Mons. Julián Barrio ” La sociedad nos está exigiendo nuevos y renovados impulsos para llevar a cabo la ineludible tarea de la evangelización”

mons_julian_barrioEl Sínodo diocesano que se está llevando a cabo en la diócesis de Santiago de Compostela y la renovación pastoral así como proyectos interdiocesanos como el Curso de Formación en Matrimonio y Familia, impulsado por todas las diócesis gallegas centran esta segunda parte de la entrevista que Agencia SIC ha realizado a Mons. Julián Barrio Barrio, Arzobispo de Santiago de Compostela.

P.- La diócesis se encuentra, desde 2012, inmersa en el Sínodo Diocesano “Renovarnos desde Cristo, caminando en comunión” a partir del cual, se está llevando a cabo una profunda reflexión sobre la realidad de la diócesis y su renovación ¿Cómo se está desarrollando este Sínodo? ¿Cuáles fueron los motivos que impulsaron este programa?

[pullquote]Cuando convoqué el Sínodo Diocesano era consciente del reto al que nos íbamos a enfrentar, pero también era sabedor de la necesidad de este paso, porque la sociedad en la que vivimos nos está exigiendo nuevos y renovados impulsos para llevar a cabo la ineludible tarea de la evangelización[/pullquote]

R.-Hace más de cien años que nuestra Iglesia de Santiago no se proponía un objetivo de esta naturaleza. Cuando convoqué el Sínodo Diocesano era consciente del reto al que nos íbamos a enfrentar, pero también era sabedor de la necesidad de este paso, porque la sociedad en la que vivimos nos está exigiendo nuevos y renovados impulsos para llevar a cabo la ineludible tarea de la evangelización. Mi propósito con este Sínodo es  afianzar y robustecer, plantar nueva semilla, pero también transformar. No podemos echar vino nuevo en odres viejos. Es momento de arriesgarse en una nueva imaginación de nuestra fe, de nuestra esperanza y de nuestra caridad. Partimos de la tradición viva de la Iglesia, del mismo Cristo, y lo que siempre ha dado sentido a cuanto hemos hecho no ha cambiado: el Evangelio, la Palabra del Resucitado. No se trata de cambiar por cambiar, sino de modificar y renovar todo aquello que nos lleve a un testimonio vivencial en nuestra Iglesia diocesana.

Hace un año, en la Carta Pastoral de convocatoria del Sínodo, escribí que llamaba a todos a “vivir una experiencia nueva de comunión, poniéndonos en camino para hacer realidad entre nosotros la urgencia de la Nueva Evangelización en el aquí y ahora de nuestra Diócesis. A tan apasionante tarea os convoco con profunda alegría y renovada esperanza”. Ahora estoy convencido de que nos encontramos ante una oportunidad de gracia. Sé que hay familias que rezan todas las noches la oración de nuestro Sínodo, que en muchas parroquias hay una gran sensibilización por poder participar, que las comisiones encargadas de redactar los primeros documentos trabajan a buen ritmo y que, en definitiva, este delicado y complejo proceso es ya una realidad.

[pullquote]. La renovación de la Archidiócesis será difícil si no experimentamos personalmente la renovación y conversión de nuestro corazón[/pullquote]

Y hay una dimensión absolutamente fundante en este caminar: es la personal, la tarea que cada uno de los diocesanos tenemos que hacer para dejarnos, de nuevo, enamorar por Jesús, por el Señor. La renovación de la Archidiócesis será difícil si no experimentamos personalmente la renovación y conversión de nuestro corazón. Tenemos que salir de nosotros mismos, hacer una experiencia de camino, de éxodo, para encontrarnos con el rostro de Dios en Cristo. Sólo de esa manera viviremos también la profunda eclesialidad de este Sínodo: convertirnos para ayudar a convertirse al hermano y, en comunión, renovar esta Iglesia diocesana.

Tras el proceso de sensibilización realizado en los últimos meses, la Comisión General del Sínodo  ha agrupado los temas a tratar en cinco grandes áreas: “Vivencia y transmisión de la fe”; “Celebración de la fe”; “La comunión cristiana”; “Iglesia y sociedad”; y “Revisión de las estructuras pastorales de la diócesis”. Creo que es una temática amplia y que refleja las preocupaciones pastorales de nuestra Diócesis. Vamos a seguir trabajando y a pedir que el Espíritu nos siga iluminando en este caminar que busca, sobre todo, poner a Cristo en el centro de nuestras vidas.

