Con la mirada en el cielo

Mons. Jaume PujolMons. Jaume Pujol     Son muchos los artistas que han plasmado con sus pinceles la más grande de las esperanzas cristianas: habitar un día en la gloria de Dios para toda la eternidad. Recuerdo la impresión que me produjo contemplar en Roma la Gloria de Bernini en San Pedro, y por supuesto, la pintura de Miguel Ángel en el techo de la Capilla Sixtina. También en la Basílica del Pilar de Zaragoza, al levantar los ojos, uno se encuentra con el fresco de Goya titulado “La adoración del nombre de Dios”, más conocido por “la Gloria”.

Pensar en la vida eterna, para un cristiano, no es un ejercicio de espiritismo, ni entregarse a la ilusión de lo irreal en busca de un fácil consuelo. Es meditar las palabras de Jesucristo acerca de la vida futura de cada persona. Es tener en cuenta que, junto a nuestra realidad visible y finita, hay otra invisible, pero no por ello menos cierta. Nos falta la experiencia de ese momento, pero tenemos la palabra de Dios, creador y redentor, que no puede fallar y es más verdadera que todas nuestras certezas, que sin El no serían.

En los próximos días, de forma consecutiva, la Iglesia dedica dos celebraciones a esta creencia en la inmortalidad del alma: la fiesta de Todos Los Santos y el Día de Difuntos. La celebración de esta última festividad se remonta a mil años atrás. En aquella época la Abadía de Cluny había cobrado una importancia enorme. Se hallaba a la cabeza de más de 1.1000 monasterios benedictinos establecidos sobre todo en Europa Occidental. Recibía tantas peticiones de sufragios por los difuntos, costumbre de siempre en la Iglesia, que decidió establecer un Día de Difuntos en el que las misas y oraciones se ofrecerían por todos ellos en conjunto. El 2 de noviembre de 998 arrancó así una celebración que luego se extendió por toda la Iglesia.

En ese día rezamos y ofrecemos sufragios por nuestros familiares difuntos, hacia los que tenemos sentimientos de amor y gratitud. Y también elevamos oraciones, uniéndonos al sacrificio de Cristo que se renueva en cada misa, por todos, también por aquellos de quienes nadie se acuerda. Para que pronto estén en el Cielo, gozando de la presencia de Dios.

Antes, hemos celebrado la fiesta de Todos los Santos. Ahora levantamos nuestro pensamiento hacia quienes gozan ya de la gloria celestial. Algunos pocos son honrados públicamente por la Iglesia como beatos o como santos. La inmensa mayoría son santos anónimos, niños, jóvenes, personas maduras o ancianas, seglares, sacerdotes o religiosos que murieron, y en general vivieron, en gracia de Dios, fieles a su voluntad y haciendo de sus vidas un servicio a los demás.

Es una buena ocasión para que nos preguntemos si pensamos con frecuencia en el Cielo, en el sentido más profundo de la vida, en la gran esperanza de una felicidad que no tendrá fin.

+ Jaume Pujol Bacells

Arzobispo de Tarragona y primado

@PujolJaume

Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.