres y mujeres, la mayor parte muy jóvenes, nos conmueve y sacude los resortes de nuestra vida cristiana tan tibia y aburguesada. Nos damos cuenta de que por la fe, los mártires entregaron su vida como testimonio de la verdad del Evangelio, que los había transformado y hecho capaces de llegar hasta el mayor don del amor, con el perdón de sus perseguidores3.

Sólo a la luz de la fe se entienden estos comportamientos heroicos. Las páginas de sus vidas están impresas con sangre pero, sobre todo, con amor y perdón. Sabían que morían, no por una causa política ni sacrificándose por los ídolos del momento, sino ofreciéndose a Aquél que ilumina toda la realidad, incluso la muerte. Murieron por Cristo, “el verdadero Sol”, cuyos rayos son de vida y abren un vasto horizonte de esperanza desde la fe4.

Este buen número de hermanas y hermanos nuestros se dejaron ganar el corazón por Cristo, el crucificado-resucitado, el Dios de la Vida y, a pesar de las dramáticas situaciones que vivieron, de las afrentas y ultrajes recibidos por ser seguidores de Jesucristo, ganaron la palma del martirio. Muchos de ellos lo hicieron invocando a Jesucristo Rey y Señor del Universo y todos murieron perdonando a los que, dejándose llevar por el fanatismo, la mentira y el odio provocado por los enemigos de la libertad del ser humano ejecutaron una sentencia que exaltó a los débiles y confundió a los poderosos de este mundo. Los mártires no lo son de la guerra fratricida habida en nuestro país entre 1936 al 1939. No fueron conducidos a la muerte por ser de uno u otro bando, sino por ser religiosos, ser sacerdotes y obispos, por ser laicos comprometidos, por ser católicos, por creer en Dios. Y por esta causa sufrieron el martirio. Sería aconsejable que nuestros jóvenes, y menos jóvenes, leyesen los relatos de estos martirios; en algunos casos realizados por los testigos presenciales que participaron, directa o indirectamente en ellos y, con el testimonio de estos santos y beatos, se convirtieron.

En nuestra Diócesis queremos dar gracias a Dios por el evento que ha tenido lugar en Tarragona, por eso ruego a todos los hijos e hijas de esta Iglesia de Ourense que nos preparemos para celebrar bien esa Misa de acción de gracias del próximo día 26 de octubre en la Iglesia Catedral de San Martiño; es un acontecimiento eclesial que nos afecta a todos, no solo a los miembros de sus familias religiosas, y debemos vivirlo como una expresión de fe. A los beatos mártires de la Iglesia en España en el siglo XX encomiendo todas las tareas y proyectos pastorales para el nuevo curso y os animo a todos para que, a una con vuestro Obispo, roguéis a Dios, por medio de este buen grupo de cristianos victoriosos, para que ayuden a nuestra Diócesis. Me gustaría poder erigir, en uno de los barrios de la ciudad de Ourense, una nueva parroquia dedicada a estos santos mártires, con el fin de hacer más cercano el rostro de la Iglesia y más efectivo ese proyecto de nueva evangelización. Os ruego que apoyéis este proyecto con vuestras oraciones y con vuestras limosnas. Sé muy bien que estos momentos son difíciles para enfrentarnos a esta realidad pero, bien es cierto que a pesar de las graves circunstancias en las que nos encontramos es necesario soñar para que los planes de Dios a favor del hombre se conviertan, como siempre, en cauce de auténtico progreso, de paz, de amor y de esperanza. Allí donde se levanta un templo para gloria de Dios, allí se van realizando los grandes y pequeños prodigios de amor. No olvidemos que cuando la fe se apaga, se corre el riesgo de que los fundamentos se debiliten con ella5.

Que el testimonio vivo de los Santos y Beatos Mártires del siglo XX en España nos ayude a ser valientes como ellos, nos haga intrépidos en nuestras propuestas evangélicas que puedan iluminar la existencia de tantos hermanos que, sintiéndose lejos de la Iglesia, necesitan que la Madre Iglesia se acerca a ellos para hacer que la luz de la fe ilumine su existencia y los llene de esperanza.

+J. Leonardo Lemos Montanet
Obispo de Ourense
1BENEDICTO XVI, Audiencia General (1- 4- 2009).
2JUAN PABLO II, Carta apostólica Tertio Millennio Adveniente, nº 37

3BENEDICTO XVI, Carta apostólica Porta fidei, nº 13
4Cf. FRANCISCO, Carta encíclica Lumen fidei, nº 1

Mons. José Leonardo Lemos Montanet
Acerca de Mons. José Leonardo Lemos Montanet 60 Articles
Mons. J. Leonardo Lemos Montanet nació el 31 de mayo de 1953 en la parroquia de Santiago de Barallobre, ayuntamiento de Fene, provincia de Coruña y diócesis de Santiago de Compostela. A los 9 años se traslada con su familia a Ferrol, por destino de su padre, donde realiza los estudios hasta el bachillerato superior. Cursó el COU en el Instituto Xelmírez de Santiago de Compostela al tiempo que realizaba el propedéutico en el Seminario Mayor. Cursará los Estudios Eclesiásticos, siendo ordenado Diácono en el año 1978. En septiembre de ese mismo año será nombrado Formador en el Seminario Menor Diocesano de la Asunción. Desde este momento es socio de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. El 19 de mayo de 1979 será ordenado Sacerdote al servicio de la Archidiócesis de Santiago de Compostela por el arzobispo D. Ángel Suquía Goicoechea. Continuó como Formador del Seminario Menor, al tiempo que colaboraba los fines de semana en la parroquia de Nuestra Señora de la Merced de Conxo (Santiago), hasta septiembre de 1982 en que es enviado a Roma para ampliar estudios. Allí obtendrá la licenciatura en Filosofía Teorética por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y las diplomaturas de Arqueología Sagrada, Archivística y Biblioteconomía. Más tarde, obtiene el doctorado en Filosofía por la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Roma, en junio de 1987, con la tesis Lo que llamamos ser humano. Ensayo sobre la antropo-ontología de Ángel Amor Ruibal. En el curso 1985-1986 empezará su actividad docente como profesor de Filosofía en el Instituto Teológico Compostelano y en el Seminario Menor de la Asunción, hasta la actualidad. Entre 1986 y 1988 ejercerá de capellán de la Residencia Universitaria Cristo Rey en Santiago de Compostela y profesor de religión en el Chester College International School. Desde septiembre de 1988 hasta junio de 2001 será Formador en el Seminario Mayor de Santiago de Compostela, labor que compaginará como sacerdote adscrito de la parroquia de S. Fernando, desde 1987 hasta la actualidad. Tras su etapa en el Seminario Mayor es nombrado Director Técnico del Seminario Menor Diocesano en el año 2001, cargo que desempeña en estos momentos. En el Instituto Teológico Compostelano, Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, desempeñará el cargo de Vicedirector desde 2007 hasta la actualidad, Director de la Biblioteca de Estudio Teolóxicos de Galicia, desde 1993 hasta 2007 y Director del Instituto Superior Compostelano de Ciencias Religiosas desde 2006. En diciembre de 2003 será nombrado por el Arzobispo de Santiago, D. Julián Barrio Barrio, Canónigo de la Catedral de Santiago de Compostela, ocupando el oficio de Canónigo-Secretario Capitular de la misma. El 16 de diciembre de 2011 la Santa Sede hizo público que S. S. Benedicto XVI lo ha nombrado nuevo obispo de Ourense.