P.-Hace pocas semanas las diócesis gallegas lanzaban, de manera conjunta, el Curso de Formación en Matrimonio y Familia, un curso que pretende contribuir a que las familias vivan plenamente su vocación representa la mayor acción evangelizadora que la Iglesia puede realizar en la actualidad en las sociedades europeas. ¿Por qué nació este CFMF? ¿Cuáles son los retos de la Iglesia ante la situación de las familias hoy?

[pullquote]El Curso de Formación en Matrimonio y Familia es un proyecto ilusionante y que pone de manifiesto que a la Iglesia que peregrina en Galicia le preocupa, y mucho, el futuro de la familia [/pullquote]

R.-Estamos ante una iniciativa que nace con vocación de prestar un servicio interdiocesano. Es un proyecto ilusionante y que pone de manifiesto que a la Iglesia que peregrina en Galicia le preocupa, y mucho, el futuro de la familia como célula imprescindible de una organización social estable y expresión de la vocación de los esposos al amor que engendra vida. Todo lo que se haga para difundir la verdad de Dios sobre el amor humano es importantísimo. Los obispos en Galicia saludamos con gozo esta iniciativa porque la profundización en la naturaleza del matrimonio y en la esencia de la familia son hoy día, diría yo, una obligación en medio de una cultura que minusvalora el compromiso esponsal y no hace justicia al papel educador de la unidad familiar.

Es en el ámbito de la familia donde se están planteando muchos de los debates sobre la vida de fe de los matrimonios y de sus hijos en una sociedad secularizada, porque vivir la fe en medio de un clima hostil es, muchas veces, un gesto de cierto heroísmo. De ahí la necesidad de contar con una sólida formación, empezando por una antropología que vuelva a situar a la persona, como imagen y semejanza de Dios, en el centro de atención. Proclamar y defender la dignidad de la persona, criatura del amor de Dios, es una exigencia para la Iglesia. Este Curso de Formación en Matrimonio y Familia es un intento de valorar ese inmenso tesoro del matrimonio, ofreciendo a los esposos, a los colaboradores en la Pastoral Familiar, a los catequistas de preparación al matrimonio, a los sacerdotes, y a todos los que estén interesados, un programa formativo que sirva, en el fondo, para dar razones de nuestra fe en Dios y en el designio de Dios sobre el hombre y la mujer que se unen, en su nombre, para formar los dos una sola carne.

P.-Usted es miembro de la Comisión ejecutiva de la conferencia episcopal y ha sido presidente  de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la Conferencia Episcopal Española y Presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, ¿cómo define el trabajo de estas comisiones?

R.-Estatutariamente las Comisiones Episcopales son órganos constituidos por la Conferencia al servicio de la Asamblea Plenaria para el estudio y el tratamiento de algunos problemas  en un campo determinado de la acción pastoral común de la Iglesia en España, en este caso en relación con los Seminarios y Universidades, y con el Apostolado Seglar. Por lo que se refiere al Comité Ejecutivo sus atribuciones entre otras son deliberar y resolver en su caso sobre asuntos de importancia pastoral para la vida de la Iglesia que, por su carácter urgente, requieren gestiones o decisiones concretas. El trabajo que se realiza tanto en las Comisiones Episcopales como en el Comité Ejecutivo, calificarlo de interesante podría parecer una obviedad.

[pullquote]El trabajo en la CEE me ha resultado un trabajo muy enriquecedor pastoralmente, compartiendo y contrastando pareceres y valoraciones, y tomando decisiones sobre los diferentes temas.[/pullquote]

A mí personalmente me ha resultado un trabajo muy enriquecedor pastoralmente, compartiendo y contrastando pareceres y valoraciones, y tomando decisiones sobre los diferentes temas. De alguna manera uno tiene la oportunidad de colaborar en los objetivos propios de estos órganos instituidos por la Conferencia Episcopal y junto con los demás miembros que forman parte de los mismos, ofrecer el servicio que la Conferencia Episcopal espera al encomendarnos.

(Mª José Atienza – Agencia SIC)

